Un acuerdo con el diablo Capítulo 25
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Capítulo 25

Feliz cumpleaños, mi amor

Estoy nerviosa, mucho. Parada frente al gran espejo de mi vestidor, completamente arreglada para la fiesta del cuarenta cumpleaños de Logan repaso mi aspecto.

Llevo el pelo recogido en un moño bajo con algunos mechones sueltos y un vestido largo en rojo pasión con un generoso escote.

He de admitir que escogí el modelo con toda la intención de deslumbrar a mi marido y que fuese la única mujer a la que mirase esta noche.

No conozco apenas a nadie de las doscientas personas que acudirán a la celebración y me pregunto si entre ellas estará alguna amante.

Miro el anillo que días atrás Logan colocó en mi mano y lo siento frío.

No va conmigo. Es demasiado caro. Una idea se forma en mi cabeza y sonrío.

Nunca me deshice del anillo que me dio cuando nos casamos en Las Vegas, estos años lejos de él lo he llevado conmigo en una cadena al cuello en forma de colgante.

Decido quitarme el gran pedrusco que llevo y colocarme la sencilla joya que me regaló cuando no era un hombre multimillonario.

Cuando bajo las escaleras Logan me espera en el salón vestido de negro, con un traje impecable hecho a medida que le sienta como un guante.

Me quedo parada a mitad de la escalera, admirándolo con la respiración medio cortada.

Está arrebatador. Él hace lo mismo. Me observa en silencio y una sonrisa triunfadora se esboza en mis labios cuando compruebo que traga con dificultad y carraspea paseándose nervioso.

—Vaya, creo que me vas a quitar todo el protagonismo esta noche —susurra con los ojos clavados en mi escote.

—Puedo cambiarme. Aún estamos a tiempo —le sugiero—. Lo que menos deseo es que mi marido se sienta incómodo en la fiesta de su cumpleaños.

—No. Estás increíble, Maggie. De verdad. —Extiende su mano hacia mí. Al llegar hasta él uno la mía a la suya y le dedico una sonrisa amable.

—Tú también estás increíble esta noche —le devuelvo el cumplido en un susurro, mirándolo a los ojos mientras que mi corazón late más deprisa de lo normal.

—Vámonos antes de que decida quedarme en casa —comenta y no sé muy bien la intención en sus palabras.

—Tus invitados nos esperan en el Ama de Nueva York, y, por favor, pon cara de sorpresa cuando llegues.

Para todos me he esforzado muchísimo en hacerte creer que esta noche era solo para los dos en la suite más lujosa de ese hotel, que, por cierto, tu asistente ha insistido en reservar para después de la fiesta de tu cumpleaños.

Como no sabe de la farsa de nuestro matrimonio lo dejé así para no levantar sospechas, pero va a ser bastante caro.

—No te preocupes, todo sea por mantener las apariencias —contesta mientras salimos del ático.

Nos montamos en la limusina que nos espera esa noche, es la primera sorpresa para mi marido.

En el interior encontramos champán bien frío y dos copas.

—Por meternos en el papel, podemos brindar por mis cuarenta —propone Logan mientras rellena las copas.

Accedo, brindamos y bebemos ambos mientras no dejamos de mirarnos a los ojos con intensidad al mismo tiempo que pienso lo que me hubiese gustado celebrar este cumpleaños a su lado como su esposa de verdad, felices y teniendo una vida plena como soñamos años atrás, en donde poder decirle en voz alta: Feliz cumpleaños, mi amor.

La limusina se para, nos bajamos y Logan me coge de la mano con fuerza para entrar juntos al restaurante del hotel.

En cuanto aparecemos en escena suena una música alta, estallan confetis y globos y todo el mundo aplaude.

Logan sonríe, asiente con un gesto de la cabeza, se gira hacia mí, me dedica una sonrisa estudiada con una calma medida y me planta un beso profundo delante de todos al que correspondo con gusto.

Escuchamos vítores y aplausos mientras nos besamos delante de todos.

—Gracias por esta increíble sorpresa, mi amor. No lo esperaba —dice para que lo escuchen.

—Te lo mereces todo —susurro alto, a conciencia, mientras le acaricio el rostro y le dedico una mirada enamorada que no tengo que esforzarme en interpretar. Por mucho que lo intente, nunca dejaré de amarlo.

Luego los invitados se nos acercan, saludan a Logan, lo felicitan, pero él no deja de prestarme atención en ningún instante. Siempre me mantiene a su lado, me presenta y me toma de la cintura con tanta naturalidad que parecemos una pareja de verdad.

Es una noche en la que descubro la gran cantidad de amigos que tiene, lo que lo admiran y lo importante y rico que es.

Hablamos con unos amigos cuando uno de ellos le indica:

—Kessler, te has quedado corto con el anillo de tu mujer. Esperaba una joya de más dinero en su elegante mano.

Logan sonríe porque piensa que es una broma, pero cuando desvía la mirada hacia mi dedo y descubre el anillo que realmente llevo su rostro se pone serio y su mirada se oscurece.

—A mi esposa le gustan las cosas sencillas —comenta, rígido—. Si nos disculpan —dice de inmediato. Tira de mi mano y salimos al hall del hotel, dónde me pregunta muy serio—: ¿Aún conservas ese anillo?

Mi corazón se acelera por completo cuando confirmo que lo ha reconocido.

—¿Lo recuerdas? —pregunto con emoción.

—Cómo olvidarlo. Lo que me extraña es que aún lo tengas. ¿Es el mismo o has conseguido una réplica para torturarme en la noche de hoy?

—¿Por qué iba a hacer algo así? —pregunto sin entenderlo muy bien.

—Para volverme loco, Maggie —dice, crispado—. ¿Qué pretendes llevando esta noche esa joya? —me espeta, alterado.

—Es el anillo real de nuestra boda y como esta noche somos marido y mujer para todos pensé que lo normal sería llevarlo.

—¿Por qué lo has conservado durante todos estos años? —pregunta de forma abrupta.

—Sé que debí deshacerme de él, pero era una parte de mi vida que no quería borrar —confieso.

—Maggie, que lo hayas conservado durante estos años es algo que no esperaba —susurra con emoción—.

Yo nunca me deshice del mío tampoco —confiesa—.

Lo tengo en mi mesita de noche y cada vez que me desvelo lo cojo entre mis manos y me pregunto por qué no confiaste en mí y accediste a los deseos de tu padre alejándote de mi lado y firmando el divorcio.

—Ya te lo dije, te amaba demasiado y no quería que te matase. Me confesó que lo haría si no le hacía caso. Solo traté de salvarte —confieso con lágrimas en mis ojos a punto de brotar.

Logan me estrecha entre sus brazos y me besa con pasión.

Detrás de nosotros Helena carraspea un poco, paramos el beso y nos indica:

—Os esperan para soplar las velas y cortar la tarta, pareja.

Logan me dedica una tierna sonrisa cómplice y le indica a Helena:

—Ya vamos. —Me toma de la mano y cuando entramos en la sala de nuevo percibo que se siente muy orgulloso de estar ahí conmigo y disfruta soplando las velas, cortando la tarta y teniéndome a su lado.

Mientras Logan saluda a unas personas voy al baño y ahí compruebo que tengo varias llamadas perdidas de Malcolm y todas mis alertas se despliegan al pensar que puede haber pasado algo en Qatar.

Me alejo un poco de la fiesta y lo llamo, hace días que solo hablamos por teléfono, ni nos hemos visto en persona.

Cuando Malcolm descuelga el teléfono dice:

—Estoy en la entrada del hotel, necesito hablar contigo. Es algo muy serio.

—¿Qué sucede? —pregunto, alarmada, caminando hacia la salida.

—¿Podemos vernos en un lugar privado? Es delicado lo que tenemos que tratar.

Pienso rápido y se me viene a la mente la suite que Kevin insistió en reservar para esta noche en el hotel.

Es el lugar privado que necesito. Entro a la fiesta de nuevo, busco al asistente de Logan y le pido la llave de la habitación que no pensaba usar y yo debía de tener.

Le miento a Kevin y le digo que voy a subir sola porque quiero preparar algo para cuando decida marcharme con mi marido.

Llamo a Malcolm y le indico que suba. Entra en la suite y cuando estamos solos le pregunto nerviosa e impaciente:

—¿Sucede algo en Qatar? ¿Está todo bien?

—Por allí todo bien. Es otro asunto el que me tiene aquí. ¿Por qué no me dijiste que ya tienes las pruebas de la inocencia de tu madre desde hace semanas? —pregunta serio y distante.

—Malcolm, yo… ¿Cómo lo sabes? —inquiero, confusa.

—Owen me dijo hoy que abristeis las cajas fuertes de tu padre.

—Los documentos están en el ático de Logan —susurro, nerviosa. No lo niego.

—Owen os escuchó —revela.

—Maggie, ¿qué estás haciendo? —me reprende mirándome serio.

—¿A qué te refieres? —especifico con miedo.

—Tienes lo que has venido a buscar. Vámonos a Qatar. Tu plan aquí ha concluido. Deja a Logan que se encargue de todo, es un hombre muy capaz de ello.

—¡¿Cómo puedes proponerme eso?! —Lo miro sin reconocerlo.

—No estás preparada para tratar con esa gente. Mira lo que pasó en la reunión con Callaham. Kessler te puso a salvo diciendo que eras su esposa, ¿qué hubiese pasado de no ser por su intervención? Podrías estar muerta.

—Malcolm… no puedo marcharme —manifiesto en modo de súplica.

—¿No puedes o no quieres? Maggie, sabes que te quiero. Daría mi vida por ti. Por favor, vámonos. Ve al ático de Kessler, recupera lo que necesitamos y volvamos a Qatar.

Me quedo seria y pensativa. No puedo abandonar a Logan en medio de este caos.

—¿Planeas traicionarme con tu amante, pedazo de zorra? —Nos sorprende Logan y siento que todo mi mundo se viene abajo. Tiene la mirada clavada en mí, la frialdad implacable con la que me taladra me hace estremecer.

—Logan, no es lo que piensas —excuso de inmediato dirigiéndome hacia él.

—¡¿No?! —inquiere con una calma medida—. Así que Qatar es el lugar dónde te has escondido todos estos años con otra identidad —comenta mientras observo la tensión en su mandíbula.

—¿Se lo has contado? —pregunta Malcolm con sorpresa, mirándome.

—Igual ha estado jugando con los dos —le espeta a Malcolm—, acostándose con los dos —lo provoca.

—Logan…