Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 31
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Capítulo 31

Ivy

Tomo una cucharada de mi helado, que está bastante bueno para ser del servicio de habitaciones, pero es únicamente porque Wade fue a comprar nata montada y una bolsa de M si no puedes caminar, arrástrate; pero, hagas lo que hagas, tienes que seguir adelante».

El tatuaje me recuerda que soy fuerte y que debo seguir adelante pase lo que pase.

—Qué sexy, Dios. Son un blanco fácil para mis labios, mis dientes… —Me muerde debajo del omóplato, donde empiezan las enredaderas, y desliza un dedo hasta abajo, donde terminan—. Y para mi semen.

Gimo al escuchar sus palabras… Madre mía, cómo me ponen.

Me lame para quitarme la nata de la espalda.

Apenas me ha tocado y ya estoy desesperada porque necesito algún tipo de fricción y está presionando su dura polla contra mi culo y no puedo moverme.

Las piernas de Wade me mantienen inmovilizada, lo que hace que esté completamente a su merced.

No puedo evitar jadear cuando me recorre la espalda con los pulgares y estimula la piel a ambos lados de mi columna, pero quiero que me apriete aún más fuerte.

Llega a mi espalda baja y me clava los pulgares al agarrarme con fuerza.

Echo mi culo hacia atrás y me restriego contra él. Mi cuerpo le suplica por más.

Mueve sus enormes manos y me masajea las nalgas al tiempo que me separa aún más las piernas. Me recorre mi empapada abertura con un dedo y gimo. No es suficiente.

—Te he imaginado así desde el día en el que te conocí —admite.

Lo miro por encima del hombro a través del espejo. El baño se ha llenado de vapor por el agua que corre en la ducha tras nosotros. Wade flexiona los brazos cuando me agarra por las caderas y tira de mí hacia él.

Me lanza una mirada hambrienta y oscura; está tan guapo que duele hasta mirarlo.

Abre la boca para hablar y pienso que va a soltar alguna obscenidad, pero me sorprende al decir:

— Ivy , nunca había visto nada tan bonito como tú.

Eres como una obra de arte, una puta obra maestra.

—Sus palabras suenan casi dulces, pero acto seguido, me mete dos dedos con tanta fuerza que grito.

Me restriego contra ellos cuanto puedo mientras Wade me sostiene.

He dejado atrás la vergüenza; solo quiero correrme y este hombre es el único que puede hacer que lo consiga.

Pongo los ojos en blanco cuando coge el bote de nuevo y esparce más nata sobre la curva de mi culo y hacia abajo, de manera que se detiene justo antes de llegar a mi coño.

Sigo sin poder moverme y el borde del lavabo se me clava en los muslos, pero eso no es nada en comparación con el dolor que siento entre las piernas.

Wade me las abre de par en par y se deja caer de rodillas detrás de mí.

Hunde los dientes en mi piel y traza un camino con mordiscos por el interior de mi muslo.

El dolor hace que mi coño palpite todavía más.

Se acomoda y, un momento después, siento su lengua contra mi clítoris.

Intento apretar los muslos y empujar mi coño hacia su cara, pero me tiene inmovilizada en el sitio.

Dirige su boca hacia la nata, me lame un poco y suelto un grito.

—Mmm… el postre más delicioso del puto mundo —masculla mientras alterna entre mi coño y la nata montada.

No me limpia de una pasada, sino que se toma su tiempo.

Con pequeños movimientos de su lengua, me lame cada gota de cobertura azucarada y, cuando termina de quitarme toda la nata, estoy hecha un desastre: jadeo descontroladamente, me tiembla todo el cuerpo y estoy agarrada al mueble con tanta fuerza que se me han entumecido las manos.

Wade me rodea con los brazos y me agarra del cuello para levantarme la cabeza. Tiene la polla tan dura contra mi espalda que le ruego en gimoteos que me folle.

La media sonrisa burlona que me da a cambio es la de un hombre que tiene total control. Está en su elemento.

—Míranos. Mira qué mujer —ordena y me observa a través del espejo.

Contemplo el reflejo de la mujer que veo…

No parezco yo misma. Sus pechos se elevan con cada respiración y sus pezones duros ansían que los toquen.

Tiene los ojos entrecerrados y vidriosos, las mejillas sonrojadas, los labios entreabiertos al respirar con dificultad y su pelo está hecho un desastre.

Tiene un aspecto… sexy. Parece segura de sí misma y fuerte.

Deseable. Tiene todo el poder y ese pensamiento es demasiado excitante. Quiero ser ella más a menudo. Con él.

—Estás tan desesperada y me necesitas tanto…

Es una puta preciosidad de imagen —susurra Wade mientras deja un rastro de besos en mi hombro.

Luego vuelve a rodearme la cintura con las manos y me hace girar para que lo mire.

Me besa, me levanta con facilidad y empieza a caminar.

Al cabo de unos segundos, me deja bajo el chorro de agua caliente sin cortar el beso.

Jadeo cuando el agua tibia y el vapor me tocan la piel. Wade me pone la espalda contra la pared de azulejos de la ducha y, sin previo aviso, me penetra con fuerza. Abro los ojos de golpe e intento gritar, pero no emito ningún sonido. El agua me golpea las mejillas y lo rodeo con las piernas.

—Joder, Ivy . — Wade marca el ritmo y empieza a follarme duro y rápido—. Eres la puta perfección.

Dejo caer la cabeza sobre el hombro de Wade y él lleva su mano hacia mi nuca. Me agarra del pelo mojado con ella, se lo enrolla y tira de él para atraerme hacia su cuerpo. Me folla tan profundo, tan fuerte, que siento que me voy a correr ya sobre él.

—Qué buena chica. Me encanta que te entregues a mí y te deshagas de ese descaro —susurra contra mi hombro y sus palabras provocan algo en mí. Aparto la cara y lo beso en los labios.

—Fóllame tan fuerte como quieras, Wade , pero nunca me desharé de mi descaro —contesto sin aliento.

Apoyo las palmas de las manos contra la pared de la ducha y recupero el control de mi cuerpo.

Me separo un poco de él y me muevo a mi gusto, de forma que solo le doy lo que yo quiero.

Para mi sorpresa, se queda quieto. Me agarra las caderas según me recorre el cuerpo con las manos y, a continuación, hace algo inesperado.

Me cede el control.

Se adentra en mí bajo mi mando y me dice lo guapa que estoy mientras le cabalgo la polla y lo bien que lo acojo en mi interior.

Me susurra que mi coño fue hecho solo para él y cada palabra de elogio me acerca más al clímax.

Cada vez estoy más cerca del orgasmo, que se cuela en cada rincón, cada célula y cada terminación nerviosa. Todo mi cuerpo arde por Wade .

Justo cuando estoy a punto de llegar, me susurra:

—Córrete, Ivy . Córrete para mí. —Es una orden. Siento la lucha de poder entre nosotros, pero ambos sabemos que ninguno de los dos puede controlar esto.

La sensación es de otro mundo, divina. Clavo mi mirada en sus profundos ojos verdes, tan oscuros y salvajes, y lucho con todas mis fuerzas contra mi orgasmo.

—Oblígame —exijo con un gemido y él me gruñe y se hincha aún más dentro de mí.

Wade me rodea la garganta con la mano y tira de mi cara hacia adelante para que lo bese a la vez que gime mi nombre contra mis labios. Me deja sin aire por la fuerza con la que me agarra.

—Juro por Dios que te enviaron aquí para ponerme a prueba, Ivy . No tienes ni idea de cuánto tengo que contenerme para no perder el control mientras te corres sobre mi polla —declara en voz baja.

Me estremezco por completo y me quedo sin aliento, pero su mano me aprieta aún más. Empiezo a ver puntitos negros justo cuando acaba dentro de mí. Me dejo llevar.

Me corro con él y es el orgasmo más devastador que he tenido en la vida. En cuanto pongo los ojos en blanco y los cierro, me suelta la garganta para que pueda respirar con normalidad. Suelto el gemido que contuve debido a su agarre.

El agua cae sobre mis pestañas y Wade me atrae hacia él. Me rodea con los brazos y me abraza.

—A tomar por culo, he cambiado de opinión. No quiero que te deshagas de ese descaro tuyo, Lianta. Creo que es lo que más me gusta de ti.