Un acuerdo con el diablo Esquemas rotos
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Esquemas rotos

Sentada en la alfombra de mi salón, con ropa cómoda, tengo mil papeles esparcidos a mi lado, en la mesa baja que hay delante y en el sofá. Con mi ordenador trabajando hasta echar humo, y junto con Malcolm y Owen, recabamos toda la información posible sobre Logan Kessler.

Hemos descubierto que lleva siete años viviendo en Nueva York en un gran ático de lujo que no se encuentra muy lejos del mío, hizo toda su fortuna gracias a una sociedad que fundó con un amigo hace dieciséis años y luego Logan continuó solo.

Es un hombre respetado y temido en los negocios.

Nunca pierde. Algunos lo catalogan de despiadado.

Pero, lo que más me preocupa es que tenga negocios sucios, igual que mi padre; por el momento, no he conseguido averiguar absolutamente nada.

Finalmente, no puedo evitar indagar sobre su vida privada. Necesito saber si está casado, si tiene hijos… Su vida personal es muy hermética, solo puedo acceder a que los medios lo relacionan con una mujer muy guapa llamada Katie Quinn. Es modelo profesional.

Cuando veo una foto de ellos juntos en una alfombra roja mi corazón siente como si lo apuñalasen.

No quiero que me duela como me duele. No deseo que me afecte de esta forma.

Él tiene su vida, y fui yo la que decidí que nuestros caminos continuasen por separado cuando lo encontré en Indiana viviendo con otra mujer.

No tengo derecho a sentir celos. De lo nuestro hace muchos años y por la vida de Logan Kessler deben de haber pasado tantas mujeres que no sé ni cómo se acordó de mí al verme esta mañana en la sala de juntas.

—Logan ha roto todos mis esquemas —susurro con la mirada clavada en Malcolm y Owen, sintiéndome completamente perdida—. No podré tomar todas las decisiones en la empresa de mi padre que tenía en mente. Tendré que contar con su aprobación al tener el cincuenta por ciento de ella.

—Limítate a conseguir las pruebas de la inocencia de tu madre y déjale el grupo Wexler a Kessler, él solo lo quiere para hacerse más rico al venderlo por partes. No te compliques la vida, Maggie —me aconseja Malcolm.

—¿Y si Logan se hizo con la empresa de mi padre para seguir sus pasos en el lavado de dinero y facilitar la entrada de drogas y armas a través de las empresas del puerto? —inquiero con miedo.

—¿Si descubres que esa ha sido la razón, qué harías? —pregunta Malcolm con interés.

—No lo sé —contesto con un nudo en la garganta.

—No te compliques, Maggie —insiste—. Cuando tengas las pruebas de la inocencia de tu madre y a lo que se dedicaba Harrison déjalo todo en manos de Kessler.

Tu vocación en la vida es otra. Ser una ejecutiva financiera solo era parte de un plan —me recuerda—.

Míralo por el lado bueno, puede que tu estancia en Nueva York te lleve menos de lo que esperabas —comenta Malcolm.

—Necesitas descansar. Hoy ha sido un día duro —me aconseja Owen. Los párpados se me cierran y siento una angustia interior que no soy capaz de deshacerme de ella.

—Me voy a la cama. Mañana me espera un día duro entre estados financieros y toma de decisiones.

—¿Irás a la oficina de la empresa? —se interesa Malcolm.

—Sí. Tengo que acceder a todos los documentos y negocios de mi padre.

En algún lugar debe de estar todo lo ilegal que llevaba a cabo.

Seguro que Hunter sabe algo. Y necesito averiguar con qué finalidad se ha hecho Logan con las acciones del grupo Wexler, sabía desde hacía años que mi padre no tenía negocios limpios.

No sé si se trata de una venganza por lo que le hizo hace años o para beneficiarse y hacerse más rico siguiendo los pasos de Harrison Wexler.

—Bien, yo aprovecharé la mañana haciendo algunas averiguaciones y luego comemos juntos —propone Malcolm.

Me despido de él y de Owen y subo a mi habitación.

Siento que ha pasado un tren por encima de mí.

Me tumbo en la cama, cierro los ojos y suspiro cuando la imagen impecable, de hombre de negocios frío y calculador de Logan aparece en mi mente.

Un gran escalofrío recorre todo mi cuerpo cuando pienso en quién se ha convertido, en lo rico que es y cómo me miró.

La desconfianza que aprecié en sus increíbles ojos grises me traspasó el corazón.

Deseé arrojarme en sus brazos, cerrar los ojos y pensar que estábamos dieciocho años atrás, cuando me miraba con amor y ternura.

No sé cómo voy a llevar esta situación con él tan cerca, es algo en lo que tengo que trabajar.

Ha roto todos mis esquemas y no puedo mentirme diciendo que no significa nada para mí.

Tras diez años pensando que lo había olvidado, que ya no lo amaba, Logan Kessler ha borrado todo eso de un solo plumazo con su aparición.

En estos momentos me siento una mujer dolida porque he descubierto que tiene una pareja guapísima, una modelo de veinticinco años, y no tengo derecho a ello.

Intento dormir, doy vueltas en la cama, pero la imagen de Logan no desaparece de mis pensamientos.

Cuando bajo a desayunar no he conseguido pegar ojo en toda la noche. Apenas son las seis de la mañana cuando Owen me sorprende en la cocina tomándome un café bien cargado y lista para marcharme a la oficina.

—¿No es un poco temprano? —pregunta con delicadeza. Él mejor que nadie sabe todo lo que sufrí cuando mi padre me obligó a separarme de Logan.

—No podía dormir.

—Mucho me temo que vas a tener muchas noches como estas, Maggie. No es fácil a lo que te enfrentas y más con Logan metido en todo esto. Algo me dice que ya no es el hombre noble y fácil del pasado.

—Sí. Yo también creo que ha cambiado mucho. Sus ojos ya no son los mismos, Owen —revelo con pena—. Debo confesarte que me dolió que ya no me mirase con amor. Lo sentí otra persona muy diferente a la que conocí.

—No habéis hablado del pasado. Creo que deberíais hacerlo —me aconseja.

—Ya no tiene sentido. Han pasado muchas cosas, demasiados años y ya no somos los mismos.

—El destino se cebó con vosotros. Os queríais de verdad —susurra con pena.

Me acerco a Owen, le doy un beso y me marcho.

Cuando llego a la empresa me reciben el conserje y el guardia de seguridad. Ambos se sorprenden de que esté ahí tan temprano. Entro en mi despacho, me siento en el sillón y observo todo el lugar en silencio. Imaginando todos los negocios y acuerdos que mi padre habrá llevado en este lugar.

—Si las paredes hablasen —susurro.

Observo el marco de foto que dejé bocabajo el día anterior y fijo la mirada en el rostro de mi padre y en la niña que fui.

No tengo malos recuerdos de él hasta que me obligó a separarme de Logan.

Siempre fue un buen padre, cariñoso, que me lo dio todo.

Si hubiese entendido lo mío y lo de Logan qué diferentes serían nuestras vidas en estos momentos.

Abro el ordenador, observo el informe que me dejó ayer Hunter en la sala de juntas y leo con detenimiento las propuestas de Logan.

Paso tres horas a solas hasta que Vivian y Hunter llaman a la puerta de mi despacho y me indican que están a mi disposición para cuando los necesite.

Pasadas unas horas me ponen al corriente del funcionamiento del grupo Wexler y consigo entender muchas cosas.

Antes de que venga Malcolm a recogerme sé que hay mucho trabajo por hacer para que esta empresa no se hunda por completo, y debo de admitir que todas las propuestas de Logan son inmejorables.

Comemos en un restaurante cercano al edificio en el que solía ir mucho de pequeña y que a mi madre le encantaba.

En mitad de la comida casi me atraganto cuando observo a Logan acercarse a nuestra mesa.

Está acompañado por dos hombres más. Solo nos saludamos de forma breve, pero su simple mirada penetrante hace que tiemble y pierda el apetito.

Logan se despide diciendo:

—Nos vemos esta noche.

Cierro los ojos pensando en la gala de la fundación.

Cuando se marcha Malcolm nota mi inquietud. Me toma de la mano y me susurra:

—Tienes que aprender a dominarte cuando lo tengas cerca. De ahora en adelante lo vas a ver mucho.

—No me acostumbro a este Logan —revelo con un nudo en la garganta y la mirada fija en el hombre que se ha sentado un par de mesas más allá.

La seguridad que tiene en sí mismo da miedo.

El modo en que todos lo miran causa respeto.

Al parecer, es alguien muy reconocido. Aprecio que ha saludado a varias personas del personal del restaurante hasta que ha llegado a su mesa.

No vuelvo al despacho esta tarde, necesito ir a comprarme un vestido para esta noche, que sea deslumbrante y la gente repare en este y no en mi persona. Lo más seguro es que Logan acuda acompañado de su novia y no estoy preparada para tenerlo cerca con otra mujer y esta me supere.

Escojo un diseño de Versace en negro, largo, palabra de honor.

Decido complementarlo con un collar de diamantes y unos pendientes a juego que cuestan una fortuna, eran de mi madre y mi padre aún los conservaba en un cajón de su habitación.

Desde que regresé a este ático lo puse patas arriba en busca de pruebas o documentos que pudiesen servir para probar la inocencia de mi madre, pero solo encontré joyas en varios cajones ocultos en el vestidor de mi padre y bastante dinero en efectivo.

Existen dos cajas fuertes más en la casa, pero no sé la combinación.

Estoy segura de que ahí puede haber algo.

Ya me encargaré de encontrar a alguien de confianza que las abra sin llamar la atención, no sé qué pueda encontrar dentro.

Llamo a una peluquera a casa para que me recoja mi larga melena castaña en un moño, me maquilla con esmero y cuando me miro al espejo me siento como una estrella de cine. Voy espectacular, mis ojos verdes resaltan más que nunca.

Cuando Owen y Malcolm me observan bajar las escaleras susurran:

—¡Maggie! Vas a dejar sin palabras a todos esta noche.

—¡Estás impresionante!

—No quiero defraudar a nadie con mi vuelta. Puede que por dentro vaya hecha un flan por culpa de Logan, pero necesito que el resto de personas y la sociedad de Nueva York que me conocían y conocían a mi padre hablen de que su hija ha vuelto para hacerse cargo de su herencia.

—Cuando Logan te vea esta noche volverá a enamorarse de ti —susurra Owen admirándome.

—Tiene una novia más joven, muy guapa y es modelo —le recuerdo.

—Tú le ganas en todo, Maggie —dice admirándome con orgullo.

—Eso es porque me quieres mucho. Deséame suerte —le indico mostrándole una sonrisa nerviosa.

—Te esperaré despierto para que me cuentes todo.

Me marcho con Malcolm y de camino a la gala de la fundación le agradezco que esté a mi lado.

—Creo que Kessler piensa que estamos liados —dice de golpe, sorprendiéndome por completo sus palabras—. ¿No viste su cara ayer cuando irrumpió en tu despacho y hoy cuando estábamos comiendo juntos?

—Me da igual lo que piense. Él tiene su vida y no le tengo que dar explicaciones de la mía.

—Igual facilitaría todo que le contases la verdad —sugiere.

—No —manifiesto, rotunda.

—¿Estás segura? —inquiere.

—Muy segura. Con respecto a ti diremos que eres un gran amigo, pero en ningún momento nombraremos a mi madre. Ni todos estos años en Qatar —le advierto.

—Como tú quieras.

Llegamos a la gala, nos reciben en la entrada, nos presentan a varias personas encargadas de llevar los asuntos de la fundación e instintivamente busco con la mirada a Logan.

Escucho decir a alguien que el señor Kessler aún no ha llegado.

Me relajo un poco, y me permito aceptar la copa de champán que me ofrecen, me giro, me topo con Logan entrando en la gala.

El traje negro a medida que lleva le sienta como un guante.

Me sorprende que venga solo. Le extiende la mano a varias personas y sonríe a otras mientras que no puedo dejar de mirarlo.

¿Cómo es posible que sea un hombre tan reconocido y yo no supiese nada de él hasta este momento?

De repente, siento que la mirada de Logan repara en mí. Aprecio cómo sus ojos me recorren de arriba abajo con detenimiento, estudiándome al milímetro con absoluto descaro. Se acerca y me saluda con un gesto de cabeza al mismo tiempo que susurra:

—Maggie.

—Logan —pronuncio su nombre sin pensar. Nos quedamos en silencio, mirándonos a los ojos.

Malcolm carraspea y Logan se digna a mirarlo.

—Has venido acompañada —comenta y percibo que no le ha hecho mucha gracia.

—Malcolm es mi mano derecha —justifico.

—Hunter va a presentarme ante los medios como tu nuevo socio en breve, pero antes ven conmigo para que Vivian te ponga al tanto de cómo irá todo.

Dudo ante su petición, pero finalmente le entrego mi copa a Malcolm y sigo a Logan. Nos encaminamos hacia un pasillo largo y deduzco que Hunter y Vivian estarán al final en alguna parte.

Logan abre una puerta, entramos en un despacho y cuando observo que estamos solos siento un nudo en la garganta.

—Tenemos que hablar —anuncia, serio.

—¿Dónde están Hunter y Vivian? —pregunto refiriéndome a los temas que tengamos que tratar.

—Es personal, Maggie.

—No creo que sea el momento, Logan.

—Es algo que tenemos que resolver entre nosotros —dice de forma distante.

—Ya sé que tienes una novia modelo. No me debes explicaciones de tu vida.

—Katie —susurra su nombre con una sonrisa—. No la he traído esta noche. Considero que esto es trabajo. Sin embargo, tú no has dudado en venir con Malcolm.

—Ya te lo he dicho. Es mi mano derecha, mi asesor.

—¿Solo eso, Maggie? ¿O es que ahora te gustan los hombres mayores?

Dime una cosa, ¿todos estos años has estado con él?

Salta a la vista la complicidad que tenéis.

¿Estabas tan a gusto con ese viejo que fue la verdadera razón por la que no quisiste volver durante todos estos años mientras yo me volvía loco buscándote?

—me espeta de forma hiriente mientras sus ojos echan fuego.

—No tienes derecho a reprocharme nada cuando fuiste tú quién…

De repente nos interrumpen, Hunter aparece con una carpeta en la mano y nos pone al tanto de cómo se entregarán las becas y anunciaremos ante los presentes que Logan y yo seremos los nuevos encargados de llevar el grupo Wexler de ahora en adelante.

Logan y yo nos miramos en silencio y, pese a que no retomamos la conversación en la que estábamos inmersos, sabemos que tarde o temprano el pasado saldrá a relucir.

Nos pediremos explicaciones. En parte, me muero por saber tantas cosas…

, sin embargo, soy consciente de que si hablamos y nos sinceramos yo tendré que revelar muchas cosas que no puedo ni quiero por el momento.