16
—¿No vas a contarme lo que te pasa?
—Estoy bien —mentí.
Al cerrar la puerta de la taquilla, me encontré con la mirada de preocupación de mi mejor amiga.
Me conocía lo bastante bien como para ver a través de las capas —de maquillaje, de normalidad— que llevaba puestas para disimular que había pasado un fin de semana horrible.
Había sido el peor de todo el curso, de hecho.
El viernes, mientras volvía del parque, no había podido hacer otra cosa que llorar.
Le dije a mi madre que había cenado fuera para que me dejara encerrarme en mi cuarto sin hacer preguntas.
La tristeza pronto dio paso a una apatía extraña que se había alargado durante todo el sábado y el domingo.
No era capaz de sentir nada. Como si me hubieran vaciado por dentro.
Cada vez que pensaba en que la relación que tenía con Nash podía haberse terminado, notaba una punzada de dolor en el pecho.
Sin embargo, nada podía compararse con la sensación de pánico que me invadía cuando creía verlo por los pasillos.
Llevaba toda la mañana sufriendo un paro cardíaco cada vez que me cruzaba con cualquier chico alto y de pelo castaño que pudiese parecerse a él.
¿Cómo iba a enfrentarme a Nash después de lo que había pasado? Si intenté besarlo y me rechazó.
Nash era inseguro, pero yo también dudaba a veces de mí misma.
Y, desde lo del viernes, había una vocecita insoportable dentro de mi cabeza que no dejaba de repetirme que sí me habría creído si yo le gustase lo suficiente.
Había repasado cada interacción que habíamos tenido durante los últimos meses tratando de entender cómo podía tener esa visión de mí.
¿Cómo había podido compararme con Agatha?
¿De verdad me consideraba tan mala persona?
¿Había sido culpa mía que no me creyera por haber tardado tanto en demostrarle lo que sentía?
¿Por haberme negado a mí misma lo que estaba ocurriendo entre nosotros?
¿Por no haber sabido ver antes que no éramos solo amigos?
Olivia me miró con tristeza. Me sentía mal por no querer hablar del tema con ella, pero simplemente prefería no darle más vueltas.
Estaba agotada de tanto pensar. Desearía haberme mostrado más entusiasmada antes, eso sí, cuando había venido a contarme que Devon por fin la había invitado a salir.
Habían quedado el próximo sábado y, si yo no tuviera esa tristeza opacándome por dentro, seguro que mi sonrisa habría resultado mucho más creíble.
—Ahí viene nuestro amigo... —murmuró Olivia. El corazón se me puso del revés. Me giré esperando encontrarme a Nash al fondo del pasillo.
Solo que no se trataba de él. Tampoco de Scott.
Jayden pasó por nuestro lado seguido de sus amigos, Carl y Eric, con la vista fija al frente. Caminaba tan cerca que podía oler su dichosa colonia de vainilla y aun así no se molestó ni en torcer la cabeza.
Suspiré mientras guardaba el libro de matemáticas en mi mochila.
—¿A qué ha venido eso? —Olivia enarcó una ceja. Normalmente, cada vez que Jayden me veía en el instituto, era bastante cariñoso conmigo.
—Cancelé la cita que teníamos el sábado.
Al parecer, aquella había sido la gota que había colmado el vaso: Jayden por fin se había rendido. No podía culparlo por estar molesto, aunque quizá debería haber seguido siendo, como mínimo, educado conmigo.
La verdad era que no me importaba.
—Espera, ¿ibas a quedar con Jayden? ¿Y le has dicho que no? —Olivia parpadeó con perplejidad—. No sabía ni que habíais llegado a concretar una cita.
—No te lo dije porque en el fondo sabía que no iba a ir.
—¿Por qué? —Me encogí de hombros y ella añadió—: ¿Tiene algo que ver con el rumor de que Grace y él han vuelto?
Ni siquiera había oído ese rumor. Iba a decírselo a Olivia, cuando mi peor pesadilla se hizo realidad: vi a Nash al fondo del pasillo. Caminaba hacia el ala norte del instituto, en la misma dirección que Jayden.
—Claro. —Olivia siguió mi mirada—. Ahora lo entiendo todo.
—Prefiero no hablar sobre ello —musité, mientras intentaba escabullirme y echaba a andar hacia mi clase de matemáticas. Por desgracia, estaba también situada en el ala norte.
Olivia vino detrás de mí.
—¿Por eso estás tan rara? ¿Ha pasado algo entre Nash y tú? —No. No había pasado nada. Porque él no había querido—. Siempre he tenido claro que os gustabais.
—¿Podemos dejarlo, por favor?
—Oye. —Con delicadeza, me agarró del brazo para detenerme—. No pasa nada si no quieres contármelo. Pero no te lo guardes todo para ti, ¿vale? Si en algún momento te apetece desahogarte, quiero que sepas que puedes contar conmigo.
—Solo si no lo criticas —pedí con voz suave. No quería oír insultos hacia Nash. Había metido la pata, sí. Sin embargo, que le hubieran mermado tanto la autoestima tampoco era culpa suya.
—Sin críticas —prometió ella.
—Gracias, Olivia.
Valoraba no solo su apoyo, sino también lo paciente que era conmigo.
Entrelazó nuestros brazos.
—No las des. Para eso están las amigas.
Decidí que la llamaría esa tarde para contárselo todo. No quería mantener a Olivia al margen. Solo necesitaba tiempo para aceptar lo que había ocurrido primero y ya había tenido todo el fin de semana.
Cuando giramos la esquina, vi a Nash enredando en su taquilla. Estaba situada justo enfrente de las de Jayden y sus dos amigos, que charlaban entre risas mientras Jayden cambiaba sus libros.
Era curioso cómo funcionaba a veces el mundo, cómo todo parecía alinearse.
Si Nash y yo no hubiéramos discutido el viernes, yo habría estado ahí con él en ese momento y nada habría sucedido.
Tal vez, si no le hubiera escrito a Jayden para cancelar nuestra cita, él sí me habría saludado antes y Nash habría tenido el tiempo justo para marcharse antes de que ellos llegaran.
Sin embargo, todo pasó justo como tenía que pasar para que yo lo viera suceder ante mis ojos.
Jayden cerró su taquilla y, cuando sus amigos y él pasaron junto a Nash, dio un golpe seco en la taquilla de al lado.
El susto hizo que Nash diera un respingo.
El grupo se alejó entre risas. Yo me había detenido en el pasillo. Todo cobró sentido. ¿Cómo podía no haberme dado cuenta antes?
—¿Eleonor? —Olivia se giró al notar que no caminaba con ella. Siguió la dirección de mi mirada hacia Nash—. ¿Qué pasa?
—Te veo en clase —me despedí.
Me dirigí hacia él sin pensarlo más.
Olivia no me siguió, seguramente imaginando que Nash y yo teníamos pendiente una conversación a solas. Y así era. Solo que no estaba relacionada con lo del parque.
Me paré delante de él; Nash cerró la taquilla y, en cuanto nuestros ojos se encontraron, le solté:
—¿Cuándo ibas a contármelo? —Me sentía más dolida que nunca; incluso más que la tarde del viernes—. ¿Cuándo ibas a decirme que son Jayden y sus amigos quienes te hacen la vida imposible?
Carl. Eric. Y Agatha, su exnovia. Ahora repasaba los últimos meses en mi cabeza y no entendía cómo diablos podía haber estado tan ciega.
Nash se agarrotaba cada vez que me oía hablar de Jayden.
Yo había pensado que era por celos, sin saber que había algo mucho más profundo ahí escondido: Nash sentía miedo, rabia y rechazo.
Porque se metían con él. Porque Jayden era un abusón.
—Eleonor... —Nash se quedó tan sorprendido al verme que no pudo decir nada más.
—¿Hasta cuándo ibas a aguantar callado? —insistí. No podía creerme que los hubiera estado protegiendo—. ¿Ibas a dejarme salir con él? ¿Ibas a permitir que confiara en una persona tan horrible? ¿Tenías pensado dejar que se fuera de rositas y siguiera engañando a todo el mundo, incluyéndome a mí?
Solo de pensar en que, si lo del parque no hubiera pasado, Jayden y yo habríamos cenado juntos el sábado, se me revolvía el estómago.
Nash dio un paso hacia mí, con los ojos llenos de pánico. Cuando echó un rápido vistazo hacia atrás, comprendí que lo que le preocupaba no era que lo hubiera descubierto, sino que estaba hablando muy alto.
Tenía miedo de que Jayden nos oyera.
De que, al oír su nombre, viniera a ver qué ocurría.
Mierda, había estado tan ciega...
—Pensaba que te gustaba —trató de excusarse.
—¡Porque no tenía ni idea de cómo era en realidad! —estallé. A mí me daba igual quién nos oyera—. ¡Porque tú —le empujé el pecho— no me lo contaste! ¡Porque insististe en protegerlos en vez de denunciarlos a la directora, como deberíamos haber hecho desde un principio!
—No puedo ir a hablar con la directora —reiteró Nash. Sus ojos me pidieron, me rogaron, que bajara la voz.
Sin embargo, yo ya estaba harta.
—Tú no —escupí—. Pero yo sí.
El silencio se había terminado.
Me dirigí hacia donde habían ido Jayden y sus amigos mientras Nash maldecía a mi espalda y trataba de detenerme diciendo mi nombre.
Lo ignoré. Cada vez que recordaba cómo Jayden me había tocado, los mensajes que habíamos intercambiado, cómo había hablado de Nash —«es un tipo muy raro», me soltó una vez; luego me dejó en visto cuando le pedí que no hablara así de mis amigos—, la rabia me recorría las venas como una corriente eléctrica.
Recordé todo lo que le habían dicho aquel día a Nash.
El miedo que tantas veces había visto en sus ojos.
El golpe que Jayden había dado en la taquilla.
Que nunca nadie les había parado los pies.
Y toda la ira contenida explotó de golpe cuando vi a Jayden junto al aula de matemáticas, riéndose con sus amigos.
Llevaban años burlándose de Nash.
Años.
Me acerqué sin titubear. Eric fue el primero en verme. Le dio un codazo a Jayden, que se volvió con gesto distraído y esa sonrisa coqueta en los labios. Como si nada pudiera tocarlo.
Ese era el problema de los abusones.
Que se creían invencibles.
—¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto? —le espeté.
Jayden me observó burlón.
—No sé a qué te refieres, encanto.
Sus amigos se carcajearon al oír el apodo.
—¿Cuánto tiempo llevas metiéndote con Nash? —proseguí sin achantarme—. ¿Cuánto lleváis siendo unos malditos abusones?
Las sonrisas desaparecieron de golpe.
—Eh, tío, ¿qué narices dice esta? —saltó Eric.
—Te he visto, Jayden. He visto cómo intentabas asustarlo antes.
Y os oí el otro día, a quienquiera que fuera de vosotros.
.. y a tu novia, Agatha. —Miré a Carl—. Oí las cosas horribles que dijisteis sobre Nash y sobre su hermana.
¡Sobre su hermana! ¿Cómo sois capaces de hablar así?
¿No os da asco miraros al espejo sabiendo lo podridos que estáis por dentro?
—Vaya, vaya... —Eric parecía incluso divertido con la situación—. Parece que alguien está muy enfadada después de que la dejases plantada —le dijo a Jayden.
Lo contemplé sin dar crédito. Habían ignorado todo mi discurso.
—¿Les has contado que tú me rechazaste a mí?
Jayden ni se inmutó.
—Fue lo que pasó.
—Yo fui la que te dijo que no quería cenar contigo.
—¿A quién pretendes engañar? Todos sabemos que llevas persiguiéndolo desde que rompió con Grace —se mofó Eric.
Junto a ellos, Carl permanecía en silencio.
Noté que alguien se me acercaba por la espalda. Era Nash, que no se atrevió a decir nada.
—¿Qué está pasando aquí? —intervino una voz femenina.
Grace también apareció, solo que por detrás de Jayden. Le agarró el brazo con cariño. En cuanto me vio, sus ojos se volvieron fríos.
—¿Otra vez tirándole la caña a mi novio?
—¿Perdona? —articulé.
Nash me tocó el codo.
—Eleonor, vámonos —me rogó en voz baja.
Él los conocía mejor.
Sabía lo que estaba a punto de ocurrir.
Yo no me moví.
—¿No es lo que llevas semanas haciendo? —prosiguió Grace—. A mis espaldas. ¿De verdad pensabas que no me iba a enterar? Jayden y yo no tenemos secretos. Me contó que estabas intentando ligar con él y que además hablas mal de mí con todo el mundo.
Eso era exactamente lo que Jayden me había dicho a mí sobre ella.
Lo miré como si lo viera por primera vez. Las piezas encajaban. ¿Nos había mentido a las dos?
—No me extraña que siempre me recomendaras que rompiera con él —terminó Grace—. Querías quedártelo tú.
—Yo nunca te dije eso —repliqué—. Solo te animé a tomar la mejor decisión para ti.
Ella soltó una risa irónica.
—Claro. ¿Qué sabrás tú de buenas decisiones? Si ni siquiera eres capaz de mantener tu asociación a flote.
Algo hizo clic dentro de mí.
—¿Fuiste tú? —balbuceé—. ¿Fuiste tú la del rumor?
¿Grace había dejado aquella nota en la taquilla de William? ¿Se lo había cargado todo desde dentro?
—Ups. —Se hizo la inocente.
A su lado, Jayden y Eric se rieron.
—¿Cómo has podido hacernos esto? —protesté dolida—. Llevas en la asociación desde sus inicios. ¡Te hiciste voluntaria!
—¿Yo? ¡¿Cómo has podido hacerme esto tú ?! —estalló—. Se suponía que eras mi amiga. ¡Y has intentado robarme a mi novio!
—¡Yo no he intentado nada! Grace, fue él quien insistía en quedar conmigo.
—Eso no es lo que Jayden me ha contado.
Era evidente. Me giré hacia él, mientras un grupo de alumnos empezaba a condensarse a nuestro alrededor.
—Ya nos avisaste —le dijo Eric a Jayden—. Esta chica está pirada.
Jayden se echó a reír.
—Sin duda.
—La marginada y su asociación de marginados —se burló Grace.
—Y ahora viene aquí, a soltar falsas acusaciones... y espera que nos disculpemos por algo que no hemos hecho. —Eric miró a Nash por encima de mi hombro—. ¿Por qué no le dices a tu amiguita que lo de antes solo ha sido una broma?
—Nos ha llamado «abusones» y todo —le contó Jayden a Grace, como si fuera tan absurdo que resultara incluso gracioso.
—Hoy en día la gente tiene la piel muy fina —respondió ella.
Con la expresión llena de malicia, Eric dio un paso adelante y me clavó el dedo en el brazo.
—Dime, Eleonor, ¿te estoy acosando? —Volvió a hacerlo—. ¿Te estoy acosando?
—No me toques —le advertí retrocediendo.
Choqué contra Nash. Olivia y Scott aparecieron atraídos por el barullo.
—Tío —lo enfrentó Nash—. Déjala en paz.
Eric miró a Jayden y puso una sonrisa malvada.
—Míralo, saca el carácter por su noviecita. ¿Qué vas a hacer, Anderson? ¿Pegarme?
—El grupo de marginados al completo —comentó Grace, al vernos a los cuatro allí.
Olivia apretó los dientes.
—Serás arpía. Sabía que no eras de fiar —le gruñó a Grace, y luego torció el cuello hacia mí—. ¿De qué va esto?
—Son asuntos de mayores, princesa —se burló Eric.
Olivia lo puso en su sitio sin mirarlo siquiera:
—Prueba a callarte de vez en cuando. Igual así pareces más listo.
A continuación, me agarró del brazo para que nos fuéramos de allí.
Pero Eric gruñó:
—¿Qué acabas de decirme, zorra?
Y Scott replicó:
—¡Eh, no insultes a mi amiga!
—Tú calla, nenaza.
—¿Perdona? —salté yo.
—Tío, ¿eres imbécil o qué? —siguió Nash.
—Vamos, Anderson, peléate conmigo. Peléate con Jayden —lo retó Eric, al ver que Nash daba un paso al frente—. Estamos deseándolo.
Y Jayden le puso la guinda al pastel.
—Si ganamos, se lo dedicaremos a la inútil de tu herma...
No llegó a terminar la frase.