Cada uno tiene que vivir con su conciencia
Me despierto y Logan no está conmigo en la cama, me alarmo al no encontrarlo en la habitación. Voy al cuarto de mi hija y la imagen que encuentro al entrar ahí me hace llorar. Mi marido está sentado con su Blair en brazos, la acuna con mimo mientras la admira de una forma increíble.
Siente mi presencia y alza los ojos hacia mí. Lo imaginé tantas veces en la faceta de padre entregado que me emociona que podamos vivirlo.
—Si supiese lo sexy que está con su hija en brazos, señor Kessler —murmuro admirándolo.
—Ella me da calma —musita.
Me acerco a él, me arrodillo ante mi marido y mi hija y los miro a ambos con devoción.
—¿Cómo estás? —pregunto, preocupada. Sé que tiene que asimilar muchas cosas sobre su vida y no debe de ser fácil.
—No dejo de pensar en Lia —revela.
—Amor, ¿quieres que vayamos a verla? —le planteo con tacto—. No quiero que te arrepientas de nada cuando ella ya no esté. Le queda poco tiempo.
—No sé qué quiero hacer, Maggie. Estoy tratando de procesarlo todo —manifiesta, agobiado. Nunca lo he visto así.
Le acaricio el rostro, le doy un beso en los labios y le sonrío.
—Estoy aquí. Siempre contigo, a tu lado. Comprenderé la decisión que decidas tomar y te apoyaré.
—Mi madre mandó a matar a tu padre porque él quería matarme a mí —susurra, mira a nuestra hija y dice—: ¿Qué clase de abuelos tiene?
—Ellos no importan. Sus padres somos nosotros, le vamos a inculcar los mejores valores y le vamos a dar todo el amor del mundo. Por fin podremos ser una familia feliz como siempre soñamos, mi amor. Por fin lo tenemos todo.
—Gracias por estar a mi lado, amarme y darme a nuestros maravillosos hijos. Te juro que si no fuese por vosotros no podría soportar todo esto.
—Siempre le agradeceré a Lia que te tengamos con nosotros —susurro con emoción.
Solo pensar que mi padre hubiese llevado a cabo sus planes de matarlo o que Logan hubiese terminado en la cárcel me estremece.
Mi marido cierra los ojos y traga con dificultad—.
¿Necesitas estar solo? —pregunto con infinita paciencia.
Sé que Logan necesita su tiempo para asimilar todo esto.
—Necesito pensar, me siento muy perdido, Maggie —confiesa, abatido.
Me levanto, le doy un beso en los labios y le comento:
—Cada uno tiene que vivir con su conciencia, Logan. Haz lo que te nazca del corazón y sepas que no te vas a arrepentir con el tiempo.
—Gracias, mi vida.
—Voy a preparar el desayuno —me despido—. Creo que Blair se encuentra muy a gusto protegida por su padre.
Logan me dedica una sonrisa, me marcho de la habitación y me dirijo a hacer el desayuno. Cuando observo a Cole tomándose un café y vestido con un traje de chaqueta azul oscuro que le sienta de maravilla lo miro con sorpresa.
—¿Dónde vas? —pregunto con sorpresa.
—Papá no tiene cabeza para nada, hay que encargarse de algunas cosas en Kessler.
Me acerco a él le doy un enorme beso y un abrazo y le indico:
—¿Tienes idea de lo orgullosa que me siento de ti?
—Gracias, mamá.
Pasada media hora Logan baja a desayunar.
—Mary está cuidando de Blair.
—Nuestra hija se ha ganado el corazón de todos —comento con orgullo.
—Como su madre. Es igual a ti. Y la amo más por eso.
Me acerco a él y le doy un gran abrazo. Sé que lo necesita. Permanecemos un rato en silencio hasta que Logan susurra:
—Nunca pensé que la llegada a esta nueva casa fuese tan accidentada.
—Pensé que me moría cuando te llevó la policía.
—Maggie, ¿me acompañarías a ver a Lia? —pregunta de golpe y lo miro a los ojos con asombro—. No me atrevo a ir solo. No sé cómo reaccionaré cuando esté ante ella. Pero siento que necesito ir a verla para sacar todo lo que llevo por dentro.
—Por supuesto, iremos cuando lo decidas.
—Necesito un par de días para enfrentarme a ella.
—Bien. —Lo comprendo.
Los siguientes días Logan los pasa en casa, pensativo y la mayor parte del tiempo con Blair. Procuro dejarlo a solas, sé que nuestra hija le da calma y necesita pensar bastante.
Cuando me indica que está preparado para ir a ver a Lia lo acompaño.
Entramos a la habitación que ocupa su madre de la mano.
Logan me la toma con tanta fuerza que siento que si aprieta más me va a hacer daño, pero no le digo nada.
Le acaricio el pecho con la mano que tengo libre cuando estamos ante Lia para tratar de tranquilizarlo y hacerle sentir que estoy con él.
Lia mira a su hijo sin dejar de llorar.
—Logan, has venido —susurra entre llantos.
Mi marido no dice nada, solo asiente, tenso—.
Estoy muy orgullosa de ti. De cómo has evolucionado en la vida, de la increíble mujer que está a tu lado y de tus hijos.
Tienes la familia que te mereces. Ahora solo te queda ser feliz.
Me voy de este mundo con la satisfacción de que eres un buen hombre.
—¿Tienes idea de las veces que deseé de pequeño que fueses mi madre? —revela con rabia, en modo de reproche, mirando a Lia y lo observo con lágrimas en los ojos—. Eras tan perfecta, me querías tanto, siempre pendiente de mí…
—Sufrí muchísimo por no tenerte a mi lado como deseaba.
Sé que fui una completa egoísta por mantenerte siempre en la casa de acogida y evitar tu adopción a muchas familias que te desearon, pero era la única forma de tener a mi hijo junto a mí.
Siempre velé por ti. Ahora es tu momento. Sé muy feliz, Logan.
—¿Y se supone que te lo tengo que agradecer a ti? —escupe las palabras.
—No quiero que me agradezcas nada. Lo que he hecho por ti lo hice de corazón. No me arrepiento de mis actos. Los volvería a llevar a cabo. Puede que te cueste creerlo, pero te quiero. ¿Por qué has venido? —pregunta con infinito amor, Lia consigue conmoverme.
—No lo sé. Supongo que quería mirarte a los ojos sabiendo que eres mi verdadera madre.
—Gracias por este momento, Logan. Era todo lo que necesitaba para irme en paz.
Puede que ni tú mismo lo sepas en estos instantes, pero que estés aquí significa que de alguna forma me has perdonado.
Sé muy feliz, hijo. Que nada te atormente.
Eres un gran hombre y le demostrarás a tus hijos que eres el mejor padre del mundo. Maggie, gracias por todo.
Logan da un paso hacia ella, le acaricia la mano y susurra:
—Gracias en nombre de mis hijos, porque podrán tener a su padre junto a ellos para verlos crecer. En mi nombre no puedo darte las gracias por nada.
—Lo entiendo, hijo.
—Adiós, Lia. Me hubiese gustado que las cosas entre nosotros fuesen de otra forma.
—Te quiero, Logan.
Mi marido se gira, le da la espalda, me toma de la mano de nuevo y salimos de la habitación en silencio.
Cuando llegamos al coche Logan se derrumba, se abraza a mí y llora como un niño pequeño.
Diez horas después recibimos la noticia de que Lia Mckay ha fallecido. Mi marido no sabe si acudir al funeral, pero, finalmente lo hacemos juntos. Creo que Logan necesitaba cerrar este círculo en su vida para siempre.