Un acuerdo con el diablo Capítulo 21
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Capítulo 21

Un día soñé esta vida

De camino a casa de Logan, pienso en el mensaje que hace unas horas me envió con su dirección, en el que me decía que me estaba esperando y que, si no iba, él vendría a por mí y no me iba a gustar.

Suspiro con el corazón encogido. Creo que lo odio un poco menos por todo lo que Owen me acaba de contar que pasó hace años.

Aún no asimilo que sigamos casados. Un día soñé con esta vida, ambos compartiendo un hogar juntos, lujoso, producto del esfuerzo de nuestro trabajo y siendo muy felices.

Qué diferente es la realidad que tenemos ante nosotros.

Ahora somos dos completos desconocidos con vidas muy dispares y estamos metidos en un buen lío al tener que tratar con los mafiosos que lo hacía mi padre.

Cierro los ojos y recuerdo el momento en el que le advirtió a Callaham que era su mujer.

Lo dijo con tanto orgullo que cada vez que lo rememoro consigo que la piel se me erice por completo.

La forma en la que me defendió y encaró a ese traficante me hizo admirarlo, pensar que pudiese sentir algo por mí casi me corta la respiración.

Pero todo se desvaneció cuando me dejó claro que lo que hace es parte de un plan para ambos estar a salvo.

No estoy preparada para vivir con Logan, voy a su casa con la intención de hablar con él a solas y tranquilos y tratar de llegar a un acuerdo.

Sé que se ha convertido en un hombre difícil y autoritario, pero algo dentro de mí se niega a pensar que el Logan que yo conocí haya desaparecido por completo.

El portero de su edificio me recibe dirigiéndose a mí como señora Kessler.

Me sorprende que me conozca. Subo en el ascensor hasta el ático de Logan con el código que me ha dado y cuando las puertas se abren él está ahí para recibirme.

Lleva unos vaqueros desgastados y una simple camiseta negra de manga corta, dejando visible sus musculosos brazos donde aprecio unos tatuajes que antes no llevaba, pero no le digo nada.

Verlo vestido así me hace recordar al Logan de años atrás, lejos del hombre rico y poderoso que es hoy en día.

Me centro en el presente, carraspeo un poco y le indico:

—Aquí estoy.

Aprecio que me repasa de arriba abajo con interés y pregunta pensativo:

—¿Vienes sin maletas?

—He venido a hablar contigo —expongo con calma.

De inmediato advierto que mi respuesta no es del agrado de Logan.

Me mira serio y distante. Al cabo de varios segundos parados de pie uno frente al otro me hace un gesto con la mano para que pase al salón.

Lo sigo, se sienta y me ofrece que haga lo mismo.

—Tú dirás —susurra mirándome con atención. La calma con la que me observa me pone nerviosa.

—Seguimos casados —pronuncio, él asiente—. Y puede que sea conveniente seguir así en estos momentos dadas las circunstancias —continúo con mi exposición intentando no parecer nerviosa.

—Es necesario —me interrumpe de forma clara y tajante.

—Vale, seremos marido y mujer delante de todos, pero no creo que sea necesario que me traslade a tu casa a vivir. Puedo seguir en mi ático. No creo que nadie se preocupe por dónde duerme cada quién.

—¿Has venido a convencerme de que cada uno vivamos por separado mientras le hacemos creer a la sociedad que somos un matrimonio unido? —pregunta en tono de burla—. Creo que aún sigues sin ser consciente de la magnitud de lo que estamos metidos por tu culpa —me espeta serio.

—Yo no sabía quién era Callaham. Me enteré en la reunión —alego en mi defensa.

—Y decidiste enfrentarlo pensando que se iba a marchar por las buenas al decirle que ya no haríamos negocios con él como tu padre —brama, enfadado—. ¡Qué inocente!

—Solo le expuse que las cosas iban a cambiar tras la muerte de mi padre.

—Así no van las cosas en este mundo —me reprende.

—Sabes mucho para no estar metido en ello —le espeto.

Logan se levanta del sillón que ocupa de golpe, me sobresalta, se acerca, coloca las manos en los reposabrazos del sillón donde estoy sentada y me mira muy cerca.

—Ya te dije que todos mis negocios son legales.

No voy a volver a repetírtelo. Compré la mitad de la empresa de tu padre porque soñé durante años verlo doblegado ante mí.

Cuando firmó vendiéndome el cincuenta por ciento de Wexler disfruté al máximo por dos razones, porque yo era el que lo sacaba de la bancarrota y porque me iba a hacer mucho más rico vendiendo todas esas acciones por partes.

No contaba con su muerte, no te lo voy a negar, ni con tu llegada.

Mis intenciones seguían siendo las mismas, sacar a la empresa de la situación por la que pasaba y venderla, ahora tú lo has complicado todo.

Me has hecho ocupar el lugar de tu padre con esas personas.

Ellos no tratan con mujeres inexpertas como tú.

Así, que ahora vas a hacer lo que yo diga —me advierte en tono rotundo y mandón—.

Y que vivas conmigo es una de las condiciones que no estoy dispuesto a cambiar.

—Nadie tiene por qué saber que no vivimos juntos. Además, tienes una novia, ¿qué piensas hacer con ella?

—Con Katie no tenía nada serio. Hemos terminado —suelta de golpe y me quedo impactada.

—¡¿Qué?!

—Espero que hagas lo mismo con ese tal Malcolm —añade.

—No puedo vivir contigo.

—Tendrás que hacerlo. Ya he dispuesto una habitación para ti en esta casa.

—¿Qué pretendes con que vivamos juntos? —pregunto con cierto temor.

Logan esboza una amplia sonrisa y se aleja un poco de mí.

—Por favor, Maggie. ¿No pensarás que quiero reconquistar a mi mujer tras los años? —se burla—. Me quedó claro que no querías nada conmigo hace mucho tiempo. Tranquila, esto solo se trata de mantener las apariencias y de que nadie intente quitarte la vida.

—¿Cuáles son tus planes? —pregunto con temor.

—Desvincularme de todo lo que tenga que ver con tu padre sin que mi nombre salga perjudicado, ni mis empresas. Lo haremos a mi modo. Y para ello tendrás que vender como yo llegado el momento, es la única forma de deshacernos de todos los mafiosos con los que trataba Harrison.

—Bien. Lo haré, pero antes necesito conseguir toda la información de los negocios ilegales de mi padre. No sé dónde la tiene —revelo.

—Yo tampoco, pero Hunter seguro que sabe algo. ¿Para qué la quieres? —se interesa.

—Necesito saber con certeza quién era mi padre —le miento—. Luego venderé cuando me digas, no me interesa la empresa ni el dinero. Mis planes de futuro son otros.

—Entonces remamos en el mismo sentido —establece—. Ordena que te traigan mañana todas tus cosas. Voy a enseñarte mi casa, que de ahora en adelante será la tuya, y no admito más discusión sobre esto —añade, dirigiéndome una mirada que me indica que el tema está zanjado.

Logan comienza a salir del salón y lo sigo, resignada.

Clavo la mirada en su ancha espalda mientras camina unos pasos delante de mí y suspiro porque sé que nuestra convivencia no será nada fácil.

Lo siento como un completo desconocido pese a tener el rostro del hombre del que me enamoré perdidamente años atrás.

Logan me enseña cada estancia de su impresionante ático de dos plantas.

Es más grande que el mío. Tiene siete habitaciones, una enorme terraza, piscina, gimnasio, un despacho con vistas increíbles y una zona para el servicio.

Mi habitación está justo al lado de la suya, esto me resulta incómodo, estoy a punto de pedirle que me asigne otra, pero no lo hago.

Todo es tan lujoso y extravagante que me siento impresionada. Realmente es muy rico.

—Es un ático increíble —susurro cuando terminamos el recorrido en la amplia cocina—. ¿Siempre soñaste con algo así? —pregunto con interés. Me reservo decirle que un hogar como este no le pegaba al Logan que yo conocí.

—Los sueños y las prioridades cambian con el tiempo. ¿Una copa de vino? —me ofrece sacando una botella—. Creo que debemos brindar por esta unión de cara a los demás. Mañana seremos noticia cuando todos los medios se hagan eco de que estamos casados.

Logan comienza a rellenar nuestras copas.

—Nos preguntarán cuándo nos casamos —murmuro pensando en nuestra aparición juntos en la fundación Wexler hace unos días donde no dimos indicio alguno de ser pareja.

—Diremos la verdad, que lo hicimos hace años, nos dimos cuenta de que seguíamos casados por un error hace poco y decidimos continuar con este matrimonio. Bienvenida a su casa, señora Kessler —brinda Logan dirigiéndome una sonrisa forzada.

Uno mi copa a la de él por educación y bebo en silencio mirándolo a los ojos. Algo me hace presagiar que disfruta con toda esta situación que a mí me resulta tan incómoda.

—He contratado a dos guardaespaldas para ti. Desde mañana siempre estarán a tu lado en todo momento —revela con naturalidad.

—¡¿Por qué?! —inquiero a modo de queja.

—Porque Callaham te ha amenazado de muerte hoy. No me quedo tranquilo solo con haberle dicho que eres mi mujer e intocable. No me fío de hombres como él u otros con los que trataba tu padre.

—¿Y tú no llevarás guardaespaldas? —pregunto con cierta inquietud.

—Yo sé cuidarme y por el momento nadie me ha amenazado de muerte.

—Siento todo lo que he provocado en la reunión con Callaham —me disculpo con culpa. He alterado nuestras vidas por comportarme como una estúpida novata—. Admito que no debí actuar así.

—No toda la responsabilidad es tuya. Yo sabía de esa reunión y quién era él y no te lo advertí con tiempo —asume.

Lo miro con sorpresa, ¿es una especie de disculpa por parte de don perfecto? Porque desde que ha aparecido en mi vida de nuevo se ha encargado de recordarme en cada momento que es muy eficaz en sus negocios, en su vida, con el ático que tiene…

—Llegaste tarde —le reprocho sin piedad.

—No era mi intención. Cogí un gran atasco que me impidió estar a la hora. Al parecer es nuestro destino compartir casa como marido y mujer, algo que no pudimos hacer en el pasado —comenta dedicándome una sonrisa forzada.

—Solo vamos a fingir ser un matrimonio —recalco.

Logan asiente en silencio mientras lo observo vaciar su copa de vino.

—Como buen anfitrión tengo preparada una cena para recibir a mi esposa en su nuevo hogar —plantea de forma teatral.

—Me tengo que ir, Logan —susurro.

—De eso nada. Desde que le dije a Callaham que eres mi mujer te comportarás como tal. Esta noche dormirás en mi casa. No es mi problema que hayas venido sin equipaje.

—No puedes…

—Sí puedo. Desde esta noche esta es tu casa —repite con contundencia—.

No voy a dejar que salgas de aquí hasta por la mañana que vayamos juntos a la empresa y comencemos a trabajar en todo lo que tenemos pendiente.

Tú nos has llevado a esta situación, ahora asume las consecuencias —me reprocha, serio, implacable, culpándome.

—¿Tengo yo la culpa de que sigamos casados? —le espeto, alterada, con rabia por obligarme a acatar sus órdenes.

—La culpa fue mía por no firmar los documentos del divorcio cuando debí hacerlo, pero es lo que hay. —Abre los brazos y me dedica una sonrisa irónica.

Tomo una gran bocanada de aire y me obligo a relajarme. Discutir con Logan no me llevará a nada. Asumo que esta situación se ha provocado por mi mala actuación con Callaham y decido llevar la fiesta en paz con mi marido.

—Cenemos, esposo mío —le indico en tono mordaz—. Aprendamos a soportarnos en privado para cuando tengamos que exponernos en público la gente no sienta que entre nosotros no existe nada.

Logan me dedica una mirada cargada de resentimiento.

No dice nada, nos dirigimos hacia el salón y tomamos asiento.

De la nada aparecen dos personas con uniformes y comienzan a servirnos la cena mientras nos miramos en silencio con la espalda apoyada en el respaldo de la silla y las manos en el regazo.

—Ellos son Joseff y Mary, trabajan para mí desde hace algunos años —me presenta a su personal de servicio cuando terminan de servirnos la cena.

—Bienvenida, señora Kessler —dicen ambos.

—Por favor, llámenme Maggie —les pido a ambos dedicándoles una sonrisa amable. Son dos personas de mediana edad que me caen bien nada más mirarlas.

—Joseff y Mary son marido y mujer y mantienen el ático en orden. Mary se encarga de las comidas, cualquier cosa que desees cambiar o que necesites háblalo con ellos.

—Estamos a su disposición, señora.

—Gracias.

La pareja desaparece mientras que Logan y yo nos quedamos cenando el rico asado al horno que han preparado.

—Mary tiene muy buena mano. Está riquísimo —comento.

—Sí, desempeñan muy bien su labor. Trabajan para mí desde hace siete años.

—Tienes pintas de ser un jefe exigente —susurro.

—Solo pido a mis empleados que hagan un buen trabajo y sean eficientes. Les pago muy bien a todos.

—¿Cuántos empleados tienes? —pregunto a modo de entablar conversación.

—Más de dos mil —revela como si nada. Me quedo en silencio y lo admiro—. ¿Pasa algo? —inquiere a la defensiva.

—No. Me alegra que hayas llegado hasta dónde estás —comento con orgullo.

—No tienes ni idea de todo lo que trabajé estos años —revela como un reproche.

—Puedo hacerme una idea viendo este lujoso ático. —Nos miramos de una forma demasiado intensa y aparto mis ojos de los suyos—. Creo que voy a irme a descansar. ¿Puedo retirarme a mi habitación?

—¿No quieres postre? —pregunta con un tono tan sensual que consigue acelerar mi corazón.

—No, gracias. Estoy llena.

—Tú te lo pierdes —dice de forma despreocupada. Observo que coge una natilla casera que nos ha traído Mary y le echa canela.

—Hasta mañana, Logan.

—Como si estuvieses en tu casa, esposa —murmura llevándose la cuchara a la boca.

Salgo de la estancia y mientras subo las escaleras hacia mi nueva habitación siento que las piernas me tiemblan.

Imaginé tanto una vida como esta con Logan…

y ahora que la tenemos… Todo es muy complicado.

Ya no somos los mismos y es lo que más me duele y debo asimilar cuanto antes para poder llevar la situación lo mejor posible.