Capítulo 22 La casilla final
¿Alguna vez habéis entendido de repente la letra de una canción que antes no podíais descifrar? Esa claridad inesperada que nos sacude y, de pronto, todo cobra sentido.
En aquel momento, yo lo entendí: el Universo había estado cantando para mí todo el tiempo, y por fin había aprendido a escucharlo.
Ahora ya no me escondo tras las excusas ni los miedos. No puedo; no desde que comprendí cómo funciona el juego. Tenéis la prueba justo delante. Solo miradme. Estoy aquí, encima de este escenario, rodeada de todos vosotros, los primeros en conocer mi historia al completo.
Como os he confesado al empezar, siempre había soñado con ser una cantante portentosa y emocionar al público con mi música.
Eso no ha pasado, es cierto, pero aquí me tenéis, en el mismo edificio Wilson, micrófono en mano, congregando a una multitud de personas que habéis acudido a escuchar mi simple y mundana voz.
Quién me lo iba a decir: gracias al éxito de U-Delivery, he acabado dando charlas sobre cómo pedirle algo al Universo sin perder la paciencia. ¡Yo! La que se ponía roja hablando frente a cuatro desconocidos y que evitaba admitir su lado «místico».
Uy, un momento. Dime. Tú, el que tiene la mano levantada.
—Y… ¿cómo lo has conseguido?
Buena pregunta. Déjame pensar.
Supongo que todo comenzó el día que dejé de buscar respuestas fuera y empecé a escucharme de verdad.
Fue entonces cuando entendí que el cambio no pasaba por arreglar lo externo, sino por alinear lo interno y mantenerme ahí hasta que mi realidad se pusiera al día.
Ya no se trataba de preguntarme qué debía hacer, sino de descubrir qué me hacía sentir más yo y permanecer en ese lugar sin dudas, sin prisas, sin buscar resultados.
Porque al final, amigos, esto va de ser auténtico. De dejar de moldearse para encajar y, en su lugar, expandirse para abarcarlo todo.
Alguien sabio dijo una vez: «Sé quién eres y encontrarás lo que buscas». Lo he comprobado de sobra: no hay nada más magnético que enamorarte de tu propia energía .
Todos tenemos un lugar donde brillamos. No existen piezas de más en un jarrón que se rompe, ni tampoco de menos. Aunque seas la más fea, diminuta o descascarillada. Sin ti, el jarrón no está completo.
Esto me recuerda que teníamos algo pendiente. Al principio, os hice una petición. ¿La recordáis? Os pedí que imaginarais el final del juego, justo cuando entras en la última casilla del tablero.
Por favor, volved a visualizarlo. Os doy un minuto.
…
¿Lo tenéis? ¿Qué veis en esa casilla?
Observad bien ese último peldaño. ¿Lo veis? No hay trofeos, ni vítores, ni luces de neón. Solo una ficha. Reluciente. Victoriosa.
Sé de lo que os hablo. Después de sortear con anhelo cada obstáculo del recorrido, comprendí que el objetivo no era más que una ilusión, una simple zanahoria que me empujaba a seguir avanzando.
Y allí, en la meta, descubrí que el verdadero premio por llegar hasta el final siempre ha sido, es y será uno mismo.
El objetivo no son las casas, ni los viajes, ni las joyas, ni siquiera una pareja. Todas esas increíbles manifestaciones las he obtenido gracias a una sola cosa: a mí, a la persona en la que me he convertido.
Escuchad bien esto: lo más valioso que puedes manifestar en esta vida es en quién te conviertes mientras vas a por lo que quieres. Por encima de todo, tu mayor manifestación eres tú.
Cualquier cosa que queráis manifestar en vuestra vida empieza y acaba en vosotros. ¿Deseáis amor, reconocimiento o abundancia? Dejad de buscar en el sitio incorrecto. No los encontraréis en una pareja, en los demás ni en vuestra cuenta corriente. Todo eso son espejos.
No podéis percibir nada que no sea un reflejo de lo que sois: de cómo os habláis, cómo os sentís acerca de vosotros mismos, cómo os veis, de lo que creéis sobre vosotros.
Así que, ¡sorpresa! U-Delivery no lo dirige el Universo; lo diriges tú (U = you ).
Sé que esperabais otra cosa. Tal vez una voz celestial proclamando desde ahí arriba: «Acepta tu vida mediocre, es lo que te tocó».
Lo siento. Pero… puede que ese alguien tan cruel seas tú mismo.
—¡Yujuuu! ¡Eso es!
Esperad…, esa voz me suena. Enzo, ¿eres tú?
—¡El mismísimo!
¿Dónde estás? Saluda para que te vean, por favor.
—¡Aquí estoy, Ava!
Sabía que harías lo posible por venir. Muchas gracias, Enzo. Ya que estás aquí, con tu permiso y el de Dimitri, voy a compartir un detalle importante de tu historia.
Veréis, Enzo dejó de perseguir el dinero por el simple gusto de acumularlo y empezó a poner su creatividad al servicio de lo que amaba.
Creó un pódcast sobre riqueza consciente, combinando su pasión por el periodismo con la abundancia, y fue ahí donde no solo activó la verdadera prosperidad en su vida, sino que también encontró el amor.
Ahora, junto a Dimitri, recorre el mundo organizando talleres sobre la energía del dinero.
Otro claro ejemplo de lo que os comentaba.
—¡Sí, aunque sigo soñando con una mansión como la tuya!
Como os diría Enzo en uno de sus cursos: «El dinero solo es un multiplicador». Si eres buena persona, lo serás por partida doble; si eres un amargado, prepárate para la mala leche; y si eres como Enzo…, siempre sabrás cómo sacar una sonrisa.
Gracias, Enzo. Te veo luego.
Bueno, chicos, esto se acaba. Ha sido un placer haberos hecho compañía este ratito. Y me encantaría quedarme más tiempo con vosotros, pero tengo que preparar las maletas porque mañana temprano salgo de viaje. ¿Os he dicho dónde estaré de aquí a unas horas?
Adivinad: tumbada tan a gusto en una hamaca, bajo el sol de las Maldivas. Sí, ¡por fin! Voy con Marcos. Aún formamos un buen equipo y seguimos creciendo juntos.
Una vez tachado de la lista «Viaje a las Maldivas», ¿queréis saber cuál va a ser mi próximo pedido?
No es algo que deba atraer, sino algo que, por fin, me permito ser. Porque ya no necesito actuar como si lo tuviera…, ya sé que soy esa persona.
Llega un momento en que dejas de buscar métodos, señales o afirmaciones. No porque no funcionen, sino porque ya no los necesitas. Tampoco tratas de sanar para ser suficiente ni de eliminar miedos o creencias para sentirte merecedora; solo reconoces que ya estás completa, que no te falta nada.
Y aunque las inseguridades, las dudas, las memorias… o incluso esos instantes de tristeza puedan seguir ahí, ya no te definen. No peleas contra nada de eso, ni te justificas por sentirlo. Solo eres.
Sin culpa, sin frustración, sin exigencias. Y desde ahí… el resto se reconfigura solo.
No perdáis más el tiempo; recordad quiénes sois ya. Y sostened esa verdad, pase lo que pase. Esa es la clave para convertiros en vuestra propia hada madrina.
En fin, muchas gracias por estar aquí. Espero que mi historia os haya inspirado a vivir vuestros sueños. No os puedo prometer que todo será maravilloso ni que el camino será llano, pero sí os aseguro esto: no os vais a arrepentir.
Ah, casi lo olvido. Esto va para cada uno de vosotros:
Al final te reconoces. Al final te amas. Al final brillas.
Y si no te gusta dónde estás ahora… es que aún no es el final.