CAPÍTULO XIV
FATHER TO SON
FREDDIE
—Papi...
—¿Qué, dikra? Cómete dos cucharadas más. Venga...
—No me gusta.
—Siempre te ha gustado. Vamos, solo dos.
—Papá...
—¿Qué pasa?
—¿Mami se ha ido para siempre?
—Claro que no, mi vida. Ya te dijo que iba a volver.
—¿Cuando?
—Mucho antes de que empieces a echarla de menos.
—Quiero que me dé el beso de buenas noches.
—Jaan, yo te daré cientos de ellos en su nombre.
—¿Me he portado mal?
—Farrokh...
—Mamá vendrá si soy bueno.
—Tú eres siempre bueno, cariño. Tú no has hecho nada malo.
Aquello me partió el alma y no pude evitar pensar en mí cuando era pequeño y me mandaron al internado.
También pensaba que había hecho algo mal aunque nadie me desmintió lo contrario.
En aquel momento detesté profundamente a Elideth por habernos hecho esto.
No quería pensar en su regreso porque solo de pensarlo enfurecía.
Y no quería enfurecerme con un maldito recuerdo.
Ella me había condenado a convertirla en un recuerdo.
—La echo de menos.
—Ya lo sé. Mamá tiene que estar lejos un tiempo pero va a volver muy pronto.
La tristeza en sus ojos no duró mucho mientras intentaba meterle una cucharada más.
Estaba probando mi propia medicina con el niño y las peleas para que comiera.
Los azules ojos de Farrokh tan iguales a los de su madre, se iluminaron cuando habló apartando con energía la cuchara.
La comida se iba a enfriar, la paciencia no era uno de mis fuertes.
—¿Y me va a traer un caballito?
—Tú ya tienes no uno sino tres caballitos y el de tu primo Freddie.
—Esos no, un caballo grande.
—Un caballo grande —me eché a reír. El mundo fascinante de los niños era algo tan estrambótico donde cada día aprendías algo nuevo—. ¿Y dónde iba a dormir?
—En el jardín —contestó como si fuera la respuesta más obvia del universo.
—Oh, en el jardín. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Come, anda.
Esta vez le cogí despistado y pude meterle la cuchara.
Masticó ensimismado mientras acariciaba a Dorothy que, subida a la mesa, observaba todo dormitando.
El único modo de que comiera medianamente bien, y eso no siempre surtía su efecto, era que estuviera jugando, pintando, viendo la tele o haciendo algún tipo de actividad que le hiciera olvidar que estaba comiendo.
Sí, no era para nada lo adecuado y le estábamos educando muy mal pero un niño con la energía de Farrokh era incapaz de estarse quieto y la prioridad era que se comiera al menos la mitad de lo que había en el plato.
—¿Puedo tener un caballo, papi?
—¿Y yo puedo tener un abrazo y un beso? —le contesté sonriendo, muerto de amor por él.
Farrokh me rodeó con sus pequeños brazos y se dejó achuchar un rato. No solía rechazar nunca un abrazo y menos cuando pensaba que podía conseguir algo a cambio.
—Quiero un caballo, papi.
—¿Ahora mismo?
Asintió vehemente.
—Ya se han agotado en todas las tiendas —bromeé limpiándole las comisuras de la boca.
—Didi me dijo que me iba a llevar a ver unos caballitos.
—Oh, así que ella es la culpable, ya veo. Eso va a tener que esperar, beta —le dije besando su pelo rubio y volviendo a meterle la cuchara. Esta vez no hubo suerte.
—¿Cuándo la voy a ver?
—Espero que en unos días. Ella también está deseando verte.
—¿Está muy malita?
—Solo un poco. Pero se pondrá buena enseguida. Come, mi amor.
—¿Voy a quedarme a dormir aquí?
—¿Tú quieres quedarte?
—Sí, quiero dormir con Winnie y contigo.
Farrokh era una caja de sorpresas. Las pocas veces que había coincidido con mi novio, se habían gustado pero no estaba seguro de que Winnie quisiera compartir la cama con mi hijo. Nunca antes se había quedado con nosotros a pasar la noche.
—Pensaba que íbamos a salir a cenar esta noche. Es mi único día libre de la semana y lo sabes.
—¿Me estás recriminando algo?
—Sí, te recrimino que siempre te estás quejando de mí pero luego no cuidas nuestra relación.
—Solo he dicho que Farrokh quiere quedarse a dormir esta noche aquí.
—¿Por qué no le has dicho que no puede ser? Que tiene que irse a dormir con los Mack.
—Porque no tiene que irse a dormir con ellos. Es mi hijo y quiere pasar la noche conmigo para variar.
—Contigo y conmigo. No lo olvides. Llamaré para anular la reserva.
—No lo hagas. ¿Por qué no vas a cenar con alguno de tus amigos? Sería una pena perder la oportunidad.
—No quiero ir a cenar con nadie más que contigo. Y llevábamos planeándolo toda la semana. Desde que tu maldita mujer se largó, en vez de mejorar nuestra relación ha empeorado.
—No es verdad. ¿Por qué dices eso?
—Mira, yo no tengo nada en contra de tu niño. Es una ricura pero no me apetece meter a un niño en mi cama...
—Nuestra cama.
—Es que me siento ridículo e incómodo. Deberías decirle como tú sabes hacerlo que hoy papá tiene una cita y que debe dormir con los Mack.
—No te preocupes. Farrokh y yo nos vamos si tanto te molestamos.
—Oh, ya estamos. Él no me molesta, lo que me molesta es tu actitud. ¿Por qué eres tan egoísta? ¿Crees que tienes derecho a cambiar mis planes...
—¿Tus planes?
—Hablaba de nuestro plan hoy.
—¿Por qué eres tan cuadriculado a veces? Los planes están hechos para cambiarse. No se hundirá el mundo porque no salgamos a cenar esta noche. De todos modos siempre acabamos discutiendo en la mesa.
—Siento no compartir tu filosofía de vida caprichosa y arbitraria de estrella del rock.
La gente de a pie trabajamos muchas horas al día y estamos deseando que llegue nuestro día libre para hacer algo especial con alguien que pensábamos que nos quería.
Los planes significan algo en nuestra dura vida de trabajo.
—Estoy harto de que veas a toda la gente que nos dedicamos a la música como unos vagos y unos frívolos. Maldita sea, es solo una cena. No se hunde el mundo por eso.
—Para ti no se hunde porque crees que el mundo gira en torno a ti solo porque eres famoso y tienes dinero.
Pero yo mañana empezaré otra vez mi jornada maratoniana de horas y horas cocinando y pasado mañana y el siguiente...
Y mi noche libre la voy a pasar en casa viendo dibujos animados e intentando que Farrokh no asfixie a Dorothy.
—¿Qué acabas de decir? Repite eso.
—Oh, joder...
—Mi hijo se ha criado con gatos desde que nació y sabe perfectamente tratar a los animales porque los adora. Así que deja de decir gilipolleces.
—Solo digo que Farrokh y cualquier niño de su edad creen que un gato o un perro es un juguete.
—Creo que tiene bastante claro la diferencia entre sus peluches y un animal. Te repito que los gatos son parte de su vida.
—Entonces tus gatos de Londres se encontrarán increíblemente aliviados de librarse de las caricias mortales de tu hijo.
—Por eso Dorothy siempre está a su lado, porque la maltrata.
—No digo que la maltrate. Además Dorothy es demasiado buena, lo aguanta todo. Mira Freddie, solo digo que no puedo plantearme echarme a la cama junto a tu hijo. Seguro que es de esos que da patadas y no te deja dormir.
—Pues sí, las da. Y antes de que saltes una gilipollez como que mi hijo es una persona violenta, te diré que son movimientos involuntarios de un niño con mucha energía.
—Todas tus explicaciones están muy bien pero párate a pensarlo. No es justo que transformes mi miércoles por la tarde en esto.
—Pensaba que éramos una pareja y que aceptabas todo lo que me concierne.
—Y claro que lo acepto. Sabes que no tengo nada en contra de tu hijo pero ¿no hay otro día para que lo pase aquí?
—Me ha cogido por sorpresa. Él nunca me ha pedido quedarse a dormir. Lo está pasando mal sin su madre, no puedo negarle nada. De momento no.
—Pues deberías saber que eso no te convierte en mejor padre. Consentirle todo.
—¿Consentirle? Solo me ha pedido pasar la noche conmigo. Dime con qué cara le digo que no.
—No sé, Freddie. Yo no soy padre ni quiero ejercer como tal. No me hagas preguntas difíciles.
—Está bien. Ya has dejado muy clara tu postura. Haz con tu noche libre lo que te salga de la punta de la polla. Farrokh y yo nos vamos. Olvídate de mí.
—Oh, Gott. No me hagas sentir culpable. Cualquiera pensaría lo mismo que yo.
—El caso es que eres tú el que lo piensas, no cualquiera. Y no quiero seguir hablando contigo.
Siempre era lo mismo con Winnie. Nuestra relación estaba sembrada de continuas peleas por cosas triviales que luego iban subiendo de tono y convirtiéndose en otra cosa.
Salían a relucir temas que subyacían y que nunca harían prosperar aquella relación del modo en que mis expectativas lo requerían.
Era la primera convivencia más o menos seria que tenía con un hombre y estaba siendo una experiencia bastante variopinta.
Y tras la discusión por nuestro hijo empezaba a dudar seriamente que mereciera la pena seguir.
Asimilar mi paternidad había sido algo gradual, bastante costoso.
Lo que era verdaderamente novedoso para mí era intentar encajar a mi hijo dentro de otra relación que no fuera con su madre.
Si mi pareja no era capaz de sacrificar su propia comodidad por mi hijo, nunca iba a funcionar lo nuestro. Estaba destinado al desastre.
Desde que Elideth se había ido, era consciente de que tenía que compensar a Farrokh como fuera para que no se sintiera abandonado.
Ese era uno de mis empeños. Y frente a eso todo lo demás era bastante relativo.
Me encontraba inmerso en una etapa de mi vida tan distinta a todo lo demás que había vivido.
Estaba enfermo de algo que a largo plazo me iba a aniquilar, el amor de mi vida pasaba por exactamente lo mismo pero lejos de mí, secuestrándonos la oportunidad de apoyarnos uno al otro cuando más lo necesitábamos.
Joe también estaba enfermo y Winnie probablemente, aunque seguía negándose a hacerse la prueba.