Un Asesinato por Copa (Un Misterio de Nikki Sands 2) Capítulo Veinticinco
85%

Capítulo Veinticinco

—¿Tinto o blanco? —le preguntó Nikki a Isabel, ojeando la selección de vinos de Grapes, mientras Isabel preparaba la cena para ella misma, para Nikki y para Andrés, que, como de costumbre, andaba retrasado.

—Empecemos con champaña —respondió Isabel.

—Excelente idea —dijo Nikki—. ¿Esperamos a Andrés?

—Nah —dijeron las dos al mismo tiempo. Luego se rieron juntas.

—Extrañé muchísimo esto durante esta semana, que creí que no terminaría nunca —dijo Isabel.

—¿Qué cosa? ¿El vino?

—No. Reírme contigo, pensar las mismas cosas y tenerte aquí conmigo.

—Isabel metió al horno una bandeja de tostadas de gruyer con cebolla caramelizada y prosciutto—.

Y he extrañado esto. —Recorrió con la mirada su restaurante, que había cerrado por esa noche para que pudieran cenar en paz.

Los medios habían estado acosando a Isabel desde que salió en libertad el día anterior, pero Andrés había contratado a unos cuantos guardias de seguridad y los reporteros ya iban captando el mensaje, aunque las dos sabían que volverían.

Probablemente andaban ocupados investigando a Pamela y hablando con exmodelos de lencería para conseguir la verdadera primicia sobre Pamela Leiland.

O molestando a Carmen Ferrino, cosa que Nikki de verdad esperaba que no estuvieran haciendo, pero era inevitable.

Carmen no había tenido nada que ver con que Pamela asesinara a Susan.

Pamela supo, cuando la policía la detuvo y la interrogó, que estaba acabada.

Lo confesó todo, y además había quedado registrado en la practiquísima grabadora de Nikki.

Pamela admitió que el día que visitó a Carmen en la empresa de pesticidas consiguió unos momentos a solas en el almacén con el pretexto de que necesitaba ir al baño.

Fue entonces cuando pudo echarse el veneno al bolsillo.

—Y he extrañado cocinar, sobre todo para la gente que quiero.

—Debes de estar hablando de mí —dijo Andrés, entrando por la puerta principal. Se acercó a Isabel y la rodeó con los brazos—. Sé que te he visto un millón de veces desde ayer, pero no puedo dejar de abrazarte, hermanita. —Le besó la coronilla.

Nikki se secó unas lágrimas de alegría. Andrés se veía buenísimo. No había otra manera de pensarlo ni de decirlo. Había recuperado la chispa de vida en los ojos y la sonrisa en el rostro, y el amor que sentía por su hermana pequeña lo hacía hermoso.

Soltó a Isabel y extendió los brazos hacia Nikki, a quien atrajo hacia sí.

Mmm, y además olía rico. Tenía que desterrar esos pensamientos.

Por el amor de Dios, Derek por fin estaba mostrando interés y parecía corresponder a sus sentimientos, y ahora ella andaba deseando al latin lover.

Si no se conociera tan bien, pensaría que era una mujer hambrienta de sexo, hambrienta de amor y caliente.

Bueno, es que sí hacía un tiempo. Basta.

—Gracias por todo lo que hiciste —dijo Andrés.

—No tienes nada que agradecer. Bueno, te estuvimos esperando para que abrieras esta champaña. —Se apartó de él y le guiñó un ojo a Isabel mientras tomaba de la barra la botella de champaña que había empezado a abrir justo antes de que él entrara tan campante.

—Faltaba más. —Tomó la botella de sus manos, rozándole los dedos con los suyos. Hizo saltar el corcho y le sirvió una copa. Lamió los restos de burbujas que se escurrían por los lados de la copa flauta.

—Vaya, ¿aquí hace calor o qué? —Isabel se abanicó con las manos, agarró una copa flauta y se la plantó a Andrés enfrente. Él se rio y Nikki trató de pasar por alto el comentario.

Con la champaña servida, Andrés propuso un brindis. —Por Isabel y por la libertad.

—Por Isabel —dijo Nikki.

Chocaron las copas y bebieron champaña hasta bien entrada la noche, cuando ya los tres andaban un poco demasiado entonados para hacer otra cosa que no fuera caminar a casa de Isabel, donde cayeron rendidos.

Cuando Nikki despertó a la mañana siguiente, estaba en el sofá con el brazo de Andrés rodeándola.

Le vino un vago recuerdo de haber visto una comedia romántica y, aunque no se habían besado —porque Nikki estaba bastante segura de que se había quedado dormida—, también estaba bastante segura de que habían estado a punto.

Con Andrés e Isabel todavía dormidos, agarró sus cosas sin hacer ruido y caminó de regreso al restaurante, donde se subió a su coche y manejó de vuelta a su casa.

Tendría que decirle a Andrés que lo suyo no tenía futuro.

Ella estaba enamorada de Derek. ¿O no? Y esa noche iban a cenar juntos, y Nikki tenía el presentimiento de que lo que se venía cocinando entre ellos iba a definirse.

Andrés simplemente era dulce y guapo, y solo un amigo. Nada más que un amigo.