Un acuerdo con el diablo Capítulo 44 #2
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Capítulo 44 #2

—Exacto, y los otros veinte días los necesito a solas con mi esposa, descansando, disfrutando de ti y sin trabajar.

¿Cuándo fue la última vez que nos fuimos solos de viaje?

Antes de nacer Harper —me recuerda con énfasis—.

No es que nuestras hijas me estorben, pero te necesito a solas y en exclusiva para mí.

Sin esperar a que las niñas se duerman para hacerle el amor a mi mujer.

Las islas griegas nos esperan y no pienso renunciar a ellas por nada del mundo.

Llevo tiempo soñando y preparando este viaje y no es negociable volver antes a Nueva York —me deja claro—.

Cole maneja la empresa mejor que yo y que vaya practicando con sus hermanas para cuando se convierta en padre, que a este paso sienta la cabeza y me hace abuelo cuando realmente sea un viejo —se queja.

Logan no lleva nada bien que Cole sea un mujeriego incorregible y no tenga una relación estable con ninguna mujer.

Hace un año que casi lo obliga a asistir a algunas fiestas de amigos para que conozca a mujeres que le puedan interesar, pero él sigue sin formalizar con ninguna.

—Vas camino de ser un viejo —bromeo, sonriente—, estás a punto de cumplir cincuenta años.

—Vamos, Maggie, si estoy en mi mejor momento de la vida —suelta con seguridad—.

Me encuentro con más vitalidad y más ganas que nunca —revela dirigiéndome una mirada felina—.

Me pasaría el día entero haciéndole el amor a mi mujer.

No hay momento en el que no te desee. De hecho, creo que deberíamos irnos a la habitación —plantea cerrando el ordenador de golpe y tirando de mi mano.

Se apodera de mis labios y susurra—: Un mes así, tú y yo solos, desnudándote dónde y cuando me plazca.

—Señor Kessler, lo siento muy entusiasmado.

—No tienes idea de cuanto —confiesa al mismo tiempo que ambos caemos sobre la gran cama y comenzamos a desnudarnos.

***

Veinticinco días después

—Logan, por favor, déjame el móvil para llamar a las niñas —le suplico a mi marido.

Desde que llegamos a las islas griegas estableció como norma apagar los teléfonos y solo encenderlos por la tarde para llamar a las niñas cuando llegasen del colegio y preguntarles cómo les había ido el día.

Si algo grave sucedía Cole nos avisaría por email ya que para él seguíamos muy ocupados firmando acuerdos y contratos.

—Maggie, están muy bien. Deja de ser una madre tan protectora. En estos días Cole te ha demostrado que es un hermano ejemplar.

—Quiero saber cómo se lo han pasado este fin de semana en Los Hamptons.

—Has hablado con ellas hace unas horas —me recuerda tumbado en la hamaca tomando el sol, completamente despreocupado por todo.

—Pero quiero que me cuenten más cosas sin que su hermano esté presente. Cole no se está quejando de pasar tanto tiempo con sus hermanas y me resulta muy extraño. Sabes la vida que lleva, siempre con una conquista diferente al acecho.

—Maggie, deja de imaginar cosas. Cole tiene a una niñera, delega en ella. A ver si te crees que nuestro hijo lleva casi un mes sin sexo.

—Para mí siempre será mi niño.

—Pues asume que es un hombre hecho y derecho, que a sus veintisiete años ha conocido a demasiadas mujeres. Por suerte, ha tenido la buena cabeza de no presentarnos a ninguna como novia formal. Para lo que le duran… —Sonríe.

—Yo no le veo la gracia. Me gustaría que tuviese una relación seria con alguna mujer que sea digna de él.

Quiero verlo casado y formando una familia de aquí a unos años.

Ya me reiré yo cuando Blair y Harper crezcan y te atormente cada hombre que se les acerque —le indico con toda la voluntad de borrar su sonrisa.

Logan se pone serio, se sienta en la hamaca y me mira.

—Joder, pensar que un día algún hombre les haga todo lo que yo te hago a ti —susurra, pensativo y con el ceño fruncido.

—Pues serán unas mujeres muy afortunadas —musito con una enorme sonrisa.

—No les contarás nada de lo que hacemos —me advierte.

—¿Se lo has contado tú a Cole? —le pregunto, seria.

Logan se queda callado.

—Bueno… en ocasiones hablamos de hombre a hombre.

—¡No lo puedo creer! —alzo la voz y abro mucho los ojos, escandalizada.

Me coloco en pie a su lado con las manos en la cintura. Él me mira de arriba abajo y susurra:

—¿Tienes idea de lo sexy que estás ahora mismo así enfadada?

—¡No cambies el tema! —le advierto señalándolo con un dedo.

—Por supuesto que no, no lo haría nunca —dice atrapándome entre sus brazos.

Intenta besarme, me resisto, resbalamos porque estamos cerca de la piscina y terminamos cayendo juntos. Él sol se ha puesto y el agua está un poco fría.

—¿Estás bien? —pregunta, preocupado, cuando salimos a la superficie y me toma por la cintura con fuerza.

Me agarro a sus hombros y sonrío, pensativa.

—Muy bien. ¿Sabes?, así empezó nuestra historia, cuando caí accidentalmente a la piscina y me rescataste —le recuerdo perdida en sus increíbles ojos grises, esos que me enamoraron en cuanto lo miré por primera vez.

—Ese beso que nos dimos aún lo tengo grabado a fuego. Igual podemos salir de la piscina, darte ropa seca, besarte en el sofá y demostrarte todo lo que aquella noche se me pasó por la cabeza y no te hice —plantea mi marido.

—Hubiese caído rendida en tus brazos —confieso en su oído.

—Vaya, algo me dice que esta noche tendré mucha suerte —bromea, me besa y dice—: Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida. Te amo, Maggie.

—Y yo. Nunca he dejado de hacerlo.

—Bueno, yo creo que me odiaste un poco cuando te obligué a ser mi mujer —me recuerda con una gran sonrisa.

—Eso te hice creer —revelo, sonriente, muy segura de mí misma—. Ha sido el mejor acuerdo al que he llegado en mi vida. Fuiste un completo diablo por algún tiempo, pero mereció la pena aguantarte. Esto que tenemos y la familia que hemos creado compensan todo por lo que hemos pasado.

—Siempre me tuviste completamente rendido a ti, esposa mía.

FIN