Último dragón: Ciclo Origen – Libro II (Crónicas hechiceras 2) Capítulo I
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Último dragón: Ciclo Origen – Libro II (Crónicas hechiceras 2)

Último dragón: Ciclo Origen – Libro II (Crónicas hechiceras 2)

Por Lorena A. Falcon

© inepub.com

Capítulo I

—Es imposible pararlos —expresó Viviane de manera tajante.

—Debemos —respondió Ektor—, están aniquilando a los dragones.

—Lo sé —Viviane alzó los brazos y los dejó caer—, pero no es factible. Cada día, hay nuevos grupos de caza y todos sus integrantes se transforman en magos. —Vaciló—. En el pueblo, ya se organizan las próximas excursiones.

Ektor suspiró y sacudió la cabeza.

—No entienden lo preciosos que son los dragones y lo peligrosa que es la magia.

—Nadie rechaza el poder cuando es tan fácil conseguirlo. —Viviane se encogió de hombros—. Es un comportamiento lógico.

—Quizás… —Ektor se frotó la cara—. Lo que no comprendo es por qué, de repente, surgieron tantos. Cuando encontré ese huevo, eran leyenda y ahora…

Viviane se acercó a él.

—Tal vez…, deberíamos ser más agresivos —propuso con suavidad después de un momento.

—¿Y convertirnos en cazadores locos? —preguntó Ektor.

Sin embargo, él estaba al tanto de que precisaba mayor determinación. Cada jornada, aparecían dragones muertos y despojados de magia, y se multiplicaba la cantidad de personas capaces de utilizar hechicería; en general, ignoraban cómo hacerlo bien y no les interesaba aprender.

Se retorció los dedos mientras una opresión llenaba su pecho. Él había comenzado todo, él…

—No tienes la culpa —dijo Viviane.

Ektor levantó la vista, sobresaltado.

—Sé lo que piensas —explicó ella—, te conozco. Y fue un accidente.

—Este lío empezó cuando encontré ese huevo, cuando toqué ese dragón…

—Y siguió cuando yo lo hice.

—Si no hubiera…, si lo hubiese dejado donde lo encontré o si…, cuando llegué a la montaña, si…

—Si, si, si —interrumpió Viviane—. No puedes vivir en sis . El pasado ocurrió y no hay forma de cambiarlo. Quizás jamás sepamos por qué ni cómo apareció ese huevo cerca de tu casa.

Ektor inspiró.

—Tienes razón, debemos concentrarnos en lo que sucede ahora.

Viviane asintió.

—No podemos permitir que sigan matando dragones —estableció Ektor.

—Ni que continúe la creación incontrolada de hechiceros.

Ektor apretó los labios.

—Eso es más complicado, ¿no? ¿Nosotros decidiremos quiénes pueden ser magos?

—Ya lo hicimos —le recordó Viviane.

Ektor se mesó los cabellos.

—Lo sé, pero… tal vez… —Sacudió la cabeza.

—¡Sácate de encima esa culpa! —Viviane apretó los labios mientras sonaron ruidos en el corredor—. Debemos proceder de inmediato. Perderemos a varios camaradas si no tomamos una posición en el panorama actual y definimos los objetivos de nuestro grupo.

Ektor suspiró.

—Está bien —murmuró—. Nos reuniremos por la tarde.

—¿Dónde? ¿A quiénes invitamos?

Ektor meditó un instante.

—Primero, a aquellos que, sin duda, concuerdan con nosotros; los necesitamos para convencer a los demás.

—Y también para actuar si no logramos persuadirlos.

Ektor vaciló.

—Sí —dijo luego de un momento—. Quizás sea preferible un lugar fuera de la aldea… —Se mordió el labio.

—De acuerdo.

Ektor observó la puerta un largo rato después de que Viviane abandonara la habitación.

Los rumores en el pasillo continuaban. Se encontraban en una posada de dos pisos en un pueblo que no era el suyo ni el de ella y estaba llena de gente, la mayoría, de su edad.

Personas que solicitaban su opinión, que esperaban su liderazgo.

Sacudió la cabeza una vez más y se preparó para otra noche en vela; nunca había pasado tanto tiempo despierto como desde que se instalaron en ese edificio. En múltiples ocasiones, había considerado huir, salir del inmueble, alejarse, no mirar atrás. A lo mejor, podría retornar al rancho familiar.

«Eso es una tontería —pensó—. Y no puedo dejar a Viviane sola».

Ahogó un gemido.

¿Cómo se había metido en aquel enredo? Si bien jamás había querido la vida de un granjero, esa tampoco le gustaba.