18. ME FASCINAS
ME FASCINAS
Delilah
Y entonces, días después, estaba sentada al lado de Declan con la cámara posada a un par de metros de nosotros. Terminamos de decir las últimas líneas de diálogos en un set que estaba envuelto en un silencio sepulcral.
Un «¡Corten!» emocionado trepó por la sala.
Porque resultaba que ese era el último «¡Corten!» que se iba a cantar. Y porque también resultaba que habíamos acabado de rodar Leyes del submundo .
Los aplausos ensordecedores, combinados con los vítores y los silbidos que provenían de los miembros del equipo, no tardaron en alcanzarnos, y de pronto, Declan se abrazó a mi cintura. Lo apreté con fuerza mientras la gente nos rodeaba y nos daba la enhorabuena.
Cuando levanté la cabeza para buscar a Ronan, vi que entraba en la sala con un enorme ramo de rosas blancas para mí.
Después de tanto tiempo, aún recordaba que eran mis favoritas.
Me derretí ante su aspecto. Todo vestido de color negro, con el pelo revuelto por la ansiedad que lo había llevado a despeinárselo una y otra vez, y esas gafas redondas que recalcaban lo que era: un joven director de cine.
Cuando se detuvo delante de mí, me abalancé sobre su cuerpo.
Nos abrazamos. Respiré contra su pecho y el olor de las rosas nos inundó cuando las estrujé entre nosotros.
Noté que algo me mojaba la mejilla y, al alzar la vista, observé a un Ronan emocionado, con las lágrimas escapándose de sus ojos.
Y me contagió tanto su felicidad que terminó por brotar en mi boca una sonrisa también llorosa.
—Estoy tan orgullosa de ti, Ronan... —balbuceé temblando.
—Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Me fascinas.
Iba a abrazarlo de nuevo, pero su cuerpo desapareció como por arte de magia y lo siguiente que supe de él fue que volaba por los aires y que casi se rompía la crisma contra el suelo. Algunos miembros del equipo lo habían cogido y lo estaban manteando con una fuerza descomunal.
Estaba dentro del camerino quitándome el maquillaje cuando llamaron a la puerta. La alegría desbordante que había experimentado hacía un rato me había dejado las articulaciones blandas y la cabeza pesada. Alzando la voz en medio de la solitaria habitación, le pedí que pasara al que esperaba fuera.
Era Ronan. Él también tenía un aspecto cansado que le había hinchado los párpados inferiores, dotándolo de unas facciones aún más atractivas. Se posó detrás de mi silla y encontramos nuestras miradas en el espejo.
—Vamos a tomar algo por aquí cerca con todo el equipo —me informó—. Te apuntas, ¿no?
Ahora que todo había terminado, ¿dónde quedábamos él y yo? Ahora que ya no había una cámara por delante, ni una mentira que seguir..., ¿qué éramos? En el brillo de sus ojos percibí un toque de esperanza que me atravesó el estómago como un relámpago.
—Le he prometido a Declan que iríamos al parque de atracciones. —Arrugué la boca en una sonrisilla y él asintió mientras asimilaba la sorpresa.
—Puedo ir con vosotros...
—No, Ronan. Tienes que estar con el equipo —insistí pasándome un algodón por el pómulo para limpiarme los restos del colorete—. Esta noche nos vemos en la fiesta, ¿vale?
—Está bien. Te veo esta noche.