Dos años después
Como el pasado mes de junio espero el ramo de rosas blancas que Logan envió a mi casa en Nueva York.
Suele ser unos días antes de mi cumpleaños y las espero como el mejor de todos mis regalos.
Hace casi dos años que no lo veo. El último verano mi padre se empeñó en que nos fuésemos de viaje juntos por Europa y apenas pasamos tiempo en Los Hamptons, que coincidió con unos días de vacaciones de Logan aprovechando que el servicio y la familia estaban allí, el resto del año él se encarga de cuidar la propiedad.
Según mi abuela es muy eficaz y ella y mi padre están muy contentos con su trabajo.
El cambio de casa y las terapias con mi psicóloga que aún continúan me ayudaron a superar la muerte de mi madre en estos dos años.
He logrado recordarla sin dolor y sin llorar cada vez que pienso en ella.
Salgo con frecuencia con mis amigas, pero me siento más cómoda en casa, refugiada en mis estudios.
Tengo muy claro que quiero ser médico como mi madre, algo que mi padre no lleva nada bien, sin embargo, no pienso ceder.
Mi abuela me apoya en que vaya a Harvard a estudiar dentro de dos años y me convierta en la mejor cirujana del país.
Cada día pregunto a Owen si ha llegado algo para mí, mi cumpleaños es mañana y no he recibido las rosas blancas de Logan como el año pasado.
Este verano ya le he dejado claro a mi padre que deseo pasarlo en Los Hamptons y que no quiero viajar, solo descansar.
Desde que me crucé con Logan no dejo de pensar en él, lo comparo con todos los chicos que se me acercan y ninguno logra igualarlo.
Mi padre me despierta entre besos y abrazos en mi cama como cuando era pequeña, me anima a salir de entre las sábanas, tira de mi mano para que baje con él y descubra mi regalo de cumpleaños.
Salimos de la casa y me topo con un coche rojo deslumbrante, nuevo.
Lo miro con los ojos muy abiertos y grito de alegría dando saltos.
No me lo puedo creer. Jamás pensé que a mis dieciséis años me regalase un coche y toda la libertad que ello implica.
Mi padre es una persona que lo controla todo.
Es muy estricto con mi seguridad y por ello este regalo me sorprende muchísimo.
—¡Gracias, papá! —Me abrazo a él y le lleno el rostro de besos. Pese a ser un hombre duro, implacable y hasta temido en los negocios por sus miles de empleados conmigo siempre ha sido cariñoso, atento y me ha dado todo.
—Sabía que te encantaría. Pero debes de prometerme que vas a tener siempre mucho cuidado. Eres lo único que tengo, Maggie. Si algo te pasa me muero —susurra abrazado a mí.
—Te quiero, papá.
—Y ahora vístete que vamos a dar una vuelta en tu nuevo coche —me anima, sonriente.
Subo corriendo a mi habitación, me visto y cuando bajo dispuesta a marcharme con mi padre me topo con mi abuela. Tiene en sus manos un gran ramo de rosas blancas. Una sonrisa aparece en mis labios y admiro las flores con el corazón palpitándome con fuerza.
—Logan lo ha vuelto a conseguir este año. Mira qué flores tan increíbles —manifiesta mi abuela.
Me acerco a ella, contemplo las rosas y las cuento. Son dieciséis en total. No llevan una tarjeta ni especifican que sean un regalo por mi cumpleaños, pero algo me dice que lo son.
—No apruebo el regalo de tu padre —comenta mi abuela con miedo. Yo la abrazo con fuerza y sé que lo dice porque me quiere muchísimo y siente temor de que me pase algo.
Me marcho con mi padre, obvio él se coloca al volante y salimos de la propiedad.
Desayunamos juntos fuera, me deja probar el coche por un camino donde no hay nadie y volvemos a casa.
Mi abuela tiene un almuerzo especial preparado para los tres ya que esta noche tengo la fiesta oficial de cumpleaños en mi casa de Los Hamptons.
Por primera vez, le he dicho a mi familia que deseaba celebrar mi cumpleaños solo con mis amigos y lo han entendido.
Tessa y Helena se han encargado de las invitaciones, de la música y de todo lo demás.
Según ella vamos a pasar un fin de semana inolvidable.
Algunos de mis amigos ya tienen coche y llegan hasta Los Hamptons en ellos, mi padre me especifica que iré con su chófer y volveré con este. También le he prometido que la casa no tendrá ningún tipo de desperfecto. Es la primera vez que me deja hacer una fiesta así.
Cuando entro en mi casa, Tessa y Helena han llegado unas horas antes para prepararlo todo, me encuentro con todos dándome la bienvenida a mi fiesta y felicitándome por mi cumpleaños.
Hay una barbacoa, música, gente en la piscina y bebidas.
Me lanzan al agua nada más llegar, disfruto de mi fiesta y antes de las doce de la noche soplo las velas y me como un gran trozo de pastel de mi riquísima tarta.
Desde que llegué he buscado con la mirada por todos lados a Logan sin éxito alguno, debe de ser quién le ha abierto la propiedad a Tessa y Helena, aunque no les he preguntado.
Él es mi enorme secreto, nunca le he hablado a mis amigas de mi gran amor.
Suspiro a solas en mi cuarto desde que lo conocí y sueño con Logan todas las noches.
Cada vez que he besado a un chico en estos años me he preguntado cómo sería un beso suyo.
La mayoría de los invitados de mi fiesta tienen casas en Los Hamptons y casi al amanecer se marchan.
Solo se quedan Tessa, Helena, John, Steve, Paul y Martin.
Somos grandes amigos desde el colegio. Nuestras familias se conocen ya que pertenecen al mismo círculo social.
Incluso nuestros padres hacen negocios juntos, pese a que el mío sea el más poderoso y rico de todos.
Conforme voy creciendo me doy cuenta de la figura tan importante que es mi padre, las miles de personas que trabajan para él, sus empresas, el gran imperio que dirige y todo el dinero que tenemos.
—Vamos a dormir, mañana limpiamos todo —lloriquea Tessa a mi lado, estoy recogiendo vasos y platos del borde de la piscina.
—Ve como los demás, enseguida voy.
—Vale, estoy muerta. —Tessa me abraza, me da un beso y se marcha.
Yo sigo recogiendo, la fiesta ha sido fantástica, pero todo el jardín y alrededores de la piscina han quedado de pena. Al menos quiero recoger un poco, sé que Logan será el encargado de limpiar todo por la mañana y siento lástima por él.
Tengo una gran bolsa de basura en mi mano en la que voy echando los vasos y platos sucios, recojo sobre todo los que están cerca del borde de la piscina.
Sin darme cuenta, tropiezo con una tumbona, se me enreda el pie en la bolsa que llevo en la mano, resbalo en el borde de la piscina y caigo golpeándome la cabeza.
Luego siento que aterrizo en el agua, aturdida.
Me cuesta salir a la superficie, estoy mareada, palmoteo con fuerza sintiendo que trago un poco de agua.
De repente, unos fuertes brazos rodean mi cintura y me impulsan hacia el exterior, ya puedo respirar bien. Toso con fuerza a la misma vez que consigo mirar a los ojos a mi salvador, que sale conmigo en brazos de la piscina como si nada.
—¿Estás bien? —pregunta Logan arrodillándose en el césped conmigo.
Lo miro asustada, con el corazón latiéndome con tanta fuerza que creo que se me va a salir del pecho, pero no sé si es por la caída que he sufrido o por sentirme envuelta en sus fuertes brazos y tener tan cerca sus increíbles ojos grises.
Hacía tanto que no lo veía… está mucho más guapo y arrebatador de lo que lo recordaba.
—Eh… sí. Tropecé, me caí —balbuceo llevándome la mano a la frente, confusa.
—Te has golpeado la cabeza —dice tocando el nacimiento de mi cabello en la frente. Siento dolor ante su contacto—. Lo mejor será que te lleve a un hospital para que te vean.
—No. No —me niego en rotundo—. No puedo terminar la noche de la fiesta de mi cumpleaños en un hospital. Mi padre no volvería a confiar en mí. Me pondré hielo. No es nada serio. Estoy bien. Gracias por ayudarme.
Miro hacia nuestros cuerpos completamente empapados. Logan me observa serio, pensativo. Yo le ruego con la mirada que no me lleve a un hospital ni le cuente nada de esto a mi padre y parece que lo entiende. Chasquea la lengua y dice:
—Vamos, te pondré hielo y no dejaré que duermas en varias horas.
Es mi condición para no llevarte de inmediato a un hospital, pero si sientes más dolor o presentas otro síntoma irás a la fuerza, aunque no quieras —determina de forma contundente a la misma vez que se levanta con facilidad llevándome en sus brazos y camina con paso seguro hacia la caseta del fondo de la piscina, lugar en el que sigue viviendo.
Entramos y me deja sobre el sofá sin importarle que vaya empapada. Me arropa con una manta y lo sigo con la mirada observando que coge hielo del congelador, lo envuelve con un paño y me lo coloca en la frente. Me estremezco por la frialdad.
Tengo a Logan delante de mí, imponente, mojado, con la camiseta negra pegada a su torso en la que se dibujan todos sus músculos. No siento ya dolor ni frialdad del hielo, solo mi corazón acelerado ante un hombre como él.
Al cabo de un rato dice:
—Será mejor que nos pongamos otra ropa.
—Eh… sí, iré a mi habitación. —Me levanto de golpe y me mareo.
—Quédate aquí. Te dejaré algo seca.
Lo observo ir hasta el armario, saca un chándal gris y me lo entrega. Él se dirige hacia el baño, pero antes de cerrar la puerta me indica:
—Avísame cuando te hayas cambiado y salgo. Hazlo sentada. No te levantes por si te mareas de nuevo. Si necesitas ayuda me llamas.
Asiento con una sonrisa amable. Doy gracias de solo llevar un vestido corto y un bikini, me deshago de las prendas sentada en el sofá y me coloco la ropa de Logan. Huele a él y sentirme arropada por algo suyo me hace sonreír como una boba.
—Ya puedes salir —le indico alzando la voz un poco.
Abre la puerta y lo observo con una camiseta blanca y unos pantalones vaqueros que le quedan de muerte. ¿Cómo puede estar tan bueno? Me pregunto en silencio sin dejar de mirarlo.