U-Delivery: Pedido confirmado. Pero no como imaginas Capítulo 1 Este juego llamado vida
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U-Delivery: Pedido confirmado. Pero no como imaginas

U-Delivery: Pedido confirmado. Pero no como imaginas

Por Ana R. Masachs

© inepub.com

Capítulo 1 Este juego llamado vida

Si no sabéis nada acerca de leyes universales, lo que estáis a punto de descubrir os parecerá poco convencional.

Algunos incluso llegaréis a catalogarlo como ciencia ficción.

Sin embargo, si estáis aquí ahora es porque os ha llegado el momento de escuchar algo diferente, algo que desafíe lo que dais por sentado.

Y me arriesgo más: estoy segura de que una parte de mi historia os inspirará a transformar la vuestra.

¡Aviso, spoiler ! Aunque vuestra mente se resista a creerlo, lo que dicen por ahí es cierto: todo es posible.

Lo sé, lo primero que pensará alguno de vosotros es: «Sí, claro, ¿puedo volar solo porque lo deseo?». Y yo te respondo: «¿Acaso no lo haces?».

No, claro; no coges un avión para irte de vacaciones, ni te columpias tan fuerte que la sensación de quedar suspendido se apodera de tu vientre…

Y si vas en ala delta, dime, ¿no vuelas como un pájaro?

Así de sencillo. Alguien soñó con volar e inventó el avión, el columpio, el ala delta y un sinfín de artilugios que no detallaré aquí.

¡Ah, no! Perdón, es que tú quieres volar de una manera específica. Sueñas con unas majestuosas alas blancas que se desplieguen a tu espalda, o mejor aún, fantaseas con tener los poderes de Superman. ¿Quieres pasar el fin de año en Nueva York? No hay problema: un saltito potente y te plantas allí.

¡Cómo somos los humanos de quisquillosos y caprichosos!

No solo queremos que se cumplan nuestros sueños, sino que nos empeñamos en que se hagan realidad de una forma determinada.

Es absurdo: no conseguimos que una diminuta mosca salga por la ventana, pero pretendemos someter el destino a nuestras expectativas.

Pensad en esto un momento. Después de visionar los primeros minutos de una película, sabemos a la perfección cómo va a acabar: los enamorados, reunidos; el héroe, machacando al villano; el científico repudiado, impidiendo el desastre inminente.

Pero lo que nos gusta es que nos sorprendan con el argumento, ¿no es así?

De hecho, si podemos prever cómo se desarrollarán todas las escenas, nos sentimos decepcionados y perdemos el interés.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando se trata de nuestra vida?

Ahí ya no queremos giros argumentales que nos desconcierten.

Todo debe transcurrir según lo habíamos planeado, hasta el último detalle; nada se puede desviar del camino trazado.

¿Cuántas veces nos hemos sentido unos desgraciados porque las cosas no salían como queríamos?

Demasiadas. Algunos, casi a diario. Y ¿qué pasa cuando eso ocurre?

Pues que nos enfadamos con el Universo como si fuéramos mejores guionistas que él.

Lo siento, insisto: los humanos tenemos lo nuestro.

Además de caprichosos, también somos un poco arrogantes.

Sí, señor, y yo me incluyo. Iba por ahí creyendo que era una experta en esto de vivir y, la verdad, no podía estar más equivocada.

Os voy a dar un ejemplo de mi tremenda ignorancia: estaba convencida de que solo con esfuerzo y trabajo duro se alcanzaba la meta.

¡Menuda tontería! ¿Cómo podía pensar tal cosa? Me entra la risa al recordarlo.

Oye, sienta bien esto de confesar vergüenzas. Creo que voy a seguir.

Supongo que lo más interesante que os puedo contar es que no soy alguien especial.

Dicho de otro modo: no puedo presumir de poseer una habilidad o un don de nacimiento que destaque entre la multitud.

Ya me gustaría, pero no, no ostento una voz portentosa, como Beyoncé, ni el cerebro de un premio Nobel de ciencias, ni la sabiduría espiritual de, por ejemplo, Gandhi.

Ni siquiera podría ser la prima segunda de ninguno de ellos.

Soy una chica normal que empezó en la misma casilla de salida que cualquiera de nosotros, los mortales comunes.

Apañados, sí, pero comunes al fin y al cabo.

Y si pertenecéis a mi club de personas ordinarias y os encontráis justo al inicio del camino, os estaréis preguntando de qué narices va toda esta historia.

Os lo voy a decir, es muy fácil: va de vivir el sueño que nunca me atreví a soñar. ¡Uy, esperad! Me ha quedado demasiado poético; voy a reformularlo: va de dejar de ser Blancanieves y de convertirse, por fin, en el hada madrina.

¡No por la edad, malpensados!, que algunos tenéis la mente un tanto retorcida. Hablo del poder que todos albergamos, de la posibilidad real de recibir lo que nos corresponde, de la magia que traemos de fábrica. Aunque os advierto: no necesitamos una varita ni un conjuro misterioso.

Paso a paso, os iré compartiendo mi manual de instrucciones para este juego llamado vida.

No para una vida normalita, sino para una que valga la pena recordar.

En la meta depositaréis un deseo, algo grande: un amor de película, una casa de ensueño, un premio de lotería…

, cualquier cosa que os pase por la cabeza.

Avanzaremos casilla a casilla hasta descubrir qué movimientos nos permitirán llegar más rápido, dónde se esconde la prisión, en qué paradas ganaremos bonus extra, etc.

Y así llegaremos a la última, la tan deseada, la que nos dará la llave para una vida mejor.

Visualizadla por un instante; tomaos vuestro tiempo. Os espero.

¿La tenéis? Al final, volveremos a ella.

¡Ah! Se me olvidaba. Antes de comenzar, tengo que haceros otra petición: no creáis nada de lo que voy a contaros. Va en serio: no os conforméis con saber que es posible. Prefiero que seáis unos escépticos testarudos y lo comprobéis por vosotros mismos. Merece la pena el intento.

Daos esta oportunidad; os prometo que llegarán cosas increíbles. Aunque os aseguro algo: lo más apasionante, revelador y divertido es el trayecto.

¿Empezamos?