Tú no estabas en mi lista Capítulo 26
100%

Capítulo 26

—¿Me vas a decir ya por qué me miras con esa sonrisa o tengo que obligarte a hablar utilizando mis mejores métodos de persuasión? —pregunta Vanessa, entornando los ojos mientras sostiene una taza de café humeante entre las manos.

Su mirada brilla con una intensidad directa, de esas que desarman a cualquiera.

Abril, sentada justo al otro lado de la mesa de madera clara, muerde ligeramente su labio inferior y da un pequeño sorbo a su té, sintiendo cómo esa electricidad tan suya le recorre la espina dorsal.

La luz de la mañana de Barcelona entra de forma generosa a través del gran ventanal del ático, tiñendo el ambiente de un tono cálido y dorado.

Ha pasado una semana exacta desde la boda de Luisa.

Siete días desde que las carreras por el asfalto de Ibiza, los posados frente a los fotógrafos y las crisis familiares que casi lo dinamitan todo quedaron atrás, dando paso a una realidad mucho más real y, sobre todo, compartida.

—Solo pienso que te sienta escandalosamente bien estar aquí conmigo, sin horarios, sin reuniones y sin un solo cronograma que cumplir —responde Abril con suavidad, mirándola fijamente a los ojos.

Deja la taza sobre la mesa y desliza la tableta digital hacia ella—.

Además, creo que deberías ver esto. Acaba de salir la edición digital de las revistas de esta semana.

Vanessa deja su café a un lado y toma el dispositivo.

En la portada principal destaca la exclusiva de la boda de Luisa, una fotografía deslumbrante que rebosa el lujo y la elegancia que la familia Almenara siempre exige.

Pero lo que verdaderamente capta la atención de Vanessa, haciendo que su corazón dé un vuelco, es el reportaje especial que ocupa las páginas interiores.

«El amor que desafió al protocolo: la verdadera historia de Abril Vives y Vanessa Almenara».

Las imágenes las muestran a ambas en Ibiza, compartiendo confidencias en la playa, mirándose con una devoción absoluta y paseando de la mano por el puerto al atardecer. Es un reportaje precioso, limpio y lleno de fuerza, que celebra su romance sin tapujos y con una naturalidad que estremece.

—Es precioso... —murmura Vanessa, recorriendo la pantalla con la yema de los dedos. Levanta la vista hacia Abril, y la ternura en sus ojos es tan evidente que a Abril se le corta la respiración—. Míranos. Salimos espectaculares.

—A mí todavía me cuesta creerlo —admite Abril, sintiendo un calor precioso en el pecho.

Se inclina un poco hacia delante, buscando la cercanía de la ejecutiva—.

Si alguien me hubiera dicho que terminaríamos protagonizando un reportaje de amor en las revistas más importantes del país, habría pensado que estaba loco.

Me daba tanto miedo que esto arruinara mi carrera o tu posición...

—El protocolo ya no me importa nada si no estás tú en él —le asegura Vanessa con firmeza, extendiendo la mano sobre la mesa para entrelazar sus dedos con los de ella, apretándolos con fuerza—. Aprendí la lección.

Justo en ese instante, el teléfono personal de Abril comienza a vibrar sobre la mesa, rompiendo la intimidad del momento.

Abril mira la pantalla y su expresión cambia de inmediato.

Es el número del centro médico y residencia especializada de Barcelona donde su madre está ingresada.

Vanessa nota cómo los dedos de Abril se tensan y, de inmediato, refuerza el agarre de su mano, transmitiéndole toda la seguridad y el apoyo del mundo.

—Hola, buenos días... Sí, soy Abril —dice con la voz un poco temblorosa, pegando el auricular a su oreja.

Vanessa no se aparta ni un milímetro. Se mantiene atenta a cada cambio en las facciones de Abril, recordando el pánico absoluto que sufrieron en Ibiza cuando llegó la llamada de emergencia y cómo volaron juntas a Barcelona, dejando atrás todo el evento del año solo para asegurarse de que la madre de Abril estuviera a salvo.

A medida que la conversación avanza, el rostro de Abril se relaja por completo. La pesadez que arrastra en los hombros desaparece y una sonrisa radiante, de esas que nacen del alma, ilumina sus ojos claros. Una lágrima de puro alivio resbala por su mejilla.

—Muchísimas gracias, de verdad. No sabe la alegría que me da. Estaremos allí esta misma tarde. Un abrazo fuerte.

Abril cuelga el teléfono y deja escapar un suspiro largo, como si llevara días sin poder respirar de verdad. Mira a Vanessa con los ojos empañados por la emoción.

—Está muchísimo mejor —anuncia con la voz rota por la felicidad—.

La crisis ha pasado y va mejor con el tratamiento.

Los médicos dicen que está muy tranquila en la residencia, descansando y totalmente lúcida.

Incluso le ha dicho a la enfermera que se acordaba perfectamente de quiénes son sus amigas de la juventud y ha preguntado cuándo iría yo a verla.

Vanessa sonríe con un alivio inmenso y se inclina para limpiar con su pulgar la lágrima de la mejilla de Abril. Las dos saben que esto es temporal, pero aún así, lo reciben como el mayor logro de sus vidas.

—Iremos a hacerle una visita pronto —le dice Vanessa, con una seguridad total en las palabras—. Esta misma tarde, en cuanto quieras. Quiero estar allí contigo, conocerla bien y que vea lo feliz que me haces.

—No sé qué habría hecho sin ti, Vanessa —susurra Abril, acariciando su muñeca—.

De verdad. Cuando todo se complicó, sentí que me hundía.

Llevaba tanto tiempo cargando con el peso de la enfermedad de mi madre, intentando ser fuerte y mantener la empresa a flote...

Y de repente apareces tú, dejando de lado tu propia vida y tu familia para sostener mi mano en ese pasillo.

Nadie había hecho algo así por mí jamás.

—Pues vete acostumbrando, porque pienso seguir haciéndolo —responde Vanessa, mirándola con intensidad—.

Te lo dije en Cala d'Hort. Ya no estás sola en esto.

Formamos un equipo, Abril. En las buenas y en las malas.

Además, recuerda que te prometí ayudarte en todo lo que necesites, que soy muy buena gestionando crisis y controlando que nadie te amargue la vida.

«Sobre todo las novias exigentes».

Abril sonríe, sintiendo que el corazón le da un vuelco. En ese momento, la tableta vuelve a parpadear, indicando la entrada de nuevos correos electrónicos en la cuenta oficial de la empresa. Abril parpadea sorprendida al leer los remitentes en la bandeja de entrada.

—No me lo puedo creer... Mira esto.

Vanessa se acerca un poco más, observando la pantalla por encima del hombro de Abril.

—¿Son buenas noticias? —pregunta, rozando el cuello de Abril con la barbilla, provocándole un escalofrío delicioso.

—Son los clientes de Madrid y la familia Martínez-Crespo —explica Abril con incredulidad—.

Los mismos que se habían echado para atrás y cancelaron sus contratos en cuanto salieron los primeros rumores maliciosos en Ibiza.

Me están escribiendo para pedir disculpas por los malentendidos del verano y me piden una reunión urgente esta semana para volver a firmar. Quieren trabajar conmigo sí o sí.

Vanessa asiente, mostrando esa seguridad implacable que la caracteriza cuando defiende lo que quiere.

—Lo sabía. Sabía que se darían cuenta del tremendo error que estaban cometiendo. Tu talento es indiscutible, Abril, y ahora tendrán que reconocerlo.

—Es un alivio tan grande... —confiesa Abril, apoyando la cabeza en el hombro de Vanessa por un segundo—. Pensé que Javier Robles lograría su objetivo. Estaba convencida de que sus comentarios ponzoñosos y sus maniobras para quitarme los clientes me destruirían.

Al oír ese nombre, los ojos de Vanessa se endurecen un instante.

—Mi padre ya se ha encargado de hundir a Javier Robles en el sector —comenta Vanessa con un tono firme y tranquilo—.

No tolera las malas artes, y menos cuando intentan hacerle daño a la persona que ama su hija.

Se encargó personalmente de hacer un par de llamadas muy claras a los principales socios hoteleros y grandes agencias de Europa.

Robles se ha quedado sin apoyos y sin credibilidad en el circuito de lujo.

Está acabado profesionalmente, Abril. No va a volver a molestarte nunca más.

Abril levanta la cabeza, asombrada por el alcance de la protección de la familia Almenara-Casals.

—¿Tu padre hizo eso por mí? Madre mía... Tendré que agradecerle debidamente en la próxima cena familiar.

—Le bastará con ver lo feliz que me haces —dice Vanessa, levantándose de la silla y extendiendo una mano hacia ella—. Va, termínate eso. Hace un día espléndido y las dos necesitamos salir a pasear, respirar aire puro y disfrutar de este momento tan bonito.

Abril acepta la mano de inmediato. Al salir a la calle, el ambiente de la ciudad las envuelve.

Caminan despacio por las calles sombreadas, disfrutando de la cercanía física, con los dedos entrelazados.

La complicidad entre ellas es tan palpable que algunas personas se giran a mirarlas, reconociendo la felicidad auténtica que desprenden.

—¿Y bien..?. —comienza Vanessa, rompiendo el silencio mientras la mira de reojo con esa intensidad que tanto la cautiva—.

Ahora que los negocios vuelven a marchar de maravilla y que tu nombre brilla más que nunca, supongo que tu mente de organizadora ya está planeando el siguiente paso.

¿Cuál es la próxima boda que Abril Vives tiene que organizar?

Abril se detiene en seco bajo la sombra de un gran árbol del paseo, obligando a Vanessa a girarse hacia ella. Se miran fijamente, y la tensión que siempre flota entre sus cuerpos se intensifica de golpe. Abril acorta la distancia, quedando a escasos centímetros de sus labios.

—De hecho, tengo en mente un proyecto muy importante y ambicioso. Una boda que va a requerir una localización espectacular, un servicio impecable de cinco estrellas y una atención absoluta en cada detalle porque los clientes son extremadamente exigentes y especiales para mí.

—¿Ah, sí? —Vanessa da un paso más, rompiendo cualquier barrera, permitiendo que sus cuerpos se junten. Sus manos descienden de forma natural hacia la cintura de Abril, sujetándola con ternura y posesión—. ¿Y se puede saber en qué maravilloso lugar tienes pensado celebrar semejante acontecimiento?

—Por supuesto… —responde Abril, sosteniéndole la mirada—.

Va a ser en uno de los mejores hoteles de la familia Almenara.

Un evento por todo lo alto. Y, por supuesto, la ejecutiva principal de la cadena, es decir, tú, va a tener que estar allí para supervisarlo absolutamente todo a mi lado.

No pienso aceptar a nadie más en el equipo.

Vanessa deja escapar una sonrisa profunda. Una sonrisa que ilumina por completo su rostro.

—Te dije que formaríamos un buen equipo —susurra Vanessa—. Y no pienso soltarte nunca.

—Y yo estoy absoluta y perdidamente enamorada de ti.

Vanessa acorta la distancia que las separa y sella sus palabras con un beso apasionado. Un beso que sabe a futuro, a libertad y a compromiso, demostrando que los imprevistos más hermosos de la vida son aquellos que rompen todos los planes para dar paso a construir una felicidad perfecta.