Codo con codo con el diablo
Hace más de tres semanas que trabajo casi día y noche con Logan en la empresa de mi padre. Verlo en acción es completamente fascinante. Cada día confirmo más que es un hombre muy preparado, tiene muchísimos conocimientos, sabe moverse, dar órdenes y que todo el mundo lo respete y lo admire.
Hemos cumplido con Callaham y dos mafiosos más. En ocasiones miro a Logan y pienso que para él no hay nada difícil, mientras que yo he perdido casi tres kilos desde que regresé a Nueva York debido al estrés que soporto.
Estamos en el despacho de mi padre, lo compartimos hasta que habiliten uno en la misma planta para Logan, cuando él levanta la mirada, la fija en mí y dice de golpe:
—Siempre pensé que estudiarías medicina. Era tu vocación de pequeña. —Dejo de redactar el informe en el que estaba y le revelo:
—Estudié medicina y luego finanzas. —Me mira con asombro.
—¿Y todo eso lo hiciste como Maggie Wexler? —inquiere con desconfianza.
—No. No puedo ejercer la medicina porque no tengo un título con mi nombre real, pero llevar una empresa no me lo requiere si soy la dueña —le recuerdo al ver cómo me mira.
—¿Dónde estuviste todos estos años y con quién? —pregunta en una especie de lamento, siento cómo esto le atormenta.
—Y tú, Logan, ¿dónde estuviste y con quién? —se la devuelvo con dolor, a sabiendas de la respuesta.
—Qué más da. Han pasado demasiados años. Ahora estamos en una realidad complicada.
—¿Cómo vamos a salir de esta? —cuestiono, preocupada. Llevamos unas semanas trabajando muy duro, sacando la empresa de mi padre adelante y tratando con mafiosos, pero aún no hemos trazado cómo vamos a deshacernos de ellos y librarnos de todo esto que nos puede llevar a la cárcel.
—Debemos hacer que ellos confíen en nosotros por un tiempo —responde Logan con una calma desmedida.
—¿Un tiempo? —inquiero, inquieta.
—¿Tantas ganas tienes de dejar de ser mi mujer para irte con ese tal Malcolm? —pregunta de malas formas—. Por cierto, ¿dónde está? Hace días que no le veo el pelo.
—Trabajando en otros asuntos —susurro.
A espaldas de Logan le conté a Malcolm todo lo que tendremos que colaborar con esos mafiosos para que no nos maten. Malcolm me prometió hablar con algunos amigos de la DEA para tratar de protegernos si le pasamos información y conseguimos atraparlos a todos.
Por otro lado, no le he contado a Malcolm que ya tengo las pruebas de la inocencia de mi madre.
Sé que en su afán de que no esté en riesgo podría precipitarlo todo y llevarse por delante a Logan, y no quiero.
Sé que estoy jugando a dos bandas y es peligroso, pero esta es la única forma de mantenerlos a todos a raya.
—¿Sigues acostándote con él? —intenta averiguar de forma abrupta, sin delicadeza alguna.
—¿Te pregunto yo con quién te acuestas? —le rebato, furiosa. En más de una noche cuando me he ido a la cama tarde y Logan no estaba en su habitación me he torturado pensando que la pasaba con otra mujer.
—¡Con nadie! —alza la voz, enfadado—. ¿Te crees que me queda tiempo y ganas de tener sexo cuando toda mi vida se ha puesto patas arriba desde que apareciste de nuevo en ella? —me acusa sin piedad.
—Siento las molestias —susurro de forma mordaz.
—¿De verdad, Maggie? ¿Alguna vez en tu vida te he importado? —inquiere usando un tono de voz controlada, mirándome como un depredador y haciéndome sentir la peor persona sobre la tierra.
—¡Cómo puedes decir eso! Estuvimos casi un año juntos. Nos casamos, fui yo la que te pidió matrimonio —le recuerdo con énfasis—. Te amaba.
—Por lo visto no lo suficiente —me reprocha acercándose de manera peligrosa.
—¡Estás muy equivocado! —alzo la voz, encarándolo con valentía.
—Ah, ¿sí? —Me toma por la cintura con fuerza y me acerca a él. No lo rechazo. Nos dirigimos dos miradas cargadas de deseo y tensión en silencio, tiemblo, mi piel arde cuando lo tengo así de cerca y, de repente, me lanzo a sus labios y soy yo la que lo beso con toda la pasión del mundo.
Logan me corresponde completamente entregado, me estrecha con más fuerza contra su cuerpo y de forma casi mágica todos estos años entre nosotros desaparecen y volvemos a ser el Logan y la Maggie de hace dieciocho años.
Terminamos tumbados en el sofá del despacho mientras comenzamos a deshacernos de la ropa con prisa, pero una llamada de teléfono nos distrae y me hace poner los pies en la tierra.
Aparto a Logan de mi lado y comienzo a abrocharme la camisa de espaldas a él.
—¿Te has arrepentido? —ladra a mi espalda, sin hacer caso al teléfono.
—Esto no debió de suceder. —Escucho a Logan suspirar, me giro y lo observo sentado con la cabeza gacha y su camisa entreabierta—. Será mejor que me marche y te deje a solas.
Él no dice nada mientras que huyo como una cobarde, soy consciente de ello.
Paso el resto del día en mi ático con Owen y cuando regreso a casa Logan no está.
Lo escucho llegar a altas horas de la madrugada, unos cristales se rompen, salgo de mi habitación para comprobar qué sucede y lo encuentro en el salón, con una copa de alcohol en la mano, desaliñado y borracho por completo.
—Logan —susurro al verlo así. Él alza sus ojos hacia los míos y me mira con ellos entrecerrados.
—Qué bonito es tener una esposa que te reciba en casa. ¿Sabes? Mi ático se siente menos vacío desde que llegaste. Pero es un secreto, guárdamelo y no se lo digas a mi mujer. Me gusta tenerla aquí.
Le quito la bebida y tiro de su mano para que se levante.
—Vamos a la cama —le indico mientras lo dirijo subir las escaleras—. Pensé que los hombres como tú no pasaban por este estado.
—Todo es culpa de mi mujer. —Lo siento sobre el colchón y le empiezo a quitar la camisa. Se abraza a mi cintura y pega sus labios a mis pechos—. No tienes idea de todo lo que te necesito —susurra arrastrando las palabras.
Lo tumbo en la cama, le quito los zapatos, el pantalón y lo arropo. En cuanto ha puesto la cabeza sobre la almohada se ha quedado dormido.
Me tomo unos largos minutos mirándolo y lamentando que no podamos amarnos como años atrás. El paso del tiempo nos ha cobrado una factura muy cara.
Los siguientes días Logan y yo apenas coincidimos.
Creo que ambos nos evitamos, y yo tengo la excusa de que le estoy preparando su cumpleaños.
Tengo varias comidas y salidas con Helena, aparte de organizar la gran fiesta de mi marido, aprovechamos para ponernos al día sobre nuestras vidas.
Ella me cuenta todo lo que pasó con Steve y me habla de sus dos hijos, sin embargo, yo soy más hermética y me limito a decirle que Logan y yo decidimos volver a estar juntos cuando regresé.
No le he contado nada de dónde estuve todos estos años.
Tengo pendiente con mi amiga ir una tarde a su casa a merendar para conocer a sus hijos.
Con Kevin, el asistente de mi marido, quedo que la fiesta del cuarenta cumpleaños de Logan será en el salón del mejor hotel de Nueva York.
Como es una persona muy eficaz se empeña en reservar la suite más lujosa del hotel como fin de fiesta para su jefe junto con su esposa, ya que no sabía qué regalarle a un hombre que lo tiene todo, sugirió esto y no me he podido negar, él ignora que nuestro matrimonio solo es una apariencia.
Kevin se ha encargado de enviar todas las invitaciones, hay más de doscientas personas invitadas y yo, con la ayuda de Helena, he escogido la decoración y la tarta.
El día del cumpleaños de Logan lo espero en la cocina de nuestro ático.
Me he levantado temprano, he hecho tostadas, huevos revueltos y café.
He puesto una bonita mesa de desayuno con un jarrón en el centro con rosas blancas, exactamente cuarenta.
No espero que las cuente, pero me apetecía devolverle el gesto que tuvo conmigo algunos años al enviarme esas flores.
Cuando aparece en la cocina no me espera ahí con todo lo que he preparado. Me mira con sorpresa.
—¿Y esto? —pregunta observando la mesa.
—Hoy es tu cumpleaños, decidí hacerte un buen desayuno para que comiences bien el día. Felicidades —susurro sin acercarme a él. En los últimos días hemos mantenido las distancias.
Logan toma asiento a mi lado, se lleva la taza de café humeante a sus labios y antes de que los toque, dice:
—Espero que esta noche mi mujer sea un poco más efusiva en su felicitación delante de los invitados a mi fiesta.
—Lo seré. Me estoy convirtiendo en una muy buena actriz. Igual hasta llego a sorprenderte.
Él me mira con una ceja alzada y una media sonrisa que trata de reprimir.
—¿Lo haces para tenerme expectante durante todo el día? —inquiere.
—Dudo que un hombre como tú se muera por unos besos como los míos cuando puedes tener a la mujer que desees.
—Mejor no te confieso mis deseos, no quiero escandalizarte —murmura y luego le da un gran bocado a la tostada mientras me dirige una penetrante mirada que me hace estremecer.
—Hoy no iré a trabajar —le comunico—. La fiesta del cuarenta cumpleaños de mi marido me tiene muy ocupada y deseo que sea toda una sorpresa para él.
—Lo será, no lo dudes. —Me guiña el ojo, le da otro bocado a la tostada, se termina el café y se marcha con prisa.
Almuerzo con Helena, recogemos mi vestido, me acompaña a la peluquería y nos despedimos hasta esta noche.