No pienso rendirme contigo
Después de la mejor noche de mi vida, cuando me despierto Logan no está en la cama y siento un poco de decepción.
Lo escucho en el baño. Me levanto y me dirijo a la ducha.
Está debajo del agua, con ambas manos colocadas en los azulejos a la altura de su pecho y las piernas ligeramente separadas.
Admiro el increíble cuerpo de mi marido y lo deseo de nuevo.
Me introduzco en la ducha, lo abrazo por detrás, él se sorprende ante mi contacto, pero no me aparta.
Le doy un beso en la columna vertebral y me quedo abrazada a él mientras el agua no deja de correr por nuestros cuerpos.
Siento a mi marido dar un par de suspiros, pero se queda en silencio.
—¿Qué te pasa? —susurro acariciándole el abdomen con mis manos. Tengo mi mejilla pegada a su espalda y le escucho el corazón más acelerado de lo normal.
—Has roto todos mis planes —dice en una especie de lamento.
—No pienso rendirme contigo. Haré lo que sea para que sigamos juntos. Puedo entender que necesites tiempo para perdonarme, pero no voy a permitir que nos separemos, y mucho menos después de la noche que hemos tenido.
—Maggie, ahora tengo a una familia a la que proteger —susurra sin moverse.
—Ya no estás solo. Vivimos en un ático blindado de seguridad, llevamos guardaespaldas, una de tus empresas se dedica a la seguridad.
Cole necesita a sus padres juntos, y este bebé que llevo en mi vientre se merece que sus padres vivan unidos y queriéndose todo el proceso del embarazo ya que con nuestro otro hijo no pudimos hacerlo.
Obligo a Logan a que se gire y me mire a los ojos.
—Si me miras de esa forma me desarmas sin avisar —murmura.
—No sabes lo que agradezco tener ese poder —comento con una amplia sonrisa en mi boca, me coloco de puntillas y le doy un beso.
—Maggie… si doy un paso más, ya no voy a saber volver atrás —lamenta.
—Caminemos juntos, de la mano. Siempre hacia delante, mi amor, unidos.
Logan posa su enorme mano en mi vientre, cierra los ojos y siento cómo traga con dificultad.
—No puedo frenarlo más —susurra—. Te amo. Que dios nos proteja en todo esto.
Me besa, me abraza y me alza en sus brazos. Rodeo su cintura con mis piernas, tomo sus mejillas entre mis manos, lo miro a los ojos y antes de besarlo le digo:
—Siempre a tu lado. Nunca se te ocurra apartarme porque me aferraré a ti como una garrapata. Eres mío. Te he anhelado durante demasiado tiempo, hemos sufrido no estar juntos estos años. Aprovechemos la oportunidad que nos da la vida de ser una familia unida y feliz.
—La amo, señora Kessler. Tiene el don de hacerme sentir inmensamente querido. Eres lo más preciado que tengo en mi vida, no lo dudes nunca.
—Demuéstremelo, señor Kessler —lo insto con una sonrisa seductora, moviendo las caderas sobre su cintura.
Cole se encuentra en el salón cuando Logan y yo aparecemos en el ático con las ropas de la noche anterior arrugadas y ambos con el pelo húmedo. Creo que su padre y yo nos sentimos como dos adolescentes cuando llegan a casa y los pillan a una hora indeseada.
Logan y yo nos miramos sin saber qué decirle a Cole ni cómo justificar nuestro aspecto.
—La próxima vez que no tenga noticias de mi madre durante horas y tu estúpida seguridad no me diga dónde está les partiré la cara en vez de jaquear el sistema —le advierte Cole a su padre, serio, sin moverse del sofá, mirándonos con atención. No me gusta el tono amenazante que usa.
—¿Que has hecho qué? —le pregunta Logan, también serio, caminando hacia su hijo. Yo lo hago al lado de mi marido. Cole nos mira relajado, tumbado en el sofá con el mando a distancia en la mano.
—Jaquear tu sistema de seguridad y vuestros móviles. Me fui a la cama tranquilo cuando la posición de ambos era una suite en un hotel de la ciudad después de haber acudido a una fiesta de un tal Callaham, que, por cierto, ese tío trafica. ¿Os relacionáis con él? —inquiere con desconfianza.
Miro a Logan y observo cómo le palpita la vena del cuello y aprieta los dientes. Le coloco una mano en el pecho, se lo acaricio, en señal de tranquilizarlo.
—¿Has entrado en mi sistema de seguridad? —susurra.
—Fue fácil, no me llevó ni veinte minutos —vacila Cole.
—Logan… —murmuro a su lado, sin dejar de acariciarle el pecho, es mi forma de pararlo. Puedo sentir su enfado.
—¿Lo estás escuchando, Maggie? —inquiere mirándome.
—Cole es muy hábil con los ordenadores desde pequeño. Malcolm le ha enseñado muchas cosas —justifico.
—No tantas, las mejores las aprendí por mi cuenta —revela Cole.
—Eres una máquina, hijo —manifiesta Logan con admiración y sus palabras hacen que me tranquilice—.
Mañana vendrás conmigo a la empresa y le vas a enseñar a gente que le pago muy bien cómo has accedido a mi seguridad en minutos.
Igual hasta tengo que despedir a algunos por incompetentes.
Te quiero trabajando para mí —dice con orgullo, mostrándole una sonrisa.
—Logan… Cole tiene que estudiar —lo reprendo.
—Mamá, puedo hacer las dos cosas. Recuerda que siempre tuve una inteligencia superior a la media.
—Ya hablaremos —murmura su padre.
—¿Y ahora me vais a explicar vuestro aspecto? —pregunta mirándonos de arriba abajo con una sonrisilla.
Yo tomo una bocanada de aire mientras que Logan responde con naturalidad:
—Es el aspecto de una pareja enamorada que lleva toda la noche reconciliándose.
Siento un gran rubor en mis mejillas cuando mi hijo esboza una amplia sonrisa. Creo que ha realizado la pregunta adrede.
—Me alegra que todo esté bien entre vosotros. Ya me estaba planteando largarme de esta casa si la tensión entre vosotros continuaba.
—Quiero que seamos una familia unida. Que vivamos juntos, hemos perdido tanto tiempo… —le ruego a Cole sentándome a su lado.
—Tu madre y yo compramos una propiedad que estamos terminando de arreglar. Es mucho más grande que este ático. Una casa con jardín y piscina. Te pasaremos los planos y aún estás a tiempo de diseñar los espacios que quieras para ti.
—Bien. Vosotros en un ala y yo en otra. Tampoco quiero que te tengas que llevar a mamá a un hotel cada vez que tengáis que pasar una noche… ya sabéis —bromea. Logan sonríe ampliamente y yo carraspeo algo incómoda.
—Probablemente las noches que nos vengan sean más con llantos del bebé —comento.
—Igual te pedimos que cuides de tu hermana —bromea Logan palpándole la espalda a su hijo.
—Me preocupa que tengáis negocios con ese tal Callaham —nos observa Cole a ambos, serio, cambiando de forma radical de tema.
—Creo que Cole debe de saber la verdad. Ya no es un niño —dice Logan mirándome—. Creo que puedes ir a darte una ducha, descansar y yo iré con nuestro hijo a mi despacho y lo pondré al tanto de todo. ¿Te parece? —me pregunta mi marido.
—Bien —susurro sin llegar a estar muy convencida, pero no hay otra. Cole ha descubierto cosas sobre Callaham y prefiero que sepa la verdad por sus padres. Lo cierto es que me siento cansada. Apenas he dormido esta noche y me vendrá bien descansar.
Logan se acerca, me da un breve beso en los labios y luego mi hijo me abraza. Me siento tan inmensamente feliz con los dos hombres de mi vida frente a mí mirándome con el amor que lo hacen que no pido nada más. Solo que seamos muy felices el resto de nuestras vidas.
Subo a mi habitación, me coloco un pijama y me meto en la cama. Me inquieta que Cole vaya a conocer la existencia de Callaham en nuestro camino y sus negocios ligados a Wexler.
El sueño me vence y cuando siento a mi marido en la cama junto a mí, abrazándome, sé que han pasado varias horas.
—Tengo remordimientos de conciencia por haber dejado a mi mujer tan exhausta —susurra con una enorme sonrisa.
—¿Cómo ha ido con Cole? —me intereso.
—Muy bien. Es muy listo. Si no fuese mi hijo, y mi heredero —dice con sumo orgullo—, le pondría un contrato millonario por delante para que trabajase para mí desde este momento.
—¿Tienes idea las veces que he soñado esto? Los tres juntos y tú orgulloso de nuestro hijo. —Logan me mira en silencio, serio—. ¿Estamos bien? —pregunto con miedo.
Se acerca, me da un beso en los labios y me abraza con fuerza.
—Tengo que confesarte algo —susurra y lo miro a los ojos con preocupación—. Me había acostumbrado a tenerte toda para mí y ahora, de la noche a la mañana, tendré que compartirte con nuestros dos hijos.
Suelto una sonora carcajada y lo abrazo comprendiendo su miedo. Logan nunca ha tenido a nadie que lo quiera tanto como yo.
—Nuestros hijos son una proyección de nuestro amor. Lo mejor de nosotros. Siempre vas a ser el gran amor de mi vida. Nunca voy a dejar de amarte.
—Lo sé, Maggie. Eres lo mejor que me ha pasado. Tener a Cole y a este bebé que viene en camino —acaricia mi vientre—, es el mejor regalo de mi vida. Solo te voy a pedir que me tengas paciencia y si ves que no lo hago bien con mis hijos me indiques cómo hacerlo. No quiero defraudarlos.
—No lo harías nunca. Te lo aseguro —le confieso acariciándole el rostro con mimo y luego lo beso. El gran Logan Kessler, ese hombre que parece de hielo, está muerto de miedo por no saber ser un buen padre.