Claire
Nueve años antes
—Enhorabuena, cariño. —Su padre le dio un beso en la mejilla, lo que hizo que se le cayera el birrete al césped.
—Te quiero, mamá. Te quiero, papá —dijo.
—No tanto como nosotros a ti —replicó su padre, que siempre decía lo mismo cuando ella le decía eso. Y siempre la hacía sonreír.
—Bueno —dijo su madre—, ¿qué tal una cena de celebración en Applebee’s?
—Me parece perfecto —contestó Claire.
Casi todos sus compañeros de clase cenarían esa noche en asadores caros o en restaurantes italianos de lujo, pero Applebee’s era como su hogar para Claire, que había crecido en una casa llena de amor, pero sin mucho dinero. No se le ocurría mejor sitio donde estar que en Applebee’s con sus padres.
Mientras comían alitas deshuesadas y pretzels con salsa de queso, su madre empezó a hablar del resto del viaje en autocaravana que habían planeado.
Habían conducido desde el pequeño pueblo de Florida donde Claire había crecido hasta Nueva York para asistir a su graduación, pero luego pensaban desviarse hacia el oeste para ver el Gran Cañón y hacer otras paradas destacadas a lo largo del camino, como «Carhenge», una réplica de Stonehenge hecha con coches.
—Ojalá pudieras acompañarnos, cariño —le dijo su padre.
Su madre le dio un golpecito cariñoso.
—¡Ya está bien, Jim! No hagas que se sienta culpable. Claire tiene sueños más grandes que Carhenge. Algún día será una gran abogada en Nueva York, ¿verdad, cariño? Como las que salen en las series de televisión.
Claire sonrió mientras se lamía los dedos, cubiertos de salsa de miel y ajo de las alitas.
—Sí, igual que en la tele, pero con menos dramas románticos.
Su madre se rio.
—Eso espero. Los abogados de la tele no paran de acostarse entre ellos y con todos sus clientes. Estoy bastante segura de que eso provoca un conflicto de intereses.
Su padre torció el gesto y replicó:
—Lo siento. No puedo pensar en mi pequeña ya hecha toda una mujer y… mmm… manteniendo relaciones con alguien.
Claire se inclinó sobre la mesa y le dio un beso, pegajoso por la salsa, en la mejilla.
—No te preocupes, papá. Pase lo que pase, siempre seré tu pequeña.
Dos horas más tarde, llamaron a Claire por teléfono. Sus padres querían llevarla al cine después de comer, pero había planeado ir a una fiesta de graduación con sus amigos, así que decidieron dar una vuelta solos antes de que se pusiera el sol.
Salió de la fiesta al jardín.
—¿Hola? —dijo al contestar la llamada y vio que tenía cuatro perdidas del mismo número desconocido.
—¿Claire Walker?
—¿Sí?
—Soy el agente Grether, de la policía estatal de Maryland. Me temo que tengo malas noticias… Ha habido un accidente en la I-95 en el que se han visto implicados un camión de dieciocho ruedas y la autocaravana de sus padres.
—¿Qué? —Claire salió corriendo a la calzada, como si de alguna manera pudiera ver la autopista de Maryland desde allí y demostrar que el hombre se equivocaba—. ¿Están bien? Puedo ir hasta allí ahora mismo. No, ¡mierda!, que he bebido un poco. ¿Mi madre y mi padre están bien?
—El camión se ha cruzado en la autopista y ha aplastado la autocaravana de sus padres. Lo siento mucho, Claire… Jim y Sarah Walker han muerto.