Un acuerdo con el diablo Capítulo 28
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Capítulo 28

Me haces muy feliz

La siguiente semana Logan y yo trabajamos sin descanso en Wexler.

Necesitamos que salga a flote para luego deshacernos de la empresa y ganar mucho dinero, como Logan tiene planeado, pero de esto no se puede enterar las personas como Callaham o nuestras vidas correrían peligro o nos chantajearían para que no llevásemos a cabo este plan.

Los días son intensos en el trabajo y las noches en la cama. Nos cuesta concentrarnos cuando estamos juntos en el despacho, pero, pero suerte, casi siempre estamos acompañados de Hunter o John y la presencia de estos impide que la imaginación de Logan y mía vuele al plano personal.

El viernes por la noche Logan me invita a cenar y al teatro. Estoy un poco nerviosa porque es nuestra primera cita formal tras la reconciliación. Me estoy arreglando en el baño cuando lo siento recostado en el marco de la puerta mirándome en silencio.

—¿Qué haces ahí? —pregunto mientras termino de retocarme los labios frente al espejo.

—Admirar a la mujer que amo. Me parece mentira que estés en mi casa, en mi cama y nos amemos.

—A mí me parece mentira tener una cita con el hombre que amo. No sé cómo terminará la noche —bromeo.

—Seguro que quiere llevarte a la cama —susurra a mi espalda en tono de broma, muy cerca de mí. Lo admiro a través del espejo mientras me echo perfume. Reparo en el frasco y le pregunto con curiosidad:

—¿Fue casualidad que este perfume, el que siempre usé, estuviese en tu ático entre las cosas que mandaste a poner para mí?

Logan pega su pecho a mi espalda, pasa sus manos por mi cintura y dice:

—No. Te voy a confesar algo, esposa: esa marca de perfume ha estado conmigo en estos dieciocho años. Siempre he tenido un frasco al lado del mío. Lo olía y era como tenerte cerca. Puede que sea mi secreto más oscuro, el que nunca le he confesado nadie.

—¿Y qué decían las mujeres que pasaban por tu casa y tu baño? —pregunto con una sonrisa.

—Ya te dije que nunca compartí casa con nadie de forma estable. Y mi espacio personal, este ático o mis anteriores hogares, siempre han sido muy privados. Pagaba los apartamentos de las mujeres con las que estaba y nos veíamos ahí.

Al revelar esto último me siento un poco incómoda. Logan lo percibe, me besa el cuello y recorre mis caderas con sus grandes manos.

—Solo te he amado a ti en toda mi vida, Maggie. No sientas celos de ninguna mujer con la que haya estado porque no ha sido importante.

Me giro, lo miro a los ojos y le acaricio el rostro.

—Mi padre fue el culpable de todo —susurro en un lamento—. Hubiésemos sido tan felices en estos años…

—Te prometo que vamos a recuperar el tiempo perdido. Tenemos toda una vida juntos por delante en la que me voy a encargar de cumplir cada uno de tus sueños. Te lo juro, mi amor.

Paso las manos por su cuello, las entrelazo detrás de su nuca y lo beso con pasión. Logan saca una bolsita de terciopelo de su bolsillo y me la entrega. Lo miro con sorpresa y la abro.

Admiro un collar de diamantes precioso.

—¿Y esto? —pregunto sin saber muy bien a qué se debe el generoso regalo.

—Creo que te debo muchos aniversarios y cumpleaños, así que no empieces a protestar. Hacerle regalos a mi mujer es algo que me fascina.

—Logan… —susurro con emoción. Él me coloca la joya en mi cuello, pasea sus manos por mi clavícula y lo admira. Luego me besa y le susurro:

—Gracias. Es tan increíble como tú. Pero creo que le voy a tener que dar un curso a mi marido para que me haga regalos menos ostentosos.

—Solo deseo lo mejor para mi mujer. Maggie, ¿sabes las veces que soñé, cuando estábamos juntos y nos casamos, con poder darte todo?

—Me lo diste todo, Logan. Nunca te quepa la menor duda. Tú lo eres todo para mí.

Lo beso con pasión hasta que mi marido se separa un poco de mis labios y susurra:

—Será mejor que nos marchemos ya. Porque como me sigas besando así no iremos muy lejos.

Y esta noche quiero una cena romántica con mi esposa, ver una obra de teatro en un palco VIP alejado de todos y volver a casa sabiendo que tenemos una velada de pasión pendiente.

Por cierto, estás increíble. Este vestido color vino tinto te queda de escándalo con el collar.

Ya quiero descubrir qué llevas debajo y contemplarte tan solo con la ropa interior y la joya en tu cuello.

Cenamos en un restaurante maravilloso, con unas vistas preciosas.

Todo lo que estamos viviendo es un completo sueño del que no quiero despertar.

Cada vez que Logan me mira con ese brillo en sus ojos, esa sonrisa en sus labios y sé que me quiere con locura mi corazón está a punto de estallar de felicidad.

No necesito todos los lujos que nos rodean, pero sé que para él es importante dármelo todo.

Ha trabajado muchísimo en estos años y sé que lo hace muy feliz gastar su dinero con la mujer que ama.

Brindamos a la luz de las velas, en un ambiente íntimo y perfecto donde solo somos nosotros alejado de todo y de todos.

Nuestras miradas hablan al mismo tiempo que brindamos.

Me muero por besarlo y tenerlo todo para mí en la cama, pero eso será más tarde y es una sensación que me hace sentir impaciente.

En el teatro, en la oscuridad del palco VIP que ocupamos mi marido me besa el cuello y me acaricia una pierna mientras vemos la obra de teatro.

Tengo las piernas cruzadas y hace que coloque ambos pies sobre el suelo. Siento cómo su mano asciende en una clara dirección y lo miro con sorpresa. Él me susurra en el oído:

—Disfruta de la obra, Maggie.

Su mano se mueve debajo de mi vestido hasta que llega a mi sexo y me revuelvo de forma incómoda en la silla.

—Logan… —le suplico.

—¡¿Qué?! —susurra sonriente, sabiendo todo lo que me provoca.

—No puedes hacerme esto aquí —le suplico de nuevo perdiendo todo el control sobre mi cuerpo.

—Confía en mí —me indica—. Tengo una larga lista de cosas que quiero hacer y experimentar con mi mujer. Y no te quejes, te recuerdo que hace años fuiste tú la que me arrastraste en una ocasión a un baño público donde follamos de una forma increíble.

—Me la piensas devolver. —Su mano aparta mis bragas y siento cómo introduce dos dedos en mi interior. Tomo una bocanada de aire mientras lo observo sonreír de forma placentera—. Disfruta de la obra. Este espectáculo es todo para ti. Déjate llevar.

Mi marido mueve su mano con suma maestría, sabiendo muy bien lo que hace y todo lo que me provoca.

Me tenso, me agarro con fuerza a la manga de su chaqueta arrugándola con presión, mientras que sus dedos hacen magia, me somete a una tortura exquisita y él permanece con la mirada al frente, clavada en el escenario, como si todo lo que provoca en mí fuese ajeno a él.

Cuando la obra de teatro está casi al finalizar y sabe que estoy a punto de correrme, conoce mi cuerpo mejor que yo misma, me besa el cuello y susurra:

—Córrete para mí, y puedes gritar.

Me dejo ir justo cuando el teatro entero estalla en aplausos y todos se ponen en pie.

Dejo escapar un profundo gemido que provoca una sonrisa diabólica en Logan.

Saca la mano de mi interior, observo cómo se relame los dedos con discreción y luego aplaude mientras que yo intento ponerme en pie.

Me tiemblan las piernas y mi corazón late a mil por hora, eso sin contar todo el calor que siento.

—¿Te ayudo, querida? —bromea mirándome con un brillo en sus ojos que me hacen desearlo mucho más. Me extiende su mano, la tomo para terminar de incorporarme, me uno a los aplausos y le susurro con la mirada en el escenario:

—Te la devolveré en otra ocasión.

Se gira, posa su mano en mi cintura, hace que lo mire, clava sus impresionantes ojos grises en los míos, sonríe, me da un beso y dice:

—Lo estoy deseando.

—¿Me está retando, señor Kessler?

—Solo tengo curiosidad por lo que es capaz de hacer, señora Kessler. Pensar en sus manos y en su maravillosa boca recorriendo mi miembro… —Cierra los ojos y se pasa la lengua por los labios a conciencia.

—¿Mi marido me está haciendo una petición?

—Desde que nos reencontramos no hemos practicado sexo oral y por la forma en la que me mira creo que lo echa de menos.

Recuerdo una de las veces que lo hicimos cuando estuvimos juntos años atrás y un gran escalofrío recorre todo mi cuerpo a la misma vez que siento un fuerte tirón en mi vientre.

—Es solo una sugerencia para que mi esposa la ponga en práctica cuando lo crea conveniente.

A mí me gusta todo con ella, es con la única mujer que pierdo el control sobre mí mismo por completo.

Puede que ella no lo sepa, pero desde que la miré a los ojos por primera vez me hizo suyo —revela con voz ronca, me ofrece el abrigo y nos encaminamos hacia la salida del teatro.

Logan se para a saludar a varias personas, me presenta como su mujer y siento tal sensación de admiración por él cada vez que le dice a alguien que soy su esposa…

Sé que se siente muy orgulloso de mí, y enamorado.

Solo tengo que mirarlo a los ojos para saber que me ama y es algo tan grande y especial que me emociona.

Mientras uno de los guardaespaldas que llevamos conduce de camino a casa voy recostada sobre el pecho de mi marido, le susurro:

—Gracias por esta gran noche. Me ha encantado todo. Como tú me has sorprendido hoy, mañana me toca a mí.

—¿Qué tiene pensado mi mujer?

—Yo no voy a ser tan extravagante como mi marido. Voy a enseñarte las ventajas de quedarnos en casa y disfrutar de un plan completamente diferente a este, por mucho que lo haya disfrutado. Cocinaré para ti y veremos una película con palomitas en nuestro salón.

—Perfecto. Mientras tú cocinas yo iré a jugar un partido de pádel con unos amigos del club.

Se empiezan a quejar de que desde que soy un hombre casado no aparezco por ahí.

Pero voy a confesarte algo —susurra—: estoy encantado de ser un hombre casado.

Amo a mi mujer y pasaría el resto de mi vida solo con ella en una isla desierta, no necesito nada más.