Un amor inventado 9. TRABAJO DE FONDO
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9. TRABAJO DE FONDO

TRABAJO DE FONDO

Ronan

—Tim —grazné—, ¿sabes ya algo de Delilah?

El hombre carraspeó a través de la línea telefónica.

—No, Ronan —contestó, molesto—. Aún no sé nada. Eres consciente de que me has llamado hace cinco minutos, ¿no?

—Lo soy, pero estoy la hostia de preocupado. Se fue por la mañana y aún no ha llegado. Son las once.

—Ya te di su número, chaval.

—¡La he llamado diez veces y sigue apagado! ¿Seguro que es ese?

—¿Por quién me tomas? ¿Eh? —exclamó elevando el tono—. Además, ya es mayorcita, Ronan.

El sonido de la llave entrando en la cerradura se coló entre la tensión del momento y prácticamente volé hacia la puerta.

—Te dejo.

Colgué a Tim y fui yo quien tiró del pomo para abrir de par en par.

Delilah, vestida con su chubasquero blanco empapado y con la capucha puesta, estaba frente a mí.

Le recorrí el rostro buscando algún tipo de daño o alguna señal diferente, pero me choqué con su sonrisa ladeada.

Tenía las puntas del pelo mojadas y varias gotas de lluvia se deslizaban por el puente de su nariz.

—Hola.

—¡¿Se puede saber dónde estabas?!

—Eh... —Me aparté para que entrara y la seguí hasta el comedor—. Se me ha hecho un poco tarde...

—¡Te he llamado al menos diez veces!

Se plantó enfrente de la cocina y observé cómo se sacaba el teléfono móvil del bolsillo. Pulsó la pantalla, pero esta no se iluminó.

—Se habrá quedado sin batería —dijo mientras se quitaba la capucha—. Lo siento.

—Del... —Me peiné el pelo con los dedos de un modo compulsivo—. Estaba preocupado, joder...

—Solo estaba haciendo trabajo de campo.

—¿Trabajo de campo? —¿Qué cojones quería decir?—. ¿Dónde estabas?

—He ido a Ballyfermot —me dijo como si nada.

—¿Qué tú has ido adónde ?

Nos sostuvimos una tensa mirada durante un rato que me pareció el verdadero infierno. Estaba a un paso de perder los nervios de manera definitiva.

—He ido a Ballyfermot —repitió, presa de una calma que a mí me hacía arder—.

Necesitaba documentarme y visitar ese tipo de barrios para comprender a mi personaje.

Nunca había estado en un lugar así, no sé nada sobre la dinámica de la gente ni de los jóvenes.

Es trabajo de fondo, tú eres el del método.

¿Acaso no entiendes que un actor necesita investigar y observar?

Los ojos se me iban a salir de las órbitas.

Me llevé una mano al pecho y fui directamente hasta el fregadero para servirme un vaso de agua.

Intenté calmarme, de veras que lo intenté.

Pero cuando me volví hacia ella y la vi con todo su cabello corto y dorado, sus pendientes de oro y esa expresión inocente en el rostro, mi contención se piró de vacaciones.

—¡¿Me estás diciendo que has ido a uno de los barrios más peligrosos de Dublín para prepararte un personaje?! —grité.

Y ella no se encogió.

—¡Sí! —exclamó Delilah con un gesto amenazante—. ¡Eso es exactamente lo que he dicho!

—Puedo tolerar que te pases la mayor parte del día en esa habitación, bebiéndote libros y viendo documentales de testimonios reales sobre las drogas.

¡Sí! Puedo tolerar que me rehúyas cuando te quiero invitar a salir.

Que prefieras estar sola, pasear sola, almorzar sola.

Que quieras estar tú y el guion por encima de todo lo demás.

Oh, claro que puedo tolerarlo. Aunque tu indiferencia me esté matando por dentro.

Porque en cierto modo me lo merezco, joder.

¡Pero que te vayas a un lugar tan peligroso y lejos de aquí, no! ¡Y menos sin avisar!

Delilah se quedó paralizada a unos metros de distancia, la misma distancia que comenzó a restar dando pequeños pasos hasta que nos quedamos enfrentados a cada lado de la isla.

—¿Se puede saber quién te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer? —preguntó.

Lástima que a esas alturas ya me diera absolutamente igual todo. A la mierda.

—Soy el que está al mando de este proyecto. Y de ti. Eres una de las personas más famosas del mundo... ¿Qué crees que habría pasado si te hubieras cruzado con la persona equivocada? ¡¿Eh?!

—¡Los vecinos me han abierto sus puertas y han sido muy amables conmigo!

—¡¿Que qué?! —Aluciné y empecé a hiperventilar.

—¡Y ya soy mayorcita para tener a un puto niñero a mi alrededor todo el tiempo! ¡No te conviertas en Tim, coño! —protestó apuntándome con un dedo—. Eres el director de la película, así que céntrate en hacer bien tu trabajo, que yo haré el mío.

Me dejó sin palabras, al borde de la mayor discusión que habíamos tenido nunca.

Porque lo cierto era que estaba hastiado de que Delilah no reparara en mí, de que no me mirara siquiera.

De que no quisiera incluirme en su pasión por esto.

De que no me dejara expresarle el cariño que yo le seguía profesando.

Que no me permitiera, ni siquiera abriendo un solo resquicio de su confianza, confesarle mi amor.

Ese que no había desaparecido y que estaba fuera de control desde que la había visto entrar en el pub.

Desde que se alojaba en mi casa y convivía con su puto aroma a canela impregnando cada rincón.