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Capítulo 41

Poco antes de subir al taxi con Greta para marcharse a casa, Julio recibe un extraño mensaje de Chumy en el móvil.

Es una foto de una hoja de papel. Al ampliarla ve que se trata de una tabla.

Un listado de nombres y direcciones. Hay una fila marcada con rotulador rojo.

Al final de la hoja Chumy ha escrito a mano: «Te lo dije».

No sabe bien qué es lo que está viendo, pero a los pocos segundos Chumy vuelve a escribirle.

Le confirma que mañana la estrellita Suso Llaneras publicará una crónica del ataque que incluirá testimonios de familiares del niño y las dos maestras asesinadas.

A mí —escribe Chumy—, esta es la historia que me gustaría contar .

Se fija con más detalle en el listado y en la fila resaltada y no tarda en averiguar a qué se refiere el veterano.

«Todos los días suceden historias bonitas», piensa.

Julio abrocha el cinturón de seguridad de Greta y después le indica la nueva dirección al taxista.

Cuando el coche ha arrancado, escribe a Chumy para darle las gracias.

Me debes otro café , responde él, y añade: Ya he visto lo de Revelaciones.

Sosa se habrá alegrado de hacer periodismo por una vez.

¿Cómo va lo del vídeo? , pregunta Chumy.

Ya no hay vuelta atrás , escribe Julio. Ambos se despiden con la promesa de verse pronto.

Observa a su hija. Sus párpados podrían caer en cualquier momento, como la persiana de una tienda que da el día por cerrado.

Contrasta el sosiego de Greta con el pulso de la ciudad que, de fondo, se puede observar por la ventanilla.

Todavía hay luz, las terrazas están llenas en una primavera recién estrenada.

Las personas pasean por las aceras. Los días cada vez más largos, casi tanto que podría pensarse que habrá uno que no acabe, pero terminará por hacerlo, siempre lo hacen. Mañana será viernes, luego sábado…

—El domingo podemos ir al zoo. Si quieres.

La niña está agotada, pero no tanto como para no atrapar al vuelo esa invitación y almacenarla en su memoria.

Julio sabe que ya no podrá echarse atrás en su propuesta, su hija se la recordará hasta que cumpla con lo prometido.

Por ahora, Greta deja caer su cabeza hacia un lado y cae dormida con una rapidez que Julio envidia.

En el silencio del taxi llega hasta él el sonido de la radio, la voz del locutor, una noticia de última hora que interrumpe la programación habitual:

La vicealcaldesa Frisas ha sido atacada en plena calle y ha sido trasladada de urgencia al hospital. Por ahora se desconocen los detalles del suceso y el estado en el que se encuentra la política. Tampoco si el incidente está relacionado con el ataque de esta mañana en la escuela infantil.

Seguirán informando. La noticia impacta en Julio como un proyectil.

Le cuesta creer que hablen de la misma persona con la que él se ha reunido hace tan solo unas horas.

Y que ahora quizá esté… ¿muerta? Y a continuación viene la ráfaga de preguntas que atraviesa su pensamiento: «¿Quién ha sido?

¿Será por el caso Construtec? ¿O por el soplo de Zarra y el rey?

¿Estará relacionado con la guardería?». Podría ser cualquiera de esas posibilidades u otra que Julio es incapaz siquiera de aventurar ahora.

Sin embargo, para su sorpresa, las cuestiones sobre las causas que rodean al ataque a Frisas van dejando espacio a otro pensamiento distinto, un deseo más bien, inesperado pero honesto, de que la vicealcaldesa sobreviva y de que nadie la convierta en una mártir.

Paga y baja del taxi cargando a Greta, que descansa la cabeza en su hombro.

El bloque de apartamentos se erige frente a él.

Ocho plantas con multitud de ventanas en cada una que reflejan el anaranjado de la tarde.

Son pequeñas terrazas, cerradas en su mayoría con cristales, sucios por el hollín de los coches.

En algunas hay ropa tendida y en otras, bicicletas del Decathlon abandonadas.

Como puede, y sin dejar a Greta en el suelo, saca el móvil.

Vence la tentación de buscar más información acerca del ataque a Frisas.

Ni sobre ese tema ni acerca del vídeo puede hacer nada más de momento.

Pero sí sobre lo que le ha traído hasta aquí.

Consulta la fotografía enviada por Chumy para asegurarse.

Se encamina hacia el panel de botones del portero automático y pulsa el del tercero D.

El sonido metálico hace que Greta entierre aún más la cabeza en el pecho de Julio.

Él le susurra al oído para que vaya despertándose, pero la niña está en la gloria.

—¿Quién es?

La voz que sale por el telefonillo es la de una mujer.

Suena apurada, pero… ¿Qué sabe acerca de ella?

Casi nada en realidad. Sabe que se llama Elena y que, al menos, tiene un hijo, Diego.

También sabe que hoy estaba enfermo y por eso no ha llegado a entrar en la guardería.

Una de las educadoras lo ha registrado así en el sistema informático minutos antes de ser asesinada.

Sobre todo, Julio sabe que ahí hay una historia.

Lo huele igual que lo ha olido Chumy al enviarle el listado de alumnos de la guardería.

Suso Llaneras todavía debe de estar preguntándose dónde está el papel.

—Me llamo Julio Parcas. Soy periodista y me gustaría hablar con usted. ¿Me abre, por favor?