Un acuerdo con el diablo Tú y yo
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Tú y yo

Cuando están a punto de abrirse las puertas del ascensor para entrar en el ático me coge por sorpresa en sus brazos y dice:

—Ahora sí, bienvenida a nuestro hogar, señora Kessler. Entre como debe de ser y se merece, en los brazos de un marido que la ama con locura.

—No deseo despertar de este sueño —susurro sobre sus labios—. No quiero separarme de ti nunca más.

—Eso no va a suceder, no lo pienso permitir. El momento de ser felices juntos ha llegado, mi vida.

Logan me deja sobre el sofá del salón, se sienta a mi lado y me pregunta, pensativo:

—¿Te gusta mi ático? No sé si sea lo que tenías en mente cuando soñábamos con vivir juntos.

—En esa época pensábamos en compartir un piso mientras estudiábamos.

A mí solo me importaba estar contigo, no tener que escondernos.

Tu ático no está mal, es espacioso y muy lujoso.

Creo que por el momento está bien para que empecemos como marido y mujer ya que tenemos asuntos más importantes en los que centrarnos.

Luego ya me pensaré en redecorarlo —susurro mostrándole una dulce sonrisa.

—Quiero darte todo lo que desees, Maggie. Tengo el dinero suficiente para cumplir todos tus sueños. Si este lugar puede llegar a resultarte incómodo por algo, mañana mismo podemos mudarnos a otro sitio.

—¿Has traído a muchas mujeres aquí? —pregunto en tono de broma.

—Maggie, no quiero hablar de eso.

—¿Has vivido aquí con alguna? —insisto.

—No. Ya te dije que nunca quise compartir mi vida con nadie. Algo dentro de mí siempre te esperaba.

—Bien, pues con eso me basta por ahora. Ya tendremos tiempo de crear un hogar a gusto de los dos.

—Tenemos que decirle a Mary que cambie todas tus cosas a mi habitación.

—Quiero que vayamos a hacerle una visita a Owen y le digamos que estamos juntos de verdad. Creo que se va a alegrar mucho.

—También deberíamos hacerle otra a Malcolm —susurra—. Creo que le debo una disculpa y ofrecerte toda mi ayuda en lo que necesite.

—Sí.

—Tengo ganas de conocer a tu madre. Quiero que sepas que mi avión privado está a su disposición para cuando pueda volver.

—Gracias. No veo el momento de que estemos toda la familia reunida.

—Lleva muchos años en Qatar, ¿crees que quiera volver? Y tú, ¿dónde quieres vivir?

—No me pienso mover del lado de mi marido, y creo que mi madre necesita estar con su hija y volver a la ciudad en la que nació. Malcolm la seguirá donde vaya porque la ama.

—Yo también te seguiría donde vayas. Todos mis negocios están en Nueva York, pero si deseases volver a Qatar con tu madre iría contigo hasta el fin del mundo, mi amor. Solo quiero que lo sepas.

—Gracias. No sabes cómo me haces sentir de amada. Es una sensación tan increíble que estoy en una nube.

—Pese a todo lo que tenemos encima en estos momentos, creo que esto que vivimos es el mejor sueño de toda mi vida.

Tú y yo así, amándonos, marido y mujer, en nuestro hogar, con planes de futuro juntos.

Nunca hablamos de hijos, Maggie, éramos muy jóvenes, pero me gustaría ser padre —comenta con emoción.

—¿Hijos? —pregunto, incómoda.

—Maggie, no hemos usado protección todas las veces que hemos hecho el amor de anoche para acá —me recuerda—.

Quiero que sepas que contigo lo deseo todo.

En estos años me he cuidado muchísimo de no dejar a ninguna mujer embarazada, pero tú eres mi mujer.

Mi gran amor. Y por supuesto que me gustaría que tuviésemos un hijo, un heredero. ¿Tú no?

—Eh… sí, claro. Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar, iremos poco a poco.

—Lo sé, lo sé. Igual este no es el momento más adecuado para dejarte embarazada —comenta con una sonrisa—, pero si sucede porque anoche no tuvimos cuidado sería muy feliz. Solo quiero que lo sepas.

—No te preocupes. Iré al médico para que me recete unos anticonceptivos, cuando todo esto pase y no estemos preocupados por Callaham y los demás como él buscaremos a nuestro hijo.

Quiero que vivamos tranquilos y sin preocupaciones que puedan empañar nuestra felicidad.

Creo que ninguno de los dos podríamos soportar que nos amenazasen y pudiesen atentar con nuestro hijo.

—Tienes razón. Vamos a centrarnos en terminar con la empresa de tu padre, puedo darte trabajo en la mía luego —bromea—, aunque mi intención es llenar nuestro hogar de niños y que solo tengas tiempo de cuidarlos.

Solo quiero que seas feliz y hagas lo que realmente te sienta realizada.

Siempre vas a tener mi apoyo en todo, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé. Me siento la mujer más afortunada del mundo por tener todo tu amor.

—Siempre lo has tenido. Nunca nadie llegó a ocupar tu lugar. Fuiste la primera persona que me importó y amé, y por la única que daría mi vida sin pensarlo.

Abrazo a mi marido emocionada y lo beso deseando que termine todo esto y podamos ser una familia segura, feliz y completa.

Despertar entre los brazos de Logan, en su cama, en este ático, es algo con lo que he soñado desde que llegué a su casa.

Hoy es domingo y no tenemos que trabajar, algo que agradezco.

Él aún duerme de forma plácida y sonrío al observarlo y percibir un sentimiento de orgullo tan grande porque este hombre sea todo mío que hasta me estremezco.

Le beso el cuello y me abrazo más fuerte a él, aspirando su dulce aroma.

—Buenos días, esposa mía —susurra con voz somnolienta y los ojos entrecerrados mientras acaricia mi espalda desnuda—. ¿Qué te apetece hacer hoy? Aparte de mudar todas tus cosas a mi habitación —me recuerda con una enorme sonrisa.

—Me tienes agotada —bromeo. Esta noche hemos hecho el amor en varias ocasiones—. Seguro que tienes algo en mente.

—Podríamos pasar el día fuera —anuncia, pensativo. Lo miro y aprecio una sonrisa.

—¿Dónde me quieres llevar? —pregunto con intriga.

—Déjate sorprender.

—Iría contigo al fin del mundo a ciegas. Confío en ti plenamente —confieso, besándolo y acariciándolo.

Logan tira de mi mano, nos damos una ducha juntos, hacemos el desayuno entre miradas y caricias cómplices y luego me indica que escoja de vestimenta algo informal. Me decanto por unos vaqueros, chaqueta y deportes. Él está arrebatador con un vaquero, camiseta blanca y una chaqueta ligera.

—¿Dónde vamos? —pregunto cuando Logan se coloca al volante de su coche deportivo.

—Voy a llevarte a conocer Nueva York. Igual después de tantos años has olvidado algunas cosas y quiero que veas otras.

Cuando descubro que Logan ha recreado nuestra primera cita, cuando me enseñó su Nueva York casi me derrito. Terminamos haciendo un picnic en Central Park y comiendo la exquisita comida que compramos en un puesto en la calle años atrás.

—Es el mejor plan del mundo —susurro besándolo en agradecimiento.

—Ya me he dado cuenta de que mi mujer es una persona muy sencilla que no se va a enamorar más de mí por llevarla a lugares lujosos.

—Buena apreciación. El día de hoy es perfecto —comento, tumbada en los brazos de mi marido admirando los árboles de nuestro alrededor y las nubes.

—Sería aún más perfecto si pudiese hacerte el amor aquí mismo. Estoy pensando cuánto costará cerrar el parque entero para nosotros —bromea.

—¿Podemos ir a ver a Owen luego? —le propongo a Logan—. Quiero que sea testigo de esta felicidad que tenemos.

—Por supuesto.

—Llamaré también a Malcolm para que vaya al ático y los vemos a los dos.

—Me parece bien.

Cuando Owen nos abre la puerta, aprecia mi sonrisa y cómo Logan me lleva echada la mano por el hombro, observo cómo abre mucho los ojos y dice:

—¿Os queréis?

—Nunca hemos dejado de hacerlo, Owen —dice Logan besándome en la mejilla.

—Este matrimonio ya no es una farsa. Hemos hablado y expuesto nuestros sentimientos. Pese a todo lo que pensé, mi Logan no había desaparecido del todo. Era una fachada este hombre frío.

Mi marido me abraza por detrás y así entramos al ático. Owen nos ofrece algo de tomar y me sorprendo cuando Logan le dice:

—¿Querrías venir a vivir con nosotros en nuestro ático? Maggie no va a volver aquí y creo que te gustaría ser testigo de nuestra felicidad.

—Oh… no sé… —susurra Owen, emocionado.

—Por favor, di que sí. Logan tiene una zona para el servicio en su ático. Cuenta con un matrimonio muy atento y te llevarías muy bien con ellos. Quiero que estés a nuestro lado en estos momentos.

—Iré con vosotros —accede y nos hace muy felices.

Al cabo de media hora aparece Malcolm. Nada más verlo, Logan le extiende la mano y le dice:

—Siento cómo te he tratado.

—Creo que yo hubiese actuado igual de no saber la verdad —le indica Malcolm con una sonrisa. Me abrazo a él y le doy las gracias por ser tan comprensivo.

—Mañana te haremos llegar las pruebas de la inocencia de Grace para que te encargues de ello —le comenta Logan.

—Hablaré con la DEA para que esté al tanto y pueda atrapar a los mafiosos con los que estáis obligados a trabajar tras la muerte de Harrison.

—Gracias, Malcolm.

—Viajaré a Qatar en unas semanas cuando tenga listo lo de tu madre. Quiero darle la noticia en persona.

—Va a ser muy feliz.

—Yo voy a vivir con Logan. Quiero acondicionar y redecorar este ático para vosotros cuando os mudéis a Nueva York, es mi regalo —le revelo a Malcolm.

—Gracias, Maggie. Creo que a tu madre le encantará.

Logan me abraza y me da un beso en el cabello y lo siento muy orgulloso de mi decisión.