Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 45
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Capítulo 45

Ivy

Unos brazos fuertes y cálidos se enroscan alrededor de mi cintura y pegan mi espalda contra un pecho duro.

Abro un ojo; aún está oscuro. Miro el reloj, que me confirma lo que ya sé: son las cuatro y media pasadas y Wade me atrae hacia él para darme su tradicional saludo de buenos días.

La aspereza de su barba me roza la piel cuando me besa el pelo y el hombro, y el tacto de sus labios me provoca escalofríos.

—Hostia, ojalá no les hubiera dicho que nos teníamos que reunir tan pronto —ruge contra mi piel y sonrío. La voz de Wade siempre es devastadoramente profunda y sexy, pero por las mañanas… Madre mía, está a otro nivel—. Duérmete otro rato. Voy a descargar con Dusty y Brent .

«Gracias a Dios». Estos últimos días, me tiene agotada. Nunca he sido de dormir hasta tarde, pero estoy aprovechando cada minuto que puedo para cerrar el ojo un poco más.

Sé que hoy le llega un pedido gigante de cercas para reemplazar las de una gran sección de la propiedad, así que puedo dormir otra horita sin problemas.

Me acurruco desnuda contra él y suspiro sin siquiera abrir los ojos.

—Pensaba que hoy no tenía tiempo para esto, señor Ashby —murmuro cuando siento su dureza contra mí.

—Joder… no lo tengo, no. Y hoy va a ser un día larguísimo sin ti —refunfuña contra mi piel. Eso es bastante inusual ya que no solemos estar el uno sin el otro más de treinta minutos al día.

—Hummm —ronroneo contra la almohada. La cama de Wade es la más grande y cómoda en la que he tenido el placer de dormir y siempre huele a su delicioso aroma.

—Tengo que dejar hechas todas las tareas por la mañana para poder reunirme con los chicos al mediodía e ir a lanzar hachas —me explica.

Asiento somnolienta.

Puede que la Navidad haya terminado, pero parece que siempre hay algo que celebrar en este rancho.

Hoy es la despedida de soltera de CeCe y me sorprende que no hayan cerrado el pueblo entero para celebrarla.

Wade ha quedado con Nash y Cole más tarde, y yo estaré trabajando con Rowan y Ángel antes de ir a la fiesta que van a hacer en la casa principal.

Como me desvelo un poco, restriego el culo contra él.

Wade gime contra mi hombro mientras lo cubre de besos. Este es mi momento favorito del día: acurrucada entre sus brazos fuertes justo antes del amanecer y con el corazón encogido ante tal avalancha de emociones. La eterna pregunta es: «¿Hasta cuándo va a durar esto?».

Me da una suave cachetada en el culo y gruñe.

—Tengo que estar allí a las cinco, Lianta, y lo sabes. Deja de ser tan descarada o me las vas a pagar. —Me da un último beso en el hombro y sale de la cama.

—Me muero de ganas, Jefe —murmuro.

Escucho los reconfortantes sonidos que hace Wade al moverse por la cabaña. Cuando la puerta principal se cierra, oigo que ha puesto la cafetera en marcha para que se vaya haciendo mi café y dejo que el sueño se apodere de mí durante treinta minutos más.

—¿Hay una hora exacta que se considere como «demasiado pronto para tomarse unas mimosas»? O sea, es una despedida de soltera y yo sigo soltera, así que podría tomarme alguna ahora, ¿no? —pregunta Olivia . Se encoge de hombros y duda si abrir una botella de Moët & Chandon a media mañana o no.

Ginger le arrebata la botella de las manos y se la pasa a Cole con una risita. Después, se coloca bien el pin de flores, que simboliza que es una de las damas de honor, que lleva sobre el pecho izquierdo.

—Ahora no es el momento para eso —suelta Cole al mismo tiempo que Ginger dice—: Nunca es demasiado pronto para eso.

Con una sonrisa en los labios, observo que ambos intercambian una mirada efímera. Segundos después, Cole hace una mueca y empieza a desenroscar el alambre del corcho. O Ginger es una experta fingiendo que no se da cuenta de cómo la mira o realmente no se entera de nada.

—Anda, préstanos un poco de tu fuerza antes de que te vayas, cariño —canturrea Ginger con una sonrisa dulce.

La mueca de Cole desaparece y sigue abriéndole la botella. Llego a la conclusión de que, sin duda, es una experta fingiendo.

El suave estallido del corcho resuena en el salón de la casa principal, la cual han convertido en una estancia rústica y de cuento de hadas para la despedida de soltera con temática invernal de CeCe .

Hay flores blancas por todas partes y sillones de color lila y menta en tonos pastel repartidos por la habitación.

Unos farolillos con cordeles decoran cada superficie plana y, aunque solo sean las once y media de la mañana, unas velas LED parpadean en su interior.

CeCe está revisando cada detalle con Jo .

Se mueven en sincronía mientras ríen y alinean cada copa para asegurarse de que la mesa con los postres está impecable.

La pastelería Spicer’s Sweets se ha superado.

La mesa está llena de magdalenas y bizcochos en forma de piruleta, y hay montones de frutas cubiertas de chocolate y de galletas.

Todo parece sacado del catálogo de una revista sobre la estética rústica perfecta.

—Es la novia más fácil de ayudar del mundo porque lo quiere planear absolutamente todo. — Olivia se inclina hacia mí con una risita y Nash traga saliva junto a ella.

—Y esto es solo el principio, amigo mío. — Cole le dedica una sonrisa burlona a Nash y le devuelve la botella abierta a Ginger— . Eres un mero espectador, tío, observa.

Nash abre los ojos de par en par, como si de verdad temiera lo que Cole está a punto de hacer.

—A Nash no le gusta dónde has puesto la mesa de los regalos. Cree que debería estar más cerca de la ventana, así que vamos a moverla —informa Cole a su hermana y se ríe.

CeCe se gira de inmediato para buscar con la mirada a Nash de entre nuestro pequeño grupo y entrecierra los ojos como si fuera a regañarlo. Nash levanta las manos antes de que pueda decir algo.

—Está bromeando, cariño. La mesa de los regalos está perfecta ahí. Jamás se me ocurriría moverla —exclama con rapidez y le da un capón a Cole en la nuca mientras este se ríe—. Joder, ¿quieres liármela o qué?

—Deberías haberte fugado —contesta Cole .

Suena el timbre y CeCe se acerca con una sonrisa de oreja a oreja para echar a los chicos del salón.

Es la personificación de la elegancia con su vestido blanco de lino sin tirantes que le llega hasta el suelo.

Es sofisticado y fluido. Creo que nunca la había visto tan guapa.

El resto llevamos vestidos en tonos pastel, tal y como nos pidió.

—Es nuestra señal para reunirnos con Wade —comenta Nash según se acerca a CeCe . Le da un beso en la cabeza y murmura algo que nadie más puede escuchar. La mirada que le lanza está llena de significado y rebosa amor.

—¡Es la hora! ¡Vamos, chicas! —anuncia Jo como si fuera Shania Twain en persona. Mueve las caderas y levanta los brazos cuando deja entrar a las primeras invitadas.

—Recordad que tenéis que volver a eso de las tres —ordena CeCe a Nash y Cole con un tono de voz que advierte claramente que no deben tocarle las narices a la novia.

—¿A qué hora? ¿A las siete? Entendido —bromea Cole al instante.

Ginger coge su gorra del sofá y se la estampa contra el pecho.

—No despiertes a la bestia nupcial y haz lo que se te dice —lo regaña.

—¿Necesitas desahogarte un poco, Bruja? ¿Dónde están tus modales? —se mofa Cole .

Ginger le lanza una mirada que grita claramente: «¡Estás acabado!» cuando Cole le tira de uno de sus rizos largos con suavidad y se pone la gorra. Su comportamiento es de lo más arrogante, pero algo me dice que sabe que jamás ganaría contra ella.

Mi teléfono se ilumina cuando me llega un mensaje de Wade .

Jefe: Solo quedan cinco horas para que estemos a solas. El día es una tortura sin ti, Lianta.

Ginger resopla a mi lado cuando ve el mensaje y mi sonrisa. Sus ojos de color chocolate brillan por nuestro pequeño secreto.

—Solo quiero saber por qué. Todos lo sabemos y todos somos adultos. —Me da un codazo y me mira con expectación. No puedo negarle que hay algo serio entre Wade y yo.

—No es ningún secreto, pero tengo la sensación de que todo se volverá real si mantenemos esa conversación y él se atreve a exponer su corazón.

¿Tiene sentido? Además, Wade valora mucho su privacidad.

Creo que nuestra idea inicial era… divertirnos, pero ahora…

no sé lo que somos. No sé qué decirte, la verdad.

La risa suave de Ginger es contagiosa y no puedo evitar devolverle la sonrisa.

—Mira, Janelle lo dejó hecho polvo. Le hizo mucho daño y lo abandonó cuando más la necesitaba —admite Ginger .

Asiento con la cabeza.

—Conozco esa sensación. Puede que sea por eso por lo que no he querido forzar esa conversación —le digo con sinceridad.

— Wade es reservado, siempre lo ha sido, pero la forma en que te mira… y la forma en que tú lo miras… Dios santo, tiene que ser pura pasión desenfrenada. Dime, ¿lo es? —pregunta con una sonrisa traviesa.

Se la devuelvo porque me encanta poder hablar con alguien sobre él sin ningún tipo de miedo.

—No había sentido tanto deseo y pasión en mi puta vida. Wade es… joder… no tengo palabras para describirlo —confieso con entusiasmo.

Ginger suelta un chillido de emoción y se inclina hacia mí para susurrarme al oído:

—Lo sabía. Es que lo juro por Dios, sabía que Wade era un depravado bajo esa máscara de seriedad que me lleva. ¿Sabes qué? Hay una antigua leyenda que dice que una vez que una mujer prueba a un ranchero mandón, ningún otro hombre podrá ocupar su lugar.

Suelto una carcajada.

—Empiezo a creérmelo.

—A ver, puede que solo os estuvierais divirtiendo hace unos meses, pero ahora que ya ha pasado esa fase, creo que deberíais hablarlo.

Wade Ashby no es de los que dejan entrar a la gente en su vida así como así, y si has conseguido pasar a formar parte de su círculo más cercano, yo me plantearía quedarme por aquí.

En otras palabras, vamos: ese hombre no va a permitir que te vayas del rancho.

Suelto un suspiro. Joer, qué bien sienta ser sincera.