Un acuerdo con el diablo Capítulo 31
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Capítulo 31

Cuando todo estalla

—¡¡¡¿Qué coño es esto, Maggie?!!! —me despierta el grito de la voz de mi marido, apostado en los pies de la cama. Su mirada furiosa, clavada en Cole, a mi lado, y que solo lleva unos calzoncillos me sobresalta.

—No es lo que estás pensando, Logan —manifiesto levantándome de la cama con prisa, yendo hacia él para explicarle todo. Tiene la mirada ensangrentada y los puños cerrados con fuerza.

—¿En nuestra casa, en nuestra cama? ¿Con otro hombre? —brama fuera de sí—. ¡No tienes vergüenza! ¿Qué clase de mujerzuela eres? —me espeta con asco, mirándome de arriba abajo.

—Por favor, deja que te lo explique. No era así como debías enterarte —le suplico intentando tocarlo para que se calme. Está como loco.

Logan aparta mi mano de él con tanta rabia y fuerza que aterrizo en el suelo debido a mi debilidad.

—No te atrevas a tocarla, hijo de puta —grita Cole, que se abalanza sobre Logan como un felino para defenderme.

Cole le da el primer golpe en la cara, pero Logan lo empuja y lo tira al suelo, bloqueándolo.

—¡No, parad! ¡Por favor! —grito con fuerza al verlos enzarzados en una pelea al mismo tiempo que siento que me cuesta levantarme del suelo. No tengo fuerzas.

—¡Fuera de mi casa! —le grita Logan a Cole cogiéndolo del cuello. Lo tiene tumbado en el suelo y mi marido se cierne sobre él.

—¡No le hagas daño! —grito, apostada a su lado, me he levantado con grandes esfuerzos—. Te lo suplico —le ruego llorando, desesperada.

—Eres una cualquiera, Maggie —susurra con el puño apretado, dispuesto a estamparlo en la cara de Cole.

—Logan, ¡No! —grito hasta desgarrarme la garganta—. ¡Es tu hijo! —confieso—. Cole es tu hijo —revelo con el corazón a punto de salírseme por la boca—. No hagas algo de lo que te puedas arrepentir.

Logan me mira con el puño suspendido en el aire y la otra mano en el cuello de Cole.

—¡¿Qué coño estás diciendo?! —brama con sus ojos ensangrentados y los dientes apretados.

En ese momento de despiste Cole se deshace del agarre de su padre, lo tira al suelo y se coloca delante de mí, protegiéndome.

—Cole es nuestro hijo. Tiene dieciocho años —revelo con la voz rota y lágrimas rodando por mis mejillas, temblando mientras apenas soy capaz de sostenerme en pie.

—Qué dices, mamá —susurra Cole, tan extrañado como Logan. Para él su padre está muerto.

Mi marido me mira con los ojos muy abiertos, mudo ante la impresión.

—Tengo que daros muchas explicaciones a los dos. Pero no puedo dejar que os matéis —manifiesto con dolor. Siento que me rompo. Jamás llegué a imaginar una situación como esta.

—¿Qué es todo esto, Maggie? —inquiere Logan, desconcertado, mirándome a mí y a Cole sin creer nada de lo que le digo.

—Míralo bien. Tiene tus ojos. Es igual a ti. Es tu hijo.

Observo cómo Logan mueve la cabeza.

—¿Mi padre no estaba muerto? —pregunta Cole a mi lado, tan descolocado como Logan ante la rocambolesca situación.

—Cole, hay muchas cosas que no sabes. Logan es tu padre —revelo con los ojos anegados en lágrimas.

—¡¿Qué clase de juego es este?! —brama Logan, fuera de sí por completo.

Cole y mi marido se miden con los ojos en un tenso silencio.

—Siento haber guardado este secreto por tanto tiempo —sollozo con mil lágrimas rodando por mi rostro.

De repente, Cole sale corriendo de la habitación, voy tras él, descalza, grito su nombre, intento que se pare, bajo las escaleras con cuidado pero no se detiene ante mis ruegos.

Recoge la mochila con la que llegó la noche anterior y se marcha con ella mientras yo me quedo en el último escalón de la escalera sentada porque ya no puedo más.

Un fuerte dolor me deja casi sin respiración.

Lloro, intento levantarme, pero no puedo.

Después siento a Logan bajar las escaleras corriendo.

—Se ha ido, por favor, páralo. Ve tras él. No conoce Nueva York. Nunca ha estado aquí. Llegó por sorpresa anoche. Él estaba en Qatar con mi madre —le explico muy nerviosa.

—¡¿Cuándo pensabas contarme que teníamos un hijo, Maggie?

! —brama Logan paseándose por el salón, alejado de mí, como una fiera acorralada—.

Dieciocho años, tiene dieciocho años. Llevas casi cinco meses en Nueva York.

Tres meses en los que pensaba que nuestro amor y nuestro matrimonio era perfecto, en el que no había secretos entre nosotros y resulta que tenemos un hijo y no me has dicho nada en todo este tiempo —grita fuera de sí.

—Logan… —susurro con la voz rota.

—¿Realmente es mío? —inquiere mirándome desde la distancia con odio.

—Es tuyo, por dios, cómo puedes dudarlo. Cole es un calco de su padre. Tus mismos ojos, tu estatura… Es igual que tú cuando te conocí —grito con dolor ante sus dudas.

—¡¿Por qué me lo has ocultado todo este tiempo?! —me exige fuera de sí.

—Logan… Llama a una ambulancia —le suplico llevándome las manos al vientre, con la mirada clavada en la sangre que tengo en los pantalones del pijama que llevo puesto.

—¡¿Para qué coño quieres una ambulancia?! —grita girándose sobre sus talones. Clava sus ojos en mí y estos se agrandan al ver la sangre.

—Creo que estoy sufriendo un aborto —revelo con lágrimas en los ojos, nerviosa.

—¡¿Qué?! —pregunta con la voz cortada, paralizado delante de mí.

—Estoy embarazada —susurro con lágrimas en los ojos. Queriéndome morir ante la situación en la que nos encontramos.

—¡Joder! —brama revolviéndose el pelo, sacando su móvil del bolsillo de su pantalón.

Logan se arrodilla ante mí, llama a una ambulancia, exige, muy nervioso que venga cuanto antes diciendo:

—Rápido, mi mujer tiene una hemorragia. Está embarazada.

Siento sus brazos alrededor, me levanta y me lleva al sofá. Me tiende y se sienta a mi lado. Me coge la mano y me pregunta muy preocupado, con sudor en su frente:

—¿Cómo estás?

—Creo que estamos perdiendo a nuestro bebé —manifiesto con voz débil. Se me nubla la vista y me cuesta permanecer consciente.

Cuando vuelvo a abrir los ojos me encuentro en una habitación de hospital, en una cama, con una vía en el brazo y Logan está a los pies de esta.

Tiene un aspecto terrible. Su camisa está manchada de sangre, arrugada y lleva las mangas remangadas hasta los codos.

Tiene unas profundas ojeras y todo su cuerpo está en tensión.

—Logan… —susurro para llamar su atención. Tiene la mirada perdida. Me llevo las manos al vientre y lo miro con lágrimas en los ojos. Desconozco qué ha pasado con el embarazo desde que llegamos al hospital—. ¿El bebé?

Toma una bocanada de aire y dice:

—Aún lo tienes dentro de ti. Sigue habiendo latido. Aunque continúa existiendo un riesgo alto de aborto por el sangrado que has tenido. No podrás moverte de esa cama en unos días.

Cierro los ojos, suspiro y lloro con más fuerza agradeciendo que no lo haya perdido por el momento.

Logan permanece en los pies de la cama, mirándome de forma distante. Sus ojos están cargados de reproches y dolor. En estos momentos necesito que me abrace, que me susurre que todo va a ir bien, sin embargo, lo siento más lejos de mí que nunca.

—Logan, ¿dónde está Cole? —pregunto de golpe, angustiada por mi hijo.

—Mi seguridad lo ha encontrado. Se ha resistido un poco a ellos, pero finalmente lo han llevado de vuelta al ático.

—Por favor, que no le hagan daño —le suplico, desesperada.

—Tranquila, está en perfecto estado.

—Logan, yo… —no sé ni por dónde empezar a disculparme por tantos secretos.

—Maggie, no es el momento —me corta de golpe—. Los médicos han dicho que debes de permanecer en reposo y tranquila.

—Quiero ver a Cole. Debe de estar muy asustado con todo lo sucedido. Tengo que explicarle muchas cosas.

—No conviene que te agites ni tengas emociones fuertes.

—Siento no haberte dicho nada de este embarazo, ni de que ya teníamos un hijo —susurro con la voz cortada.

—¿De verdad? —manifiesta sin creerme, con un tono de voz tan frío que me hace estremecer—. Lo peor de todo es que no te reconozco, Maggie. Voy a cambiarme de ropa. Ahora vuelvo —me informa de manera distante.

Cuando se marcha y cierra la puerta me tapo la cara con las manos y me permito llorar a solas.

Me duele volver al Logan frío e inaccesible con el que me encontré cuando llegué a Nueva York.

No sentir en su mirada que me ama y le importo, solo reproches, dolor y dudas me rompe por completo.

Pero no tengo nada que no me haya ganado por mis propios actos, solo que jamás pensé que todo sucediese de esta forma.

En estos momentos mi amor de madre está por encima de todo.

Mi principal preocupación es Cole. Para él ha debido de ser un gran impacto descubrir que su padre está vivo.

Siempre le dije que estaba muerto porque me resultaba más fácil, menos explicaciones y me aseguraba de que cuando creciese jamás me pidiese conocerlo.

Me aterra que Cole no me perdone tantas mentiras.

Él no sabe por qué vivíamos en Qatar y todo lo que tenemos en Nueva York.

Siempre preferí que mi hijo creciese sin conocer lo que tenía en la otra parte del mundo.

Paso una hora sola, y anhelando mi móvil. Es lo primero que pienso pedirle a Logan en cuanto regrese. Tengo que llamar a Malcolm y a mi madre y contarles todo lo sucedido.

Logan aparece en la habitación cambiado de ropa y por su olor, también recién duchado.

Lleva unos vaqueros en tono oscuro y una camiseta negra de manga corta, ajustada a su cuerpo.

Su aspecto está muy lejos del hombre elegante con trajes a medida que cuestan un dineral.

Me recuerda al Logan de hace años, el que no era millonario, sin embargo, solo tengo que mirarlo a sus ojos grises para comprobar que está muy lejos de él.

—¿Cómo te encuentras? —se interesa en un tono frío y distante.

—Bien. —Se hace un silencio incómodo entre nosotros. Él se dirige a la ventana de la habitación y me da la espalda—. Necesito mi móvil —le indico.

Se gira de forma lenta y dice:

—No —es rotundo—. Necesitas estar tranquila. Sin alteraciones.