Un acuerdo con el diablo Capítulo 33
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Capítulo 33

¿Me perdonará algún día?

Siento que mi pecho va a estallar de completa felicidad cuando miro a Logan con varias lágrimas en sus ojos mientras observamos juntos la ecografía a nuestro bebé y con la fuerza que late su corazón.

—Está todo bien, Maggie —anuncia la doctora—. Creo que va a ser una buena campeona en esta vida.

—¡¿Es niña?! —pregunto con alegría.

—Por la curvatura de su pelvis estoy casi segura. Lo sabremos con certeza el próximo mes. Enhorabuena —nos indica a ambos—. Pero deberás seguir guardando reposo una semana más hasta ver cómo evoluciona todo —establece.

—¿Puedo volver a casa? —pregunto con interés.

—Si me prometes que vas a estar tranquila en cama y el sofá y seguir todas las indicaciones, sí.

—Lo haré —digo de inmediato.

—Entonces prepararé todo para que puedas marcharte hoy mismo. Señor, Kessler, cuídela mucho.

—Lo haré —dice Logan.

Mientras esperamos los documentos del alta hospitalaria Logan me extiende una tablet y me indica que debo firmar algunos documentos necesarios en Wexler y la fundación.

Ni siquiera me fijo de qué se tratan, confío plenamente en él.

En estos momentos solo me interesa salir de este hospital, recuperarme, que mi bebé esté bien y poder hacer una vida normal como con el embarazo de Cole.

Antes de salir del hospital Logan me pregunta:

—¿Dónde quieres ir, a mi ático o con tu madre y Malcolm? —me extraña mucho que me plantee esto, me quedo fría y pensativa. Su ático era nuestra casa hasta hace poco, este cambio me hace sentir a Logan muy lejos de mí.

—¿No quieres que vuelva contigo? —inquiero con miedo.

—Yo solo deseo que vayas donde estés más cómoda.

—En estos meses he llegado a considerar tu ático nuestra casa, mi hogar —susurro.

—Es tú elección, Maggie. Comprendería que desees estar con tu madre.

—Ella y Malcolm llevan unos meses separados, no quisiera ser un estorbo para ambos. Se merecen ser felices —alego. No quiero separarme de Logan. La situación por la que pasamos es lo suficientemente difícil como para vivir en diferentes lugares.

—Bien. No hay nada más que discutir —manifiesta de forma distante.

Regresamos a casa en un incómodo silencio. Logan conduce y finge estar pendiente al tráfico, pero yo lo conozco muy bien y sé que me está evitando.

En todo momento me ayuda, se muestra caballeroso cuando me tengo que bajar del coche y me carga en sus brazos, pero yo necesito que me mire con amor y desaparezca esa frialdad de sus ojos.

Todo el trayecto en el ascensor ni siquiera me mira.

Mantiene la mirada al frente mientras que yo recuesto la cabeza en su pecho y escucho los latidos de su corazón.

Lo siento acelerado a través de su camisa.

Percibo todo su cuerpo en tensión y freno las ganas de abrazarlo y besarlo.

Cuando entramos en el salón, Logan aún me lleva cargada en sus brazos, nos reciben Cole, Malcolm, mi madre, Owen, Mary y su marido. No los esperaba ahí.

Logan me deja con cuidado en el sofá mientras que el resto se interesa por mi estado. Percibo cómo mi marido y mi madre se miran y creo que ha llegado el momento de ser presentados. Me encargo de ello y luego Mary nos anuncia que ha preparado una exquisita comida como recibimiento.

Sentarme a la mesa con todas las personas que más quiero es algo que había deseado desde hacía mucho tiempo, pero tener a mi lado a Logan y que entre nosotros exista esta distancia me hace sentir un gran vacío.

Mi marido se interesa porque mi madre esté bien en Nueva York y no le falte de nada. Al mismo tiempo anuncia:

—Maggie, he dispuesto una habitación aquí abajo para que estés más cómoda y no tengas que subir y bajar las escaleras.

Cole, esta tarde vendrá un decorador para que junto con tu madre redecoréis una de las habitaciones, la que elijas para ti.

Quiero que te sientas cómodo en este lugar.

Y cualquier otra cosa que necesites, por favor, no dudes en pedírmela.

Mi hijo y yo miramos a Logan en silencio, luego Cole dice:

—Yo solo quiero estar al lado de mi madre. Las decoraciones no van conmigo. Me vale cualquier cosa. Puedes decirle al decorador que no venga. Yo soy más sencillo, tanto lujo ante el que te mueves más que impresionarme me abruma.

Esbozo una sonrisa de admiración hacia mi hijo y estoy a punto de aplaudir. Ha dejado a su padre sin palabras. Siento que traga con dificultad y carraspea, incómodo, mientras se remueve en la silla que ocupa.

—Cole se ha criado en un ambiente en el que no le ha faltado de nada, pero sencillo.

Siempre he querido que mi hijo aprecie el valor de lo que cuesta conseguir las cosas —percibo que Logan recibe mis palabras como un dardo envenenado, coloca las manos sobre la mesa e intuyo que va a abandonarla, pero no lo permito.

Le pongo una mano sobre el antebrazo, ejerciendo presión y añado—: Estoy segura de que tras una charla entre padre e hijo, en la que le cuentes que con su edad no tenías apenas nada y cómo conseguiste tu gran fortuna en estos años Cole llegará a entender tu modo de vida.

Logan toma una bocanada de aire y me mira. Siento en sus ojos menos tensión.

—No tuve padres, me crie en un hogar de acogida.

Nunca tuve una familia. Con dieciocho años me busqué la vida y conseguí un trabajo como jardinero en la mansión donde vivía tu madre, luego pasé a ser su chófer —relata.

Cole, que desconocía hasta el momento la verdadera historia de su padre, lo mira con sorpresa—.

Yo no entiendo nada de decoraciones ni me interesan, contrato a personal cualificado —comenta dirigiéndole una media sonrisa a nuestro hijo con un guiño de ojo que logra relajar el ambiente.

Malcolm se levanta de la mesa y dice:

—Grace, creo que Logan y Cole necesitan conocerse mejor y hacerse muchas preguntas. Será mejor que nos retiremos para que tengan la intimidad que necesitan.

Nos despedimos de ellos y Owen los acompaña a la salida. Logan, Cole y yo nos quedamos sentados a la mesa en silencio.

—Igual necesitáis hablar a solas —los animo—. Voy a descansar un poco.

Comienzo a levantarme, Logan intenta cargarme en sus brazos y le indico con amabilidad:

—Puedo sola. La doctora no dijo que no pudiese caminar de un lugar a otro en mi casa.

Los hombres de mi vida me acompañan hasta mi nueva habitación en la planta baja como dos guardaespaldas y no me dejan sola hasta que comprueban que estoy en la cama dispuesta a descansar.

Cuando los observo salir juntos de espaldas por la puerta me emociono de todo lo que se parecen, tienen la misma altura, complexión física y siento una gran pena porque sean unos desconocidos. Algo que espero se solucione con el tiempo.

Observo mi nuevo cuarto, abro un cajón de la mesita de noche y descubro mis pertenencias ahí.

La duda me invade y me pregunto con miedo si Logan compartirá este espacio conmigo.

Acaricio el inmenso espacio libre que hay a mi lado de la cama, es enorme, lo echo de menos y anhelo tenerlo abrazado a mí.