13.SOBREVIVIR ES UN ARTE
SObrEVIVIR ES UN ARTE
Ronan
Verla así me tenía jodido. Delilah estaba tumbada en el sofá, encogida en una postura que la hacía parecer vulnerable, abatida.
Desde que habíamos llegado a casa, me había estado martirizando por dentro por haber cedido a su idea de visitar el centro de acogida que había sido mi hogar hacía años.
Cuando regresé en el coche, la había encontrado en un estado lamentable, con la cara pálida y el cuerpo tembloroso, al borde de un ataque de pánico.
A partir de entonces, no habíamos cruzado más de dos palabras.
Escuchar de boca de una trabajadora social las dificultades y las situaciones a las que se enfrentan algunos niños podía desestabilizar a cualquiera, sobre todo cuando era la primera vez que te enfrentabas a algo así.
Aunque para mí no era la primera vez, yo incluso había estado en una situación similar, y aún me afectaba.
Siempre me iba a afectar. Sin embargo, de cara al exterior, tenía que mantener la compostura.
Por Delilah. Tenía que tranquilizarla, atenderla, intentar que estuviera bien y que aquello se quedara solo en un mal trance.
Saqué la botella de agua del frigorífico y llené un vaso. Me acerqué al sofá y me senté en el extremo, recogiendo sus piernas para colocarlas sobre mi regazo.
—¿Estás mejor, Del? —le pregunté mientras le ofrecía el vaso de agua.
Delilah ladeó la cabeza y me miró intensamente.
Asintió con un movimiento suave, casi imperceptible y, cuando bebió un trago, se irguió y se sentó frente a mí.
Dejó el vaso en la mesita de al lado y yo empecé a acariciarle la pierna porque quería cuidarla y ofrecerle todo mi cariño.
Porque ella había estado tan rota como yo.
Ella sentía tanto como yo. Ella era empática hasta un nivel que yo no conocía.
Y porque sus ojos estaban quebrados, como ausentes.
Tres noches después, la encontré en la cocina, asomada a la ventana mientras se fumaba un cigarrillo.
Últimamente me costaba horrores conciliar el sueño, porque el rodaje estaba cada vez más cerca.
Y también porque no había cruzado más de tres saludos con Delilah desde la visita al centro.
No quería verme. Ni tenerme cerca. Era una situación que me superaba y que no sabía cómo solucionar.
No tenía ni idea de cómo dinamitar el puñetero muro que había alzado de nuevo ante ella.
—Ey —la saludé en medio de la silenciosa madrugada.
—Ey.
Llegué hasta el fregadero, abrí el grifo y volví a cerrarlo. Apoyé la cintura en la encimera y la observé. En su pijama claro, la delgadez se atenuaba más, y la mirada que tenía clavada en el cielo mientras daba una calada me decía que por su mente pasaban profundos destellos.
—¿Qué haces aquí tan tarde? ¿No puedes dormir? —le pregunté, rezando por que contestara con más de una palabra.
Ella se giró y se recostó en la pared, mirándome. Estaba tan preciosa que no pude evitar quedarme contemplándola más de la cuenta.
—Estoy terminando de ajustar algunas escenas —anunció ella mientras empezaba a recoger los papeles esparcidos por la isla—. Han sido unos días un poco intensos.
—¿Por qué huyes de mí, Delilah?
A esas alturas, veía imposible arreglar nada, así que quise atajar aquello de raíz.
—¿Por qué dices eso?
—Casi no nos hemos cruzado en estos días.
Y, cuando lo hemos hecho, no me has hablado más allá del saludo.
Como si fuéramos dos putos desconocidos.
—Ella apartó los ojos de mí y ya no quise parar, porque tenía un nudo en la tráquea—.
No quiero que estés mal aquí, Del. Ni que te veas obligada a hacer algo que no quieras hacer. Ni siquiera soportas mirarme.
—No es eso, Ronan... —balbuceó con nerviosismo—. Solo...
Genial. Ahora me estaba mirando, pero no sabía qué decir. Y ella nunca se quedaba sin palabras.
—Si quieres abandonar el proyecto, lo entenderé —logré soltar por fin, porque aquello llevaba días carcomiéndome por dentro.
—¿Qué? No. No —negó ella con decisión—. Solo es que estoy muy comprometida con todo esto, tanto que me estoy olvidando de lo demás...
Entonces sus ojos reclamaron los míos con un atisbo de ese brillo inquieto y omnipresente tan característico de Cathy. Y algo denso y caliente me tocó el vientre.
—Quiero hacer esta película. Y quiero hacerla contigo, Ronan.