Un acuerdo con el diablo Capítulo 15
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Capítulo 15

Los deseos se cumplen

—Maggie —susurra acercándose, con lágrimas, extendiendo sus brazos hacia mí.

—¡¿Tú?! ¿Estás viva? —murmuro con un hilo de voz mientras siento que el corazón se me va a salir del pecho.

La abrazo, comienzo a llorar mirándola a los ojos y acariciándole las mejillas, comprobando que es real, que mi madre está viva como soñé tantas veces. No sé qué especie de milagro o sueño sea este, pero no quiero despertar.

—Mamá, ¡estás viva! —manifiesto con la voz entrecortada, llorando sin poder parar—. ¡¿Qué es esto?! —pregunto mirándola a ella y al hombre que me ha traído, que se encuentras a unos pasos detrás de mí.

—Tenemos mucho de qué hablar, mi pequeña. Estás hecha toda una mujer. —Me admira con mil lágrimas en su rostro, sigue tan guapa como la recordaba, me abraza y me besa llorando y temblando.

—No sé qué es todo esto. ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué todos creemos que estás muerta? —le reprocho con dolor—. ¿Tienes una idea de lo que te he llorado y extrañado?

Mi madre me coge de las manos y me lleva hasta un sofá cercano, bajo una enorme sombrilla.

—Te lo voy a explicar todo, solo espero que me comprendas y me perdones, mi vida. Tenía que ser así. No existía otra salida para mí —me explica con calma y lágrimas en sus mejillas.

Malcolm nos coloca dos vasos de agua y una jarra bien fría sobre la mesa baja que tenemos delante y dice:

—Os dejo para que habléis a solas. Maggie, tu móvil no puede volverse a usar. Voy a deshacerme de él. —Antes de montarnos en el aeropuerto me lo pidió, lo apagó y se quedó con él.

Se marcha y mi madre me atrae de nuevo hacia sus brazos y me llena de besos, emocionada.

—Te quiero, mi niña. No sabes lo que te he echado de menos en estos años, pero Owen me ha mantenido al tanto de todo con respecto a ti. No me he perdido nada de ti gracias a él. Ha sido mis ojos en esa casa todos estos años de ausencia.

—¿Owen?

—Sí. Estás aquí por él. Es la única persona en Estados Unidos que sabe que estoy viva.

—¡¿Por qué estás aquí?! ¿Tienes idea de lo que te he llorado? Me costó varios años superar tu muerte. No sabía cómo vivir sin mi madre —le reprocho de nuevo, dolida—. Ese accidente que tuvimos… Tenía pesadillas con él. Te recuerdo muerta entre mis brazos.

—Lo sé, cariño. Owen no me ocultó nada, era el trato. He sufrido contigo desde la distancia, pero no podía volver.

—¡¿De qué hablas?! Explícame todo. No entiendo nada —le exijo perdiendo la paciencia.

—Es una larga historia, pero tenemos tiempo, mi vida.

No me alejé de ti por gusto. Fue necesario fingir mi muerte.

Verás, me casé con tu padre, un hombre siete años mayor que yo, me enamoré de él tras salvarle la vida en una operación, pero, con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que no era quién pensaba.

Llegaste tú, me refugié en ti y me volqué en ser la mejor madre del mundo, dejando mi trabajo a un lado como me pidió mi marido.

Él tenía tanto dinero que decía que no tenía que trabajar en un hospital, con turnos y estar siempre cansada.

Nunca me metí en los negocios de Harrison, no me interesaban ni los entendía.

En ocasiones él me decía que debía firmar unos documentos, que había negocios que eran de los dos, del matrimonio, y yo confiaba en él plenamente.

Un día Malcolm, era agente del FBI, estudié con su hermana medicina, me previno de mi marido, pero ya era demasiado tarde.

Me había involucrado en unos negocios de blanqueo de dinero en sus empresas a mis espaldas y la única responsable era yo.

Iba a ir a la cárcel por culpa de tu padre.

Y por muchos años. Malcolm me aseguró que lo tenía todo muy difícil, él sabía que era inocente, pero no podía probarlo.

Todo me acusaba. Estaba desesperada. Ir a la cárcel, dejarte a ti.

Tu padre sabía que me iban a acusar, pero no me dijo nada, actuaba conmigo como si nada.

Malcolm me puso al tanto de quién era tu padre realmente y que le estaban siguiendo los pasos en sus negocios desde hacía tiempo.

Tras el incidente, no fue provocado y casi muero de verdad, me propuso fingir mi muerte, salir del país y salvarme de años de cárcel.

Era una gran oportunidad. Malcolm siempre estuvo enamorado de mí y se ofreció a ayudarme y venir conmigo.

No tenía otra opción, Maggie. Intenté llevarte conmigo, pero era muy arriesgado.

Malcolm envió a Owen a trabajar a nuestra casa desde unos meses antes del accidente para que lo mantuviese al tanto de los movimientos de Harrison.

Luego él ha estado velando por ti, contándome cada día cómo estaba mi hija, enviándome fotos de cómo crecías y cómo era tu vida.

Cariño, tu padre es capaz de todo. Cuando Owen me contó que te habías casado y que te obligó a divorciarte supe que tú y Logan corríais peligro, ese muchacho mucho más que tú por su condición social.

Cuando a Harrison le estorba alguien en sus planes hace lo que sea, implicando su muerte.

Él nunca se mancha las manos, pero tiene quién lo haga.

Tú eres su hija, pero es un ser que solo se quiere a sí mismo.

Alejarte de él es ponerte a salvo. Y por eso hice todo esto con la ayuda de Owen y Malcolm.

—Mamá —susurro sin poder creer todo lo que me ha relatado—. ¿Qué va a pasar ahora? —pregunto con miedo.

—Viviremos con otras identidades para que no puedan encontrarnos, como he hecho yo hasta ahora.

—Papá es muy poderoso.

—Malcolm nos protegerá. Contamos con todo lo necesario para que tu padre no llegue hasta nosotras. Malcolm montó una agencia de seguridad en Qatar y le va muy bien. Gracias a él salí adelante económicamente. No teníamos nada cuando llegamos.

—Tengo miedo —susurro abrazándome a ella, temblando. Todo lo que me ha contado es dantesco. Mi padre es mucho peor de lo que imaginaba.

—Es normal, pero yo te voy a proteger, mi niña.

—¿Qué pasará cuando papá me busque?

—Probablemente se vuelva casi loco. No te encontrará —afirma con seguridad.

—¿Estás segura? —inquiero con dudas.

—Malcolm vela por la seguridad de grandes jeques de este país. Estamos bien protegidos por ellos. Harrison Wexler no tiene poder alguno aquí.

—Mamá, ¿y Logan? Yo lo amo —confieso, desesperada.

—Malcolm está intentando localizarlo para traerlo hasta aquí. Sé que es lo que quieres.

Me abrazo a ella, lloro y susurro:

—No sabes cómo me alegro de que estés viva y de que estemos juntas por fin.

—Tenemos muchas cosas de que hablar, pero comprendo que estés cansada y tus emociones no te dejen pensar con claridad. Tenemos tiempo para todo. Ven, voy a enseñarte la casa que de ahora en adelante será la tuya y tu habitación. Llevo algunas semanas preparándola.

Dormir esa noche entre los brazos de mi madre es como una cura para mi alma. La sensación de paz y felicidad es indescriptible.

Cuando me despierto y bajamos a desayunar descubro que Malcolm vive con mi madre y son pareja. Se ve un buen hombre y aprecio, por la forma en que se miran, que se quieren. Mi madre me revela que ejerce la medicina en un hospital de Qatar con otro nombre.

Paso el día con Malcolm y mi madre, confío en ellos y me siento muy bien con ambos.

Solo me falta Logan a mi lado para ser completamente feliz.

Malcolm me ha jurado que lo está buscando y que cuando dé con él lo traerá con cualquier excusa a Qatar.

Estoy segura de que no le importará cambiar de identidad ni de país con tal de estar conmigo y lejos de mi poderoso padre.

***

Tres meses después

—Lo siento, Maggie, pero no puedo mantener por más tiempo la búsqueda de Logan sin levantar sospechas en Estados Unidos.

Solo puedo asegurarte que no está muerto, pero ha desaparecido de Nueva York por completo y no tengo ningún indicio de dónde buscarlo —me comunica Malcolm mientras mi mundo se desmorona por completo.

Llevo meses soñando con la noticia de que Logan llegará junto a mí en cualquier momento.

—¿Y mi padre? —pregunto, preocupada. Sé que mantiene una búsqueda incansable por su hija desde que desaparecí.

Inclusive ofrece una recompensa millonaria a quién dé alguna pista sobre mi paradero.

Por ello llevo meses encerrada en esta casa sin salir.

No me importa, tampoco es que tenga que hacer mucho fuera.

—Continúa buscándote de forma privada según Owen, pese a que tras los meses sucedidos tu desaparición ya no es una noticia. He dejado de hacer el asunto público.

—Eso es bueno. Así tu cara no está en las televisiones, prensa ni revistas —comenta mi madre.

—Con mi nuevo estilo dudo que me reconozcan —susurro. Me corté el pelo a la altura de la barbilla, me cambié el color a cobrizo, llevo gafas de ver y uso ropa ancha para que no puedan reparar en mi aspecto en caso de que mi padre tenga a gente por el mundo buscándome.

—Ya lo he arreglado todo con la universidad. Estudiarás medicina a distancia y yo seré la encargada de impartir tus prácticas. De algo debe de valer ser la mejor amiga de la mujer del decano de la universidad de medicina —dice mi madre.

—Gracias —le indico sin estar todo lo feliz que debería. Logan es un pensamiento constante en mi mente. Es un sin vivir no saber nada de él, sobre todo me preocupa que no esté bien y mi padre le haya hecho algo porque piense que he incumplido el acuerdo al que llegamos.