Un acuerdo con el diablo Capítulo 9
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Capítulo 9

Amor y decepción

—Se me hace raro estar en esta casa así contigo. Tu padre acaba de otorgarme una beca en agradecimiento y yo…

—Tú vas a hacer inmensamente feliz a su hija este fin de semana y el resto de nuestras vidas juntos —susurro sobre sus labios, me apodero de ellos y lo beso con tanta pasión como para que se olvide de mi padre y se centre solo en nosotros.

Lo último que necesito en estos momentos son sentimientos de culpa o remordimientos por parte de Logan.

Tiro de su mano y subimos a mi habitación. Cuando entramos él se queda mirándola, me abraza por detrás y me besa el cuello.

—Voy a confesarte algo —susurra bajito—. Vine a esta habitación en más de una ocasión cuando no estabas. Aquí sentía tu aroma. Incluso entraba en el baño y olía tu perfume, ese que me vuelve loco por completo —confiesa y me hace sonreír.

Me revuelvo en sus brazos, le coloco las manos detrás de la nuca, entrelazadas, y lo admiro con una enorme sonrisa. Qué guapo es, admirarlo con esta calma me desboca el corazón.

—¿Tienes idea de lo que siento al saber que estabas loco por mí mientras que yo pensaba que eras un imposible?

—No sabes la de noches que me mantuviste en vela. No conseguía sacarte de mi mente. Ese beso que me diste en la caseta… Lo llevo grabado a fuego.

—Yo también, pero necesito más —confieso besándolo—. He organizado un fin de semana para sorprenderte. Traigo una ropa interior tan sexy que te van a dejar mudo y he comprado una caja de preservativos.

—Ya veo que lo has planeado todo.

—Era una sorpresa. Llevo dos meses imaginando cada noche cómo será cuando me hagas el amor. No quiero imaginarlo más.

—Maggie, una vez que nos adentremos en el sexo todo se nos puede ir de las manos —lo siento como una advertencia, sin llegar a comprenderlo muy bien.

—¿No me digas que pretendes esperar hasta que cumpla los dieciocho o nos vayamos a Harvard? —pregunto con sorpresa.

—Podría esperar.

—Ya, pero no quiero que mueras en el intento. Puedo ser inexperta en el sexo, pero sé que un día de estos entre besos y caricias vas a explotar.

Logan suelta una sonora carcajada, me abraza con fuerza y se apodera de mis labios.

—Si me sigues mirando así vas a desarmarme por completo.

Llevo mi mano hacia su mejilla, siente mi contacto, me sonríe y ambos percibimos que la temperatura aumenta entre nosotros.

—¿No tienes curiosidad por descubrir qué llevo debajo? —susurro acercando mis labios a los suyos, de forma atrevida y coqueta, alentándolo para que me desnude.

—Me tienes rendido a ti, Maggie.

Comienzo a quitarle la camisa mientras no nos dejamos de besar de forma ardiente.

Logan se sienta en la cama y me mantiene entre sus piernas mientras se deshace de mi ropa con lentitud y me va besando cada parte de mi cuerpo de forma exquisita, tomándose su tiempo, llevándome al límite y haciéndome sentir cosas que me hacen perder la razón y la cordura por completo.

Solo somos él y yo. Nuestras respiraciones agitadas, nuestros cuerpos ardiendo de puro deseo y un ambiente cargado de tensión, amor y promesas.

Cuando estoy en ropa interior ante sus ojos me admira con las manos en mi cintura y susurra:

—Eres hermosa, quiero grabar este instante en mi memoria para siempre. —Cierra los ojos—. Esta suavidad de tu contacto… —susurra—. Me tienes vencido, a tus pies, Maggie.

Abre los ojos y siento que me mira con una especie de reverencia. Acerca sus labios a mi vientre y lo besa con exquisito amor. Es entonces cuando comprendo todo lo que nos amamos. No somos un cuerpo en busca de otro, sino dos personas eligiéndose con una dulzura feroz.

Logan se coloca en pie, se apodera de mis labios y deja que lo desnude entre besos.

Me tiende en la cama, me admira, se cierne sobre mí y se deshace de mi ropa interior mientras todo mi cuerpo tiembla de deseo.

Cada una de sus caricias y besos me hacen estremecer, gimo de placer en su boca y siento que mi cuerpo arde por completo con un fuego tan intenso que solo Logan es capaz de apagar.

Me siento amada y venerada. La dulzura exquisita con la que me trata me hace sentir en una completa nube.

Rasga el preservativo y se lo coloca cuando ambos estamos ya completamente desnudos. Situado entre mis piernas sintiendo el suave roce de su calor en mi entrada me mira con sus intensos ojos grises y susurra:

—Quiero que no olvides este momento jamás. Te amo, Maggie. Te he deseado con tanta prudencia que a veces parecía dolor —confiesa.

Se adentra en mi interior despacio. Avanza centímetro a centímetro abriéndome por completo.

Es muy grande, duro y caliente como el acero.

Me arqueo más hacia él. Mi cuerpo se tensa, bajo un leve dolor.

Logan se retira un poco y luego sigue con más fuerza.

Grito. Mis dedos se clavan de nuevo sobre su piel.

Él deja de besarme mientras comienza a entrar y a salir de mi interior con ímpetu.

Me lleva al límite; percibo que no puedo más, un abismo por el que voy a caer sin remedio alguno y, de repente, todo estalla a mi alrededor de una forma maravillosa.

Siento cómo Logan se deja ir al mismo tiempo y juntos experimentamos un orgasmo que nos deja rendidos, sin respiración y sin fuerzas.

—¿Cómo te encuentras? —pregunta con un leve hilo de voz, mirándome a los ojos, permaneciendo aún en mi interior.

—He comprendido tus palabras de antes —susurro y él me mira con el ceño fruncido—.

He probado el sexo contigo y es lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Cada vez que te mire desearé esto, y puede que se nos vaya de las manos —aclaro y confieso, sonriente—.

Quiero sentirme siempre así. Tuya por completo.

—Eres increíble. Te amo. Nunca pensé que pudiese amar a alguien así. En ocasiones siento miedo, pero cuando compruebo que tú me quieres de la misma forma sé que soy el hombre más afortunado del mundo y que por fin la vida me ha llegado a recompensar con algo bueno.

—Te amo, Logan Kessler. —Me acurruco en su pecho, nos quedamos en silencio hasta que le digo—: Tengo hambre. Creo que podríamos bajar a la cocina a cenar.

—Me parece buena idea. Porque pienso hacerte el amor de nuevo esta noche y te quiero fuerte. —Escuchar sus palabras ya hace que sienta un leve tirón en mi vientre. Lo deseo de nuevo.

Nos metemos en la ducha juntos, descubrir esta intimidad con Logan me maravilla y cuando nos disponemos a bajar a la cocina en ropa cómoda y descalzos escuchamos que alguien entra en la casa.

Logan se coloca delante de mí y agazapados, sin llegar a bajar la escalera, comprobamos de quién se trata.

—La alarma no ha sonado —le susurro a Logan.

—¿Quién tiene las llaves de esta casa? —pregunta, alerta.

—Mi padre, mi abuela, nosotros…

—¿Pueden ser algunos amigos a los que tu padre les haya dejado la propiedad el fin de semana?

—No me ha dicho nada.

—Bajaremos por la zona del servicio y saldremos por la puerta de atrás. No tengo armas ni nada con qué defendernos aquí arriba.

Las luces del salón se encienden y, de repente, escucho la voz de mi padre. Nos quedamos sorprendidos, oímos que habla con alguien y dice:

—Esa cuenta no puede volver a usarse. —Es una orden y lo siento muy enfadado—. Necesitamos limpiar esa entrada. Que no existan sospechas. Soy un empresario ejemplar ante los ojos de medio mundo. A partir de este momento usaremos la fundación. No quiero nada a mi nombre.

—Bien, señor —dice la voz de otro hombre.

—¡¿Qué está pasando?! —susurro mirando a Logan.

—Vamos. —Tira de mi mano y me lleva casi a rastras hasta la habitación—. Me temo que el viaje de tu padre va a ser en esta casa organizando todo lo que hablaban ahí abajo —manifiesta alterado, paseándose por la habitación mientras yo no entiendo nada.

—¡¿Qué hacemos?! No nos puede descubrir. Mi coche está en el garaje, lo verá tarde o temprano.

—Déjame pensar —susurra revolviéndose el pelo, nervioso. Se toma unos minutos, pensativo, caminando delante de mí.

—Vas a bajar ahí abajo asustada porque has escuchado voces y le vas a decir a tu padre que has decidido pasar el fin de semana en Los Hamptons con tus amigas.

El plan es que viniste conmigo, yo me iré a mi caseta, y ellas vienen de camino.

Llámalas y que vengan. Es la única forma de que tu padre no sospeche nada sobre nosotros.

—Vale —susurro, nerviosa. Intento calmarme.

—No te preocupes por mí, llegaré a mi caseta sin que me vean. El nerviosismo que sientes te vendrá bien para justificar que no esperabas a nadie, solo a tus amigas más tarde. Inventa que tuvieron un problema con el coche al salir y por eso se han retrasado.

—Bien. —Lo miro asustada.

—Sé que vas a hacerlo muy bien. Te quiero. Baja, por favor —me ordena. Me da un beso en los labios y me abre la puerta de la habitación.

Temblando me acerco a las escaleras, no soy capaz ni de poner el pie el primer escalón, desde ahí pronuncio con un leve hilo de voz:

—¡¿Papá?! ¿Eres tú?

—Maggie —la voz seria de mi padre y sus ojos clavados en mí me hacen temblar. No he tenido ni tiempo de asimilarlo, ni hablarlo con Logan, pero no soy tonta, mi padre no hablaba antes de negocios legales.

—Escuché voces. ¿Qué haces aquí? —cuestiono mirándolo con atención.

—¿Y tú? —pregunta acercándose a las escaleras. Yo soy incapaz de bajar.

—Trasladamos la reunión de negocios aquí. No me dijiste que ibas a venir.

—Fue algo de última hora. Decidí pasar el fin de semana aquí con Tessa y Helena. Tessa lo ha dejado con su novio y pensé que le vendría bien un fin de semana de amigas, tranquilas. Perdón por no decirte nada.

—¿Y tus amigas? —se interesa en tono serio. Subiendo las escaleras para reunirse conmigo.

—Están por llegar. Tuvieron un inconveniente con el coche al salir de Nueva York.

—¿Has venido sola? —pregunta, y lo siento algo enfadado.

—No. Me trajo Logan. Insistí en venir sola, pero no me dejó. Me prometió que estaría todo el fin de semana en su caseta y no interferiría en mi estancia en esta casa con mis amigas, pero que debíamos estar cuidadas con alguien ya que tú no sabías nada de esto.

—Bien. Pues necesito que te vuelvas a casa. Dile a tus amigas que vais a pasar el fin de semana en otro lugar, llámalas y que se den la vuelta —propone algo agitado—. Invítalas. Mi vuelo ha tenido un problema y hemos trasladado el centro de reunión este fin de semana a esta casa.

—Vale, papá. ¿Está todo bien? —susurro con miedo.

—Sí, Maggie. Van a ser unos días de decisiones difíciles y de duro de trabajo, pero todo está bien. Avisa a Logan y a tus amigas, y os marcháis cuanto antes —dice y lo siento apresurado.

—Nos vemos en casa el lunes.

—Sí, cariño.

Mi padre me da un beso, me despido de él y me encamino hacia la caseta de Logan. Cuando paso por el exterior por las ventanas del salón observo a los tres hombres que lo acompañan. Tienen varios ordenadores abiertos en una mesa y carpetas en los sofás.

Logan abre la puerta de la caseta agitado, mirando detrás de mí.

—¿Qué sucede?

—Nos tenemos que ir. Todo ha ido bien, pero mi padre nos ha pedido que nos marchemos de inmediato. En el camino te cuento todo. Vamos —le indico un poco nerviosa.

Nos encaminamos hacia el coche y salimos de la propiedad. Le cuento todo a Logan mientras conduce y luego le pido que pare en algún lugar a comer algo.

Cenamos en una hamburguesería y mientras nos sirven la comida, pensativa, susurro:

—Mi padre anda metido en algo raro. Esa conversación que escuchamos… No soy tonta. —Observo a Logan sentado frente a mí, sin inmutarse ante mis sospechas—. ¿Sabes algo que yo no sepa? —pregunto, seria.

—Simplemente creo que no todos los negocios de tu padre son lo legales que deberían.

Controla ciertas partes del puerto con su empresa de logística y comercio y creo que tiene trato con ciertas personas que le dan mucho dinero por favores en este aspecto.

Es a la conclusión a la que llego. Pero creo que, por el momento, esto no es de nuestra incumbencia.

—Al menos no ha sospechado nada sobre nosotros. Estaba demasiado centrado en que desapareciésemos de Los Hamptons y no llegasen mis amigas.

Nos comemos la hamburguesa, pese a todo lo que ha pasado con mi padre tengo muchísima hambre. Me pido como postre un batido de chocolate helado y luego Logan propone:

—¿Volvemos a casa?

—No. Mi padre me dijo que invitase a mis amigas a pasar el fin de semana en algún lado.

Y eso es lo que vamos a hacer tú y yo. No pienso permitir que nos arruine nuestro momento.

Iremos a un hotel caro y no saldremos de la habitación hasta que tengamos que regresar el domingo por la noche a Nueva York.

—Maggie… —comienza a protestar.

—No admito una negativa. Vas a dejarte llevar por mí. Quiero dormir en tus brazos plácidamente toda la noche después de que volvamos a hacer el amor. No dejes que gane la decepción que siento en estos momentos por mi padre al no ser el hombre honrado e intachable que siempre creí.

—Vale, pero advierte a tus amigas de todo lo que ha pasado por si a tu padre se le ocurre ponerse en contacto con ellas.

—Lo haré. Y tú vendrás conmigo.

Logan accede, vamos a un gran hotel en Nueva York y solicito que nos alojen en la última planta, con vistas y en la mejor suite disponible. Lo siento reticente a estos lujos, pero cuando subimos juntos en el ascensor le susurro:

—Nos lo merecemos. En nuestra primera cita me enseñaste tu mundo, deja que hoy te enseñe el mío porque en un futuro podremos permitirnos esto sin que sea mi padre el que pague.

—Algún día podré invitarte a un lugar así.

Sin preocuparme cuanto baje mi cuenta bancaria porque tenga tantos ceros que no importe —manifiesta abrazándome cuando nos adentramos en la gran habitación.

La admiramos, pese a haberme criado con todos los lujos del mundo nunca me había alojado en una suite así.

—¿Has visto esa gran cama de la que no vamos a salir? —pregunto con una sonrisa enorme, lo abrazo y lo beso.

—Estoy seguro de que habrá una bañera muy grande que podamos compartir.

—Mucho mejor, tiene jacuzzi en el baño y en la terraza —revelo—. Quiero que hagamos el amor en todos esos lugares. Solo pensemos en nosotros. Ya afrontaremos la realidad cuando volvamos. Ahora solo somos tú y yo.