Dos meses después
Hace un mes que Malcolm voló a Qatar, no aguantaba más sin ver a mi madre y comunicarle que dentro de poco podrá volver a Nueva York y emprender una vida como Grace Wexler sin ningún cargo sobre ella.
Le ha costado un tiempo conseguir que la exculpasen de todo, pero lo ha conseguido y quería llevarle la documentación y presentársela dándole la sorpresa.
Hasta el momento no le había dicho nada.
Logan y yo vivimos entre negocios que no nos gusta hacer, colaborando con la policía a escondidas y dando la cara ante las personas con las que mi padre trabajaba y nos exigen el mismo trato.
Nuestra relación personal es inmejorable.
Cada día estoy más enamorada de él. Me demuestra a cada instante que es el hombre perfecto y está muy enamorado de mí.
Siento que estamos recuperando el tiempo perdido, y eso que mi marido no para de decir que cuando nos deshagamos de Wexler sí que vamos a disfrutar de nosotros.
Esta tarde hemos quedado para ver cómo avanzan las obras de la casa que nos estamos construyendo.
Un inmenso chalet de dos plantas con quinientos metros cuadrados habitables en un terreno de tres mil.
Sé que vamos a ser muy felices aquí. No veo la hora de que todo en Wexler termine, que sobre nosotros no pese ninguna amenaza y podamos formar una familia como nos merecemos.
Hace una semana descubrí que estoy embarazada.
No ha sido buscado, pero estoy muy feliz porque sucedió cuando nos reconciliamos.
Por el momento he decidido no decirle nada a Logan porque lo conozco y sé que en cuanto lo sepa me va a proteger mucho más y apenas querrá que aparezca por la empresa, cargando él con el peso de todo y no quiero que me aparte de nada.
Por un lado, estoy deseando contarle que vamos a ser padres, sin embargo, por otro, me muero de miedo ante su posible reacción.
Logan hoy está trabajando en su empresa, cuando termino con mis asuntos en Wexler me paso por su oficina como hemos quedado para buscarlo, comer juntos y luego ir a supervisar las obras de nuestra casa en construcción.
Entro al despacho de mi marido y lo encuentro inmerso en el ordenador que tiene delante, no se ha dado cuenta de que he abierto la puerta sin llamar y estoy muy cerca de él. Me permito admirarlo con una sonrisa.
De repente, Logan siente mi presencia, alza su mirada y se sobresalta un poco. Luego me dedica una tierna sonrisa al mismo tiempo que se relaja en su sillón. Camino hacia él, me inclino, le doy un beso en los labios y me siento en sus rodillas.
—Si algo me emociona en esta vida es tener una cita con mi marido —susurro a modo de confidencia.
—A mí que mi esposa me sorprenda en el trabajo. ¿Sabes? Desde que tengo mi nuevo despacho he fantaseado con tumbarte sobre esta mesa y hacerte el amor —confiesa.
—Te dije que no hacía falta que lo redecorases —le recuerdo.
—Me dijiste que te resultaba muy opulento.
—Lo dije para molestarte, pero he de confesar que este nuevo estilo me gusta más —revelo.
—No quiero nada que a mi mujer no le guste —manifiesta con una enorme sonrisa, se apodera de mis labios y comienza a besarme el cuello mientras desabrocha mi camisa.
La abre por completo, besa los montículos de mis pechos, se deshace de la prenda y me quita el sujetador.
Me sienta sobre su mesa y me admira mientras mi respiración está completamente acelerada.
—Creo que te voy a comer aquí mismo —susurra y yo suelto una carcajada.
Justo en ese instante unos toques en la puerta del despacho nos interrumpen y le indico a Logan:
—Tu asistente no estaba cuando llegué, por eso no me anunció y pasé.
—¡Joder! La firma con Tom Ford —susurra.
Me bajo de la mesa, recojo del suelo la camisa y el sujetador y cuando estoy haciéndolo la puerta se abre de golpe.
Logan se agacha desde su silla simulando recoger un bolígrafo del suelo y me indica que me meta debajo de la mesa.
Tengo las tetas al aire y el asistente de mi marido acaba de entrar con otra persona a su despacho.
Me escondo entre las piernas de mi marido que no se levanta a recibir al hombre que ha entrado junto con Kevin a firmar un contrato. De rodillas, delante de Logan me doy cuenta de por qué permanece sentado. Está empalmado. Lo miro y tengo que llevarme una mano a la boca para sofocar una carcajada.
Escucho la voz de mi marido seria y profesional cuando le indica al señor Ford que tome asiento y a Kevin que lea el contrato.
Logan permanece detrás de la mesa, se remueve algo incómodo en el sillón y me atrevo a llevar mi mano hacia el bulto de su pantalón y acariciarlo.
De inmediato, me atrapa la mano y la aparta mientras sonrío.
Primero firma el señor Ford y cuando le toca a mi marido aprovecho para llevar de nuevo mi mano hacia su bragueta y acariciarlo a través de la tela del pantalón. Logan carraspea y se pone rígido al mismo tiempo que yo lo siento más duro sobre mi mano.
—Es todo, señor Ford —dice con voz seria y seca—. Me va a disculpar que no lo acompañe, pero tengo una videoconferencia muy importante que me espera. Por favor, Kevin, acompaña al señor —le indica con ese aire de hombre de negocios que me pone muchísimo.
Escucho que Kevin y el señor Ford se encaminan hacia la salida cuando comienzo a desabrochar el pantalón de mi marido y le saco su miembro.
Logan mira hacia abajo y en sus ojos leo que tiene ganas de matarme por esto.
Yo le sonrío de forma juguetona. Lo cierto es que desde que descubrí que estoy embarazada tengo ganas de sexo a todas horas, sin importarme el lugar, y esto es algo que tiene muy contento a mi marido, aunque ignora la razón.
—Joder, Maggie —maldice recostándose en el asiento—. ¿Sabes la visión tan increíble que tengo en estos momentos? Tú arrodillada ante mí, desnuda de cintura para arriba, aquí en mi despacho, mientras firmaba un importante contrato y mi polla llorando por tu boca.
Me acerco a él, cojo su duro miembro con mis manos y lo llevo a mis labios. Se tensa y expulsa aire cuando siente mi contacto. Le doy unos toques con la lengua, siento que se vuelve loco y luego lo introduzco hasta mi garganta.
—Dios, eres una verdadera diosa —susurra con los ojos cerrados y sus manos en mi cabeza.
Logan tiene la respiración muy agitada, me encanta verlo en ese punto. De repente, me coge los brazos, me sube la falda y me sienta a horcajadas sobre él y entra de una sola embestida en mí, la cual me hace soltar un grito seco y sonoro.
—Quiero correrme dentro de ti —susurra mientras me besa—. ¿Sabes en lo que pensaré cuando trabaje en esta mesa solo? —inquiere mientras no deja de entrar y salir de mí con fuertes estocadas—. En este momento. En mi mujer proporcionándome todo este inmenso placer.
Logan se corre primero, luego lo hago yo y termino derrumbada en los brazos de mi marido, con las bragas rotas, la falda subida hasta la cintura y arrugada.
—¿Y ahora con qué cara salimos por esa puerta? —susurro con una carcajada. Estoy segura de que el asistente de Logan ha escuchado todo lo que ha pasado aquí—. Dale el resto del día libre y que se marche para poder salir.
—Ah no, querida. ¿Qué quieres que piense Kevin? ¿Qué he hecho todo esto aquí solito o por videoconferencia y a saber con qué mujer? No. Estas son las consecuencias a sus atrevidos actos, señora Kessler.
—Pero si piensa que estás aquí solo. No me vio entrar.
—Bueno, este despacho tiene un baño y una habitación que bien conoces —me recuerda, ya la hemos usado.
—Creo que hoy haré uso de la ropa que Helena dejó en tu armario de la oficina por si un día la necesitaba. Mira el aspecto de la mía —le indico.
—¿Nos damos una ducha rápida? —Logan consulta su reloj y dice—: Aún llegamos a tiempo a la reserva que hice en el restaurante para almorzar.
Cuando salimos del despacho de Logan nos topamos de frente con Kevin y Helena. Mi amiga se lleva una mano a la boca y sonríe. Kevin baja la cabeza. Logan los mira como si nada, con su porte de hombre serio de negocios, frío y distante. Me lleva tomada de su mano.
—Nos marchamos a comer. No volveré más por hoy —les indica de forma profesional.
—Hasta mañana, señor Kessler —susurra Kevin.
—Pasadlo bien —nos dice Helena con una amplia sonrisa. Se la devuelvo en silencio y entramos en el ascensor.
Suspiro cuando las puertas se cierran y tomo una bocanada de aire mientras mi marido me mira impasible.
—¿Es que no te inmutas? —le espeto, un poco alterada.
—¿Por qué? Estaba en mi empresa, en mi despacho y con mi mujer. —Me agarra de la cintura con fuerza y me besa—. Creo que no es ningún secreto que me resultas irresistible y me tienes loco.
—Compórtate —le paro la mano cuando empieza a subirla por detrás del estrecho vestido negro que llevo, me ha costado subirme la cremallera.
—No prometo nada, señora Kessler —dice con una amplia sonrisa. Me roba un beso y salimos del ascensor.
Cuando regresamos al ático tras ver cómo avanzan las obras de nuestra futura casa, en un par de meses estará lista para pintar y amueblar, solo tengo ganas de tumbarme en la cama y dormir hasta el día siguiente.
Mi marido sonríe ante mi propuesta y accede a que nos metamos en la cama abrazados y nos durmamos.
La noche anterior apenas pegamos ojo y Logan está tan agotado como yo.
Al día siguiente me levanto algo floja y con el cuerpo raro.
Yo sé que es del embarazo, pero no se lo puedo decir por el momento a Logan.
Le miento y le digo que estoy constipada y con algo de fiebre.
Se resiste a ir a trabajar y dejarme sola, pero lo convenzo de que se marche.
Lo que menos necesito es tenerlo a mi lado y que por los síntomas y los dos meses que llevo sin regla empiece a atar cabos.
Me sugiere ir a un médico o enviar a uno, pero yo le recuerdo que estudié medicina y soy mi propio médico.
Durante la mañana me llama cuatro veces para comprobar cómo estoy. Cuando regresa a casa a media tarde no he salido de la cama. Lo siento preocupado y le pregunto:
—¿Qué sucede?
—Tengo que viajar mañana a Miami a firmar un contrato muy importante para mi empresa. Llevaba detrás de ese negocio tiempo. Es necesario que asista en persona —revela con culpabilidad.
—Logan, voy a estar bien.
—Pensaba decirte que vinieses conmigo si mejorabas.
—No puedo, cariño. Ve tú. Voy a estar bien. Owen cuidará de mí, ¿acaso lo dudas?
—Para nada. Pero ha coincidido que Mary y Jossef están de vacaciones estos días, siempre se marchan a visitar a su familia en esta fecha.
—No pasa nada. Ve tranquilo. Además, Helena también estará pendiente de mí. Y soy médica.
Me abraza y me dice:
—Solo serán dos días. Me voy mañana temprano y volveré pasado mañana a mediodía.
—Estaremos en contacto de forma continua.
—Cómo no me cojas el móvil me vuelvo a Nueva York en un abrir y cerrar de ojos —me advierte.
—Te tendré informado en todo momento —le prometo.
Me besa, me abraza, se marcha a preparar la cena y me obliga a comer algo ya que no he probado bocado en todo el día. Pero lo que realmente me pone mejor es dormir abrazada a mi marido. Sintiendo su amor y su protección.
Logan se marcha antes de que amanezca. Me da un beso en la frente, me susurra que me ama y me arropa. Yo vuelvo a quedarme dormida sintiéndome la mujer más feliz y afortunada de la tierra por tenerlo junto a mí.
En cuanto aterriza en Miami me llama, me pregunta cómo estoy, recibo la visita de mi amiga Helena, la cual me dice que mi marido le ha dado el día libre en su empresa para que esté conmigo.
Me acompaña durante todo el día hasta que al final de la tarde la convenzo para que se marche a su casa a descansar.
Logan no ha parado de enviarme mensajes en todo el día, lo siento preocupado y la culpabilidad que me azota por no decirle mi verdadero estado me tiene nerviosa.
Owen me prepara una sopa para cenar y lo envío a descansar mientras me quedo viendo la televisión en el salón. He pasado todo el día en la cama y necesito salir de ella.
Tocan al timbre y me extraño, no espero a nadie. Helena se acaba de marchar, voy a abrir y cuando me topo con el hombre que tengo enfrente tengo que agarrarme a la puerta para no caerme al suelo.
—Mi amor —susurro con lágrimas en los ojos—. Pero ¿qué haces aquí? —pregunto con un hilo de voz y mi corazón latiendo muy deprisa.
—Te echaba de menos. Ya no podía estar más tiempo sin ti.
Nos fundimos en un gran abrazo, le doy un beso y lo miro bien a los ojos.
—Cole, yo también te he echado de menos —murmuro acariciándole el rostro, perdida en sus ojos—. ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Qué haces en Nueva York? ¿Has venido solo? —pregunto de golpe.
—¿Me invitas a pasar? —pide permiso dirigiéndome una sonrisa. Aprecio que trae una mochila grande al hombro. La deja en la entrada y camino con él de la mano hasta el salón.
—Joder, el ático es impresionante —murmura recorriéndolo con la mirada.
—¿Por qué no estás en Qatar? El trato era que tú no ibas a venir por aquí —le riño.
—Ya te lo he dicho, quería verte, comprobar cómo estabas. Te echaba muchísimo de menos.
Me abrazo de nuevo a él, inmensamente feliz por tenerlo a mi lado, pero muy preocupada porque se haya presentado en el ático de Logan. Doy gracias a dios porque mi marido no esté. Cole ni siquiera sabe que estoy casada desde hace años con Logan. Voy a tener que explicarle muchas cosas.
—Y yo a ti, cariño —susurro mientras tomo asiento. Estoy empezando a marearme.
—¡¿Estás bien?! —Se arrodilla a mi lado y me mira preocupado.
—Sí, solo que estoy un poco constipada. Hoy no he ido a trabajar.
—Deberías estar en la cama —me regaña—. Vamos, te llevo. —Con suma agilidad me levanta del sofá en sus fuertes brazos y pregunta—: ¿Dónde está tu habitación?
—Arriba, pero no es necesario que me cargues, puedo ir sola.
Cole no me hace caso, comienza a subir las escaleras conmigo en sus brazos.
—¿Cuánto peso has perdido en estos meses? —me regaña.
—He estado sometida a mucho estrés —justifico.
—Para eso he venido, para cuidarte. —Me da un beso en la frente y cierro los ojos reposando la cabeza sobre su fuerte pecho pensando en todos los problemas que tengo encima en estos momentos con su presencia aquí.
Cole me deja sobre mi cama, se tiende a mi lado y me abraza con fuerza. Me refugio en su pecho de nuevo y me quedo en silencio. En estos momentos mi cabeza es un caos donde tengo mil preguntas que hacer, otras tantas explicaciones que dar y no tengo la más mínima idea de por dónde comenzar.
El sueño y al agotamiento que en los últimos días se apoderan de mí debido al embarazo deciden aparecer justo en ese momento, y me quedo dormida en los brazos de Cole.