Un acuerdo con el diablo Dos años después #2
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Dos años después #2

Recoge mi ropa mojada del suelo, la lleva a la cocina y se sienta en el sofá a mi lado. Me mira, nos observamos en silencio y dice al fin:

—No puedes dormirte en varias horas. Así que vamos a tener que hacer algo para distraerte.

Siento que los ojos me pesan, estoy cansada, y tras el chapuzón en la piscina me siento como un niño pequeño tras un baño, creo que él lo ha notado.

—¿Qué propones? —me atrevo a preguntar de forma animada.

—No sé… cuéntame cómo ha estado la fiesta, qué te han regalado… o cómo te ha ido en todo este tiempo desde la última vez que te vi —manifiesta mirándome con atención.

Lo admiro relajado, tan guapo, sentado a mi lado mientras yo soy un completo manojo de nervios por tenerlo cerca y encima llevo un chándal suyo que me queda gigante. Si supiese todo lo que he soñado con él, con esos labios…

—Te voy a contar cuál ha sido mi regalo más esperado —comento con ilusión.

—No me lo digas —me corta de golpe—, el increíble coche que tu padre te ha regalado.

Lo miro extrañada y le pregunto:

—¿Cómo lo sabes?

—Lo escuché entre tus invitados. Las ventanas de mi caseta estaban abiertas y ya sabes… llegan algunas conversaciones.

—Pues no. No ha sido eso. El regalo que más he esperado han sido unas rosas blancas, concretamente dieciséis que llegaron a mi casa el día de mi cumpleaños —revelo y siento una sonrisa en su mirada, la que no muestra su boca—.

Gracias, son preciosas. Las tengo en mi habitación y daría lo que fuese porque no se marchitasen nunca.

—Hay más en el jardín —susurra.

—Desde que estás aquí este lugar es otro.

—Sí, tu abuela y tu padre están muy contentos con mi trabajo.

—Me alegro. También me alegro de verte, el verano pasado cuando estuve por aquí te habías ido de vacaciones.

—Has cambiado mucho en estos dos años —aprecia mirándome con atención.

Asiento a la misma vez que pienso que ya no soy una tabla recta, ahora tengo curvas en mi cuerpo, me aumentó el pecho y me siento una mujer, no una adolescente como cuando lo conocí. Muchas de mis amigas ya no son vírgenes, pero yo espero para dar el paso al hombre de mi vida.

—Este verano lo pasaré en Los Hamptons. ¿Te irás todo el tiempo de vacaciones? —pregunto con interés.

—No lo creo, no tengo tanto dinero ni donde ir —comenta, sonriente—. Puede que me tome unos días libres, pero el resto estaré por aquí.

—¿Sabes conducir? —pregunto de golpe.

—Sé conducir, pero no tengo coche. Solo una moto que me he comprado hace poco. —Lo siento desconcertado ante mi pregunta.

—Bien, porque mi padre tiene poco tiempo y necesito a alguien que me dé clases.

Se queda en silencio, mirándome, desconcertado. Sé que he aprovechado la mínima oportunidad para acercarme a él, pero necesitaba cualquier excusa y esta no la he sentido forzada.

—Tendrás que pedirle permiso a tu padre. Recuerda que trabajo para él —comenta un poco seco.

—Se lo diré, pero no habrá problema. Tienes pinta de responsable —susurro con una sonrisa.

—No soy niñero de nadie —me indica, serio, parece ofendido. Y decido replicarle de la misma forma:

—¿Tengo la apariencia de una niña? —pregunto alzando una ceja.

Él carraspea un poco y dice de inmediato:

—No.

Bostezo y siento que Logan se tensa. De seguida propone:

—Cuéntame cosas de tu vida. Lo que quieras, pero no te puedes dormir.

Miro sus increíbles ojos grises y admito que mi caída ha sido el verdadero regalo de mi cumpleaños esta noche. Estar aquí hablando con Logan y conociéndonos mejor es un sueño.

—Creo que sabes más de mí que yo de ti, pero nos podemos igualar —comienzo a decir—.

Desde que mi madre murió hace dos años nada es igual en mi vida.

Me ha costado superar su pérdida. Aún sigo en sesiones semanales con mi psicóloga.

En el instituto me va bien, saco muy buenas notas porque quiero ser médico, ir a Harvard, como mi madre.

Y me siento afortunada por tener a mi abuela ejerciendo de madre y mis buenos amigos. Mi vida es muy simple.

—¿Y tu padre? ¿Qué papel tiene en ella?

—Es un buen padre, pero siempre está muy ocupado. ¿Y tú, qué me cuentas de ti? —me intereso.

—Yo soy aún más simple que tú. No tengo padres ni hermanos, me abandonaron, crecí en una casa de acogidas, fui un poco rebelde y, bueno, al cumplir los dieciocho ya podía salir a hacer mi vida.

Lia me consiguió este trabajo a través de tu abuela, algo que le agradeceré siempre.

Cuento con techo, comida, un sueldo que me permite ahorrar y mi trabajo está bien, aunque no es el sueño de mi vida.

Tengo ambiciones. Quiero matricularme en la universidad a distancia y estudiar para ser alguien en el futuro.

—¿Qué quieres estudiar? —pregunto con interés. Me fascina conocerlo más.

—Finanzas. Siempre soñé con fundar mi propia empresa.

—Mi madre me decía que hay que perseguir nuestros sueños —susurro con la mirada clavada en sus labios.

—¿Cuáles son tus sueños, Maggie? —inquiere en un tono de voz bajo, mirándome con atención.

—Tengo dos sueños que me persiguen todas las noches. Uno es llegar a la universidad y estudiar medicina, y el otro… —Me muerdo el labio inferior y lo miro directamente a los ojos.

—¿Te da vergüenza confesarme el otro? No te juzgaré —me anima, intrigado.

Doy una gran bocanada de aire, me acerco un poco más a él y me tomo el atrevimiento de besarlo. Es la primera vez que llevo la iniciativa con un chico. También creo que parte del valor lo amparo en las copas que me he tomado esta noche. Pero es mi gran oportunidad y no pienso dejarla pasar.

Siento los labios de Logan sobre los míos, me remuevo en el sofá y me aferro más a él, tomándolo con mis manos por la nuca y haciendo presión.

No me rechaza. Lo beso de forma tímida e inexperta, pero, de repente, siento cómo profundiza el beso con una delicadeza extrema, hace que mi cabeza comience a dar mil vueltas, percibo su exquisito sabor e introduce su lengua en mi boca, tomando el control, enredándola con la mía y haciendo que nos demos un beso que me hace gemir de forma involuntaria sobre sus labios.

Todo mi cuerpo se estremece, mi corazón late con tanta fuerza que creo que se me va a salir del pecho y cierto calor interior, que nunca había experimentado antes, me abrasa por completo.