Un amigo gratis Consecuencias IV
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Consecuencias IV

Consecuencias IV

Eleonor, que escondía sus verdaderos sentimientos tras su optimismo, nunca se había mostrado tan vulnerable como con Nash.

Él tenía algo que la hacía bajar las barreras.

No fue solo su primer beso; también el primer chico en verla llorar desconsolada, en ayudarla con un ataque de ansiedad, en decirle que ser vulnerable no la hacía débil, sino humana.

El primero que le hizo perder el miedo a mostrar esa humanidad.

Delante de Nash, Eleonor no tenía que ser fuerte todo el rato.

Podía permitirse tropezar. No quería mantenerlo al margen de sus problemas.

Quería llamarlo cuando le ocurría algo malo.

También cuando le ocurría algo bueno. Quería saber su opinión, o al menos oír su voz, con ese tono suave que siempre la tranquilizaba.

Acudía a él en cuanto se sentía perdida y deseaba que, cuando llegara el momento, Nash hiciera lo mismo con ella.

Quería apoyarlo como él la apoyaba. Quería formar parte de su río.

Quería ser un faro, o un barco de luces largas, que pudiera guiarlo siempre que él necesitara encontrar el camino de vuelta a casa.