Un acuerdo con el diablo Recomponer todas las piezas
75%

Recomponer todas las piezas

Abro los ojos cuando el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse me despierta. Aprecio que ya ha oscurecido y que he dormido varias horas. Observo a Logan, parado a los pies de la cama, que me pregunta:

—¿Cómo estás?

—Bien. Creo que en paz conmigo misma tras haber hablado contigo y con Cole. ¿Dónde está? —me intereso.

—Lo envié a casa a dormir. —Nos miramos en silencio y luego Logan comenta—: Hemos hablado durante un par de horas en la cafetería y ya me siento muy orgulloso de él.

—Es igual a ti cuando tenías su edad. Y no me refiero solo al físico.

Logan asiente, aprecio que toma una bocanada de aire y suspira.

Lo siento en tensión. Han sido muchísimas las emociones que ha vivido hoy y yo daría lo que fuese por levantarme de esta cama y abrazarlo.

Lo miro con lágrimas en mis ojos, lo siento cansado y abatido, como si hubiese librado una gran batalla.

—¿Por qué no te has marchado con Cole a descansar a casa? —me atrevo a preguntar.

—Porque sigue existiendo una amenaza de aborto y no quiero estar lejos de ti.

—Estás derrotado, mírate.

—Hace dos noches que no duermo nada —susurra.

—Hoy no ha sido un día fácil —murmuro.

—Te juro que ha sido el más complicado de toda mi vida, pero al mismo tiempo el más emocionante. Tenemos un hijo y otro en camino —comenta con la voz quebrada.

Lo miro con pena y emoción. Abro mis brazos y lo animo para que acuda a ellos con miedo a que me rechace.

Logan se lo piensa, me hace temblar, pero cuando ya pienso que no acudirá a mí, se rompe en mil pedazos, estalla en lágrimas y en dos zancadas se abraza a mi pecho sollozando como un niño pequeño.

Lo abrazo en silencio, acariciándole la cabeza mientras yo también lloro.

—Maggie… Cada vez que pienso cuando te encontré con Cole en la cama, todo lo que sentí, las ganas que tuve de matarlo… Te juro que cuando confesaste que era mi hijo no podía creerlo. Aun lo miro y me resulta un completo milagro. Es como mirarme a mí con su edad —reconoce acongojado.

—Todos estos años te tuve muy lejos y muy cerca al mismo tiempo. Cada vez que miraba a nuestro hijo a los ojos veía los tuyos, y conforme Cole crecía se convertía en un hombre como su padre.

—Maggie… no sé cómo recuperar a mi hijo —confiesa y lo siento aterrorizado.

—Nunca has perdido a Cole. Solo que os habéis conocido en unas circunstancias que nunca debieron de darse, pero creo que hoy no ha ido mal.

—Tengo miedo de no saber ser padre. Tiene dieciocho años, es todo un hombre. No sé ni cómo tratarlo —confiesa con temor.

—Cole es muy noble. No tienes que pensar en alguien que no conoces, piensa en ti mismo. Si a tu edad hubiese aparecido tu padre, ¿qué te gustaría qué hubiese pasado? ¿Qué hubieras hecho?

—Estoy tan perdido…

—Creo que en estos momentos lo estamos los tres.

—La cabeza me va a estallar. No puedo más.

—Ven —le hago un lado en la cama, Logan no duda en acomodarse tendido junto a mí y me abraza.

Con la cabeza recostada en mi pecho, mientras le acaricio el cabello se queda profundamente dormido.

Una enfermera entra en la habitación, mi marido ni se inmuta, lo ve acurrucado a mi lado y me mira con el ceño fruncido. Antes de que diga algo le explico:

—Si lo tengo junto a mí estoy más tranquila, duermo y descanso mejor. Por favor, ¿sería posible que no nos molesten por el resto de la noche a menos que llamemos para algo?

—Por supuesto, señora Kessler. Que descanse.

—Gracias.

La enfermera sale de la habitación, apaga la luz y yo cierro los ojos sintiendo la respiración calmada de mi marido a mi lado.

Duermo toda la noche sin despertarme, cuando abro los ojos tengo a una enfermera cerca y Logan no está por ningún lugar de la habitación.

—¿Y mi marido? —pregunto.

—Se marchó hace una hora.

Desayuno, pasa el médico, me indica que todo sigue estable, pero que debo permanecer en el hospital unos días más y, sobre todo, guardar reposo.

Cole aparece por la puerta con un precioso ramo de flores que me emociona por el detalle.

—Para la mejor madre del mundo entero —susurra dándome un beso y un abrazo.

Unas lágrimas se escapan de mis ojos por lo afortunada que soy de tenerlo y de que haya aceptado todo y no me guarde ningún tipo de rencor.

—Gracias. Mil veces gracias por ser como eres. Por la madurez que me estás demostrando.

—Te quiero, mamá.

—¿Qué tal fue todo ayer con tu padre? —me atrevo a preguntar.

—Bueno… es raro. Supongo que tengo que acostumbrarme a que es mi padre y verlo como tal.

—Logan es increíble. Dale una oportunidad, no te arrepentirás.

—¿Cómo está todo entre tú y él? —pregunta.

—Si te digo la verdad, no lo sé. Ha pasado la noche aquí cuidándome, pero cuando he despertado ya no estaba.

—Me lo he cruzado en el ático. Me pidió que estuviese aquí contigo el resto del día. Me dijo que tenía unos asuntos que resolver en el trabajo.

De repente, la puerta de la habitación se abre y cuando veo aparecer a Malcolm y a mi madre me llevo las manos a la boca y lloro.

—¡Mamá! —sollozo con emoción—. Tú en Nueva York.

—Mi vida. Ya soy libre. Vuelvo a ser Grace Wexler.

—Bueno, eso será por poco tiempo porque legalmente eres viuda y le he pedido matrimonio —revela Malcolm.

—Oh, enhorabuena —susurro mirando a ambos con los ojos anegados de lágrimas.

—Creo que la enhorabuena debemos de dártela a ti —dice mi madre—. ¿Cómo estás, cariño? He venido a cuidarte. No pienso moverme de tu lado —dice abrazándome.

—Por el momento todo va bien.

—Muchacho, tú y yo tenemos que hablar seriamente —le indica Malcolm a Cole—. Hurgaste en mis cosas, mi ordenador y descubriste el paradero de tu madre en Nueva York.

—Te escuché decir algo sobre su marido. Me extrañó que se hubiese casado sin decirme nada y decidí venir a comprobar qué estaba pasando con ella.

—Cole, ¿entraste en el ordenador de Malcolm? —lo regaño.

—Ya sabes lo hábil que soy con los ordenadores. Ni te diste cuenta —le dice a Malcolm con orgullo.

—Cometiste una imprudencia —le indica su abuela.

—Soy mayor de edad. Sé cuidarme. Y no pienso volver a Qatar —les deja claro.

—Creo que ninguno lo haremos —susurra Malcolm.

—Vamos a tomarnos un café, abuelo. —Cole siempre ha visto a Malcolm como su abuelo pese a saber que no era mi padre.

—Lo necesito después del largo vuelo.

Ambos salen por la puerta y cuando mi madre y yo nos quedamos a solas me abrazo a ella y me permito llorar. Con ella no tengo secretos, siempre ha sido mi fiel confidente.

—Maggie, mi vida. Por cuánto has pasado desde que nos vimos por última vez.

—Mamá, parece que han transcurrido años cuando solo han sido unos meses.

—¿Cómo está todo con tu marido? —se interesa.

—No lo sé. No hemos hablado sobre nosotros.

—Tengo ganas de conocerlo. Puso su avión privado a nuestra disposición para volver. Malcolm habla muy bien de él.

—¿Logan sabe que estáis aquí? —pregunto con sorpresa.

—Sí. Él nos ha facilitado todo. Envió su avión hacia Qatar cuando él aterrizó en Nueva York después del viaje a Miami. Quería que fuese una sorpresa para ti. Aceptamos el ofrecimiento porque descubrimos que Cole ya había volado rumbo a Nueva York y era la forma más rápida de seguirlo.

—De nada sirven ya las lamentaciones. Todo ha sucedido de la peor de las maneras.

—Owen nos contó todo, por eso estamos aquí. Debes permanecer tranquila por el bien de este bebé. Estoy tan contenta de volver a ser abuela…

—Tengo mucho miedo, mamá. No quiero perderlo —susurro con lágrimas en los ojos.

—Todo va a ir bien.

Paso el resto del día en compañía de mi madre, de mi hijo y de Malcolm, preguntándome cuándo volverá Logan.

Aparece al final de la tarde, con aspecto de cansado y cuando me mira a los ojos sé que haber dormido anoche abrazados no ha solucionado las cosas entre nosotros.

No se acerca a mí ni me da un beso. Desde una distancia prudente me pregunta cómo me encuentro.

—Mejor.

—He estado informado. He hablado con los médicos dos veces —dice—. ¿Qué tal todo con tu madre? —pregunta.

—Ha sido una sorpresa verla aquí. Se ha marchado hace un rato. ¿Cómo ha ido el día por la empresa? Desde aquí puedo trabajar —le ofrezco. No quiero que cargue con toda la responsabilidad.

—Debes estar tranquila. Pero tienes que firmar algunos documentos. Mañana traeré una tablet para que lo hagas.

—Vale.

—Cuando me den el alta pienso seguir trabajando —especifico.

—Ya veremos.

Cole aparece con una bolsa de comida. Esta mañana me he quejado del almuerzo y mi hijo, que es muy atento, no ha dudado en bajar a un restaurante cercano y traerme alimentos que me gustan para la cena.

—Hola —saluda Cole a su padre.

—¿Qué tal estás? —le pregunta de forma cordial.

—Bien, cuidando de mamá. Ha querido levantarse en un par de ocasiones, pero no la he dejado —lo reprendo con la mirada por contarle esto a su padre.

—¿Cenas con nosotros? He comprado comida suficiente —le propone Cole a Logan.

Mi marido me dirige una mirada en silencio y luego dice:

—Claro. —Se deshace de su chaqueta y se remanga las mangas de la camisa. Yo lo miro y lo encuentro irresistible. Anhelo un beso suyo, que me mire con cariño y amor.

Cole se encarga de sacar toda la comida que ha comprado, la coloca sobre una mesa, la acerca a la cama para que yo no me mueva y ambos cogen unas sillas y se sientan a mi lado.

—¿Qué tienes pensado para tu futuro? —le pregunta Logan a su hijo con interés.

—He terminado el instituto con buenas notas y se me dan muy bien los ordenadores —le explica.

—Es muy inteligente. Puede hacer lo que se proponga en esta vida —le indico con orgullo a su padre.

—¿Te gustaría ir a una universidad aquí en Nueva York? —le plantea Logan.

—Sí, deseo formarme.

—Bien, puedes escoger la especialidad que desees. No hay problema por el dinero. Quería darte esto —le indica Logan sacando una tarjeta bancaria de su cartera—. Es para ti. No tiene límites —especifica mientras yo lo miro seria—. ¿Tienes carnet de conducir?

—Sí.

—Quiero que sepas que todos mis coches están a tu disposición. O si prefieres comprarte uno…

—¿Cuántos tienes? —pregunta mi hijo con interés.

—Cinco, un…

—Logan —llamo su atención en un tono de voz firme y serio, pidiéndole que pare. Por la mirada que le dirijo sabe que lo estoy regañando por su actitud. Se queda callado. Le dedico una sonrisa forzada e intento relajarme.

—Bueno, ¿te quedas con mamá esta noche? —le pregunta Cole a su padre. Ha entendido la tensión en el ambiente.

—No hace falta. Marchaos los dos a casa a descansar —digo de inmediato—. Estoy bien.

—Me quedaré —susurra mi marido y sé por el tono frío que ha usado en su voz que su decisión no admite cambio.

—Vale, entonces yo me marcho. Volveré por la mañana. —Cole me da un beso y cuando va a despedirse de su padre no sabe cómo hacerlo. Le da una palmada en el hombro y sale de la habitación.

En cuanto Cole cierra la puerta le recrimino a Logan:

—Ejercer de padre no significa poner todos tus millones a disposición de tu hijo. ¿Una tarjeta bancaria sin límite y le ofreces que se compre el coche que quiera? ¿De verdad, Logan?

—Solo quiero darle todo lo que no pude en estos años.

—Pues déjame decirte que no es la forma. Igual Cole lo que necesita es pasar tiempo con su padre y conocerlo.

—Te recuerdo que no es mi culpa que no lo conozca —me espeta de golpe, perdiendo la paciencia y paseándose por la habitación nervioso. Se hace un silencio incómodo entre ambos y pasados unos minutos Logan me dice—: Lo siento, no sé manejar este asunto —reconoce, agobiado.

—No tienes por qué hacerlo solo. Puedo ayudarte. Cole es muy fácil de tratar. Y está llevando muy bien la situación.

—¿Me llamará algún día papá? —inquiere con miedo—. ¿Llegará a quererme o ha llegado a mi vida demasiado tarde? —susurra, agobiado.

—Logan, cuando te conozca te querrá. Y no me cabe la menor duda de que algún día te llamará papá con sumo orgullo. Solo tienes que darle tiempo, dároslo los dos.

Se revuelve el pelo y se sienta en un sofá al fondo. Siento que la situación lo ha superado por completo.

Una enfermera acude a la habitación, me pregunta cómo me encuentro y me da permiso para levantarme solo al baño, algo que agradezco mucho tras estar en esta cama un día entero sin salir de ella.

En cuanto nos quedamos a solas comienzo a echar los pies al suelo y Logan corre hacia mí:

—¿Dónde vas?

—Al baño. Necesito meterme debajo de la ducha y hacer mis necesidades en un váter.

—Te acompaño, te puedes marear. —Me agarra por la cintura y me toma del brazo. Cuando siento su contacto sé todo lo que lo echo de menos.

Pisamos el baño, estoy bien, no me he mareado al levantarme, y espero que Logan se marche. Lo miro en silencio y él parece leer mis ojos.

—No me voy a ir. Me quedaré aquí.

—Voy a ducharme y a hacer pis, necesito intimidad —le indico algo crispada.

—¿Conmigo? Por favor, Maggie, no me vengas con esas ahora. No voy a dejarte sola, así que tú decides, o haces lo que vayas a hacer conmigo a tu lado en todo momento o vuelves a la cama de mi mano.

—Te odio cuando te conviertes en un completo mandón que no se viene a razones —le espeto, enfadada.

Hace un gesto con los hombros y me mira serio.

Me siento a hacer pis bajo su atenta mirada y luego me ayuda a desnudarme cuando intuye mis intenciones de hacerlo. Me meto en la ducha mientras no me pasa desapercibido cómo sus ojos recorren todo mi cuerpo desnudo al detalle.

Cuando salgo de la ducha me envuelve en una toalla. Me abraza por detrás durante unos segundos y siento un gran alivio al tenerlo tan cerca, pero esta aproximación apenas dura. Me ayuda a vestirme de nuevo y vuelvo a la cama.

—¿Estás bien? —pregunta con el ceño fruncido, lo siento preocupado.

—Sí. Mañana me harán una nueva ecografía y me dirán cómo sigue el bebé. La de hoy te la has perdido. ¿Estarás presente?

—Vendré. Hoy me surgieron un montón de complicaciones, pero el doctor me envió las imágenes de la ecografía y he podido ver cómo está mi hijo. —Lo ignoraba y esto me hace esbozar una enorme sonrisa—. Creo que debes dormir y descansar —me sugiere.

—¿Vas a quedarte? —pregunto cuando advierto que se sienta de forma relajada en el sillón que tengo cerca.

—Sí.

—No es necesario —insisto.

—Quiero hacerlo. Maggie, no viví a tu lado el anterior embarazo, no quiero perderme nada de este —susurra y sus palabras me hacen albergar una posibilidad de que todo entre nosotros se arregle pronto.

—Perdóname por no decírtelo en cuanto me enteré de este embarazo —murmuro con culpa.

—Me hubiese gustado que mi mujer confiase en mí y no me ocultase las cosas.

—Solo trataba de proteger a Cole y a ti.

—Pues te equivocaste —me espeta, serio.

Cierro los ojos y doy por terminada la conversación. No deseo una discusión ni más reproches. El pasado no se puede cambiar y el futuro es algo que veo muy incierto en estos momentos.