Un acuerdo con el diablo Capítulo 38
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Capítulo 38

Tres meses después

Me encuentro en el sofá del ático con el ordenador delante. Me costó convencer a mi marido de ayudarlo con sus empresas, pero, finalmente, me dejó hacerlo desde casa. Es algo que me distrae y hace que los días no sean tan largos sin los dos hombres de mi vida cerca.

Cole empezará la universidad en unos meses, pero, pese a mi negativa, lleva tres meses trabajando en Kessler.

Logan confía mucho en él y mi hijo dice que su padre y sus empresas le están enseñando más que ninguna universidad.

Lo siento entusiasmado y muy integrado en Nueva York.

Padre e hijo se admiran, cada día están más unidos y la convivencia entre los tres está siendo muy fácil.

Me siento tan feliz que pienso que estoy en una nube.

Solo existe la sombra de la empresa de mi padre y de las personas con las que se tiene que relacionar Logan cada día y que lo hacen estar en constante peligro ante las autoridades.

Ayer me contó que ya ha llegado el momento de vender Wexler por partes, la ha reflotado en estos meses como para que sea interesante a otros inversores, le gane dinero en la venta y nadie sospeche que se deshace de ella para no tener más trato con gente como Callaham.

No veo la hora de que esto suceda y de que por fin seamos libres.

Solo deseo que Logan se dedique a su empresa y deje de pensar en Wexler.

Aprecio las vueltas que da algunas noches en la cama, lo que le cuesta dormir y lo pensativo que está en muchas ocasiones que pasamos tiempo libre juntos.

Estoy segura de que no me cuenta muchas cosas para no preocuparme en mi estado, pero cargo con una gran culpa porque lleve todo esto él solo a sus espaldas.

Mi padre, hasta muerto, se sigue interponiendo entre nosotros y no nos deja ser felices del todo.

Su sombra y su legado siempre planea sobre nosotros.

No veo la hora de acabar para siempre con Wexler, ser libres y felices como nos merecemos después de todo.

Me estoy arreglando para comer con mi marido y mi hijo, he quedado con ellos en recogerlos en la empresa cuando recibo una llamada un tanto extraña.

Es de una residencia de ancianos, me habla la directora y me pide por favor que Lia Mckay quiere verme.

Recuerdo que era amiga de mi abuela. La directora muestra mucho interés en que Lia quiere verme, me da la dirección del lugar, consulto mi reloj y, como no me coge muy lejos, le confirmo que en esta misma mañana me pasaré por allí.

De camino a la residencia de ancianos, no voy sola, siempre que salgo tengo pegados a mis talones a dos guardaespaldas que si se despegan de mí tendrán que escuchar a mi marido y dudo que vuelvan a encontrar trabajo en su vida, me pregunto cómo Lia ha dado con mi teléfono personal.

También pienso que igual la mujer, al ser tan amiga años atrás de mi abuela se haya enterado de mi vuelta y quiera verme.

Lo cierto es que su llamada me causa mucha intriga.

Cuando llego a la residencia me recibe la directora, la mujer aprecia mi estado, me dirige una sonrisa, que me pregunta con cortesía qué tal estoy y me informa de que Lia ingresó hace ocho meses en la residencia porque no tenía quién la cuidase.

Tiene un ala de esta en exclusiva para ella con enfermeras, cuidadores y médicos las veinticuatro horas del día, algo que solo podría permitirse alguien muy rica como ella.

Cuando entro en la habitación de Lia me encuentro con una anciana en la cama, la mujer presenta buen aspecto, bien peinada, tiene todo el pelo blanco y me llaman la atención sus ojos grises. Siempre fue una belleza. Era unos años más joven que mi abuela.

—Maggie —susurra con emoción nada más verme. Me extiende su mano desde la cama. La siento emocionada. Cojo a Lia de la mano, la saludo y le doy un abrazo—. Gracias por venir —dice con lágrimas en los ojos.

—Lia, qué de tiempo. Me alegra tanto verte. Me sorprendió muchísimo tu llamada —comento mirándola. Han pasado muchos años y ha cambiado muchísimo.

—¿Puedo? —pregunta la mujer mirando mi abultado vientre. Asiento con la cabeza y ella lleva la mano hacia mi barriga y la acaricia con mimo.

—Estoy de seis meses, es una niña —susurro.

—Creo que es lo más cerca que voy a estar de uno de mis nietos —comenta y la miro sin entender sus palabras bien. Le dedico una sonrisa y pienso que sus palabras se deban a que considere a mis hijos como nietos porque fue muy amiga de mi abuela y ella no los conoció.

—Nacerá en poco menos de tres meses, pero tengo otro hijo —anuncio.

—Cole. Es igual a su padre —dice de golpe y sonríe al mismo tiempo que la miro seria.

—¿Conoces a mi hijo? —pregunto con la voz cortada, sorprendida.

—Por favor, Maggie, siéntate —me invita a que lo haga a su lado en un sillón cercano.

Le cojo la mano entre las mías y me siento ante la mirada de esa señora que me observa con una gran sonrisa en sus labios y sabe demasiado de mi vida, algo que me sorprende—.

Creo que te preguntarás algunas cosas, sobre todo por qué estás aquí —comenta la mujer.

—Sí —respondo con sinceridad.

—Verás, Maggie, antes que nada, quiero decirte que me alegro muchísimo de que tú seas la madre de los hijos de Logan.

—Gracias —susurro al recordar que Lia conoció a mi marido en la casa de acogida en la que estuvo durante años—. Las cosas entre Logan y yo fueron complicadas en estos años, pero ahora todo está muy bien entre nosotros —comento.

—Lo sé, estoy al tanto. Nunca le he perdido la pista a Logan —reconoce de una forma tan natural que la miro con atención.

—Vaya, no sabía que mi marido siguiese teniendo relación contigo. Lo cierto es que desde que he regresado nuestra vida no ha sido un remanso de paz precisamente —excuso.

—No, Maggie. Hace años que no veo a Logan, pero yo siempre sé de él. Si te he llamado a ti es porque quiero confesarte algo que no me atrevo a hacerlo en persona, me muero de miedo, y te necesito a ti, su mujer.

—No te entiendo, Lia —susurro, confusa.

—Maggie, yo soy la verdadera madre de Logan —reconoce de golpe mientras me quedo sin respiración por un segundo.

—¡¿Qué?! —susurro con un nudo en la garganta.

—Logan fue producto de una aventura que tuve con otro hombre.

Yo estaba casada, tenía cuarenta años, y mi esposo era estéril.

Me di cuenta del embarazo cuando tenía cuatro meses.

Tuve suerte de que mi marido se marchó por un largo tiempo fuera por trabajo, tuve a Logan y lo dejé en la casa de acogida que dirigía y de la que era la dueña.

Desde que me casé con Pool me resigné a no poder tener hijos y él me regaló esa casa de acogida para dirigirla. Me dejé mi vida allí.

—¿Logan es tu hijo? —pregunto en un hilo de voz, sintiendo un gran escalofrío por todo mi cuerpo.

—Sí. Por eso nunca lo adoptaron. Sé que fui muy egoísta en esa parte, pero no quise que se lo llevasen y no volver a saber nada de él. Yo misma siempre ponía negativas e impedimentos a las personas que querían adoptarlo.

—No le diste una familia y le negaste encontrar una —murmuro mirándola como un monstruo.

—Era mi hijo, pasaba tiempo con él todos los días, lo veía crecer. Sé que no actué bien, pero no podía alejarlo de mí —justifica sin remordimiento alguno.

—¿Por qué no lo adoptaste? —le pregunto a modo de reproche.

—Mi marido se negaba. No quería a un hijo que no tuviese su sangre. Se lo planteé muchas veces con Logan. Le decía que era un niño muy bueno que necesitaba una familia como la nuestra, pero jamás aceptó.

—¿Mi abuela sabía que Logan era tu hijo? —pregunto al recordar que le insistió a mi padre para que lo contratase.

—No. Solo sabía que era un niño al que le tenía un afecto muy especial y había deseado adoptarlo, pero Pool se había negado en reiteradas ocasiones.

—¿Logan sabe que eres su madre? —inquiero con miedo.

—No. Me falta el valor para confesárselo de frente. Para ello te necesito a ti —revela de golpe.

—¿Yo? ¿Por qué quieres utilizarme en esto? —le reprocho.

—Porque eres la única que me puede ayudar.

Siempre seguí de cerca todos los pasos de mi hijo, soy conocedora de toda su vida.

Cuando me dijeron que tenía un nieto de dieciocho años y estabas embarazada supe que era el momento de revelar la verdad dado mi estado.

Logan merece saber quién es su madre. Deseo conocer a mis nietos antes de morir, Maggie —susurra con lágrimas en los ojos—. Es mi última voluntad.

—Conozco a Logan, no te va a perdonar esto —adelanto, muy segura de ello.

—Lo sé, pero necesito que sepa la verdad.

Antes de irme de este mundo tengo que hacer varias cosas; que mi hijo sepa que soy su madre, conocer a mis nietos y salvar a Logan del entramado en el que se encuentra ligado por culpa de adquirir la empresa de tu padre —enumera dejándome con la boca abierta.

—¡¿Cómo sabes eso?! —pregunto con los ojos muy ojos abiertos. Lia es una mujer de ochenta años que está prácticamente encerrada en una residencia de ancianos desde hace meses, ¿cómo sabe tanto sobre lo que ocurre fuera de aquí?

—Mi marido tenía mucho poder, dinero, empresas, que heredé cuando murió. Sé mucho, Maggie. Y te aseguro que desde esta cama protejo a Logan como una leona.

—¿Cómo? —insisto.

—Callaham sabe que Logan Kessler es intocable o todo lo que tiene se va a la mierda —revela con calma y muy segura—, y como él, algunos más.

Tienes que convencer a Logan de que venda Wexler a las empresas de mi marido, que ahora son mías.

De ellas dependen muchos negocios de fabricación y producción de Callaham y el resto de los mafiosos.

Solo así, dejando todo en empresas poderosas que controlan a esas personas en sus negocios podrá ser libre de nuevo y dedicarse solo a Kessler y volver a ser un hombre intachable como siempre ha sido.

—Lia… —susurro ante el poder de esa mujer.

—Desde que mi marido falleció hace trece años tomé el control de todo.

Cerré la casa de acogida y me convertí en alguien…

como tu padre. De hecho, me ayudó en algunos asuntos que no sabía manejar tras la muerte de Pool —confiesa—.

Solo quería ganar mucho dinero para ayudar a mi hijo.

Yo estuve detrás de cada inversión que hizo, de cada negocio que le fue bien al principio, de los créditos que le otorgaron para comenzar.

—¿Quieres que convenza a Logan de que venda Wexler a tus empresas y le diga que eres su madre? ¿En qué orden? —inquiero con desconfianza.

—Primero quiero a mi hijo libre de todo peligro, que se deshaga del trato con esas personas y poder estar relacionado en algo ilegal, luego quiero que sepa por ti que soy su madre, puedo aceptar que no venga a verme, pero necesito que tú intercedas para que mis nietos, Cole y esa niña que esperas, me conozcan.

Solo quiero verlos una vez. Entiendo que no me merezco el reconocimiento de abuela, pero deseo marcharme de este mundo con el recuerdo de sus ojos cerca de los míos —me suplica.

Tomo una gran bocanada de aire, cierro los ojos y me retuerzo las manos. Todo lo que Lia me acaba de confesar es algo que jamás hubiese imaginado. Pienso en mi marido y no puedo ni llegar a imaginar su reacción cuando sepa toda la verdad.

—¿Eres consciente de que me estás sometiendo a una situación muy complicada? —le reprocho. Tengo ganas de gritarle lo mala madre que fue con Logan durante años, las noches que pasó solo, las navidades, y que siempre deseó tener una familia y ella se lo negó en todos los sentidos.

—Sí, pero también sé que eres la única persona en la que puedo confiar en estos momentos.

Yo tengo mi merecido como consecuencia de mis actos, mi hijo lejos y su odio cuando sepa que soy su madre, pero quiero irme en paz, sabiendo que sobre su cabeza no pesa ninguna sombra.

Quiero hacer por él lo más importante de su vida, que no tenga problemas con mafiosos por culpa de Wexler y seáis una familia muy feliz por el resto de vuestras vidas.

—Intentaré convencer a Logan de que venda a tus empresas.

—Ya tienes en tu email todas las instrucciones y propuestas para la venta.

También los contactos de las personas con las que tendrás que tratar para llevarlo a cabo.

Todas son empleadas mías, si algo va mal, no dudes en hablar conmigo.

Puede que esté en una cama, pero tengo cabeza y energías para un poco más de tiempo.

—Estaremos en contacto, Lia —me despido de ella.

—Gracias por venir, Maggie. No sabes cómo me alegro de que seas la mujer que acompañará siempre a Logan. Hazlo muy feliz y dale todo lo que yo no supe ni pude hacer.

Me marcho de ese lugar, me refugio en el interior del coche y cuando el guardaespaldas que conduce me pregunta dónde vamos le indico que volvemos a casa.

De inmediato, le envío un mensaje a mi marido en el que le comunico que suspendo la comida de hoy porque me encuentro muy cansada y con sueño.

Necesito asimilar a solas todo lo que Lia Mckay me ha revelado, si voy a comer con Logan y con mi hijo ambos me verían demasiado distraída y pensativa y comenzarían a hacer preguntas.

Necesito refugiarme en la soledad de mi habitación, pensar y hablar con Malcolm de todo esto.

Siento que es la única persona que me puede ayudar.