43 Patricia
PATRICIA
A veces creo que incluso los desvíos son parte del plan de Sephos.
Madame Moryena
Al principio, hubo un instante de nada. Ningún sonido, ningún pensamiento que pudiera captar, solo una luz deslumbrante y una extraña inmensidad en su interior.
Luego, la realidad regresó de golpe. Sintió el suelo bajo su cuerpo, duro y frío, el temblor de sus extremidades, el dolor ardiente que se había instalado en su pecho y la pulsación sorda en su hombro.
El resplandor blanco incandescente se desvaneció, dando paso a la luz del sol que se esparcía sobre la superficie de hielo destrozada. Se sobresaltó, miró hacia el punto donde había surgido esa luminosidad cegadora y suspiró aliviada.
No se atrevió a moverse, temerosa de que la visión pudiera desvanecerse en el aire. Pero no lo hizo, y cuando se dio cuenta de que no estaba soñando y que Saul en verdad corría hacia ella, sus rodillas cedieron.
Él la atrapó, y ella se dejó caer en aquellos brazos familiares que había pensado que nunca más la sostendrían. Temblando, enterró su rostro en la curva de su cuello y escuchó su respiración y, por un instante, el mundo se alejó de los dos.
Cuando Saul se movió, ella sintió algo duro contra su barbilla a través de la tela. Se inclinó un poco hacia atrás y examinó la cadena cuyo colgante aún permanecía oculto bajo la tela de su túnica.
El amor de su vida se quitó la joya por la cabeza sin esfuerzo, y juntos estudiaron la gema que había perdido todo rastro de su magia. Su color verde se había desvanecido y su poder también se había agotado. Todo lo que quedaba era una simple piedra translúcida.
A unos pasos de ellos, Eyra y Lazar se abrazaban y el cristal de hielo y el rubí de fuego estaban tirados a sus pies, tan pálidos e insignificantes como dos piezas de vidrio cortado. Junto a ellos, Naran esperaba su turno para abrazar a su hermana.
—¿Fay? —Noah se acercó al resbaladizo borde del témpano de hielo, posicionado entre Lorelai y sus novicias, quienes mantenían la distancia de su destituida Suma Sacerdotisa.
Al parecer ya no necesitaban preocuparse por la antigua Reina Invernal. Con los brazos envueltos alrededor de sí misma, permanecía inmóvil, mirando al vacío.
—¿Dónde está Fayette? —preguntó ahora Eyra, alarmada.
Patricia intentó recordar cuándo había visto por última vez al hada, pero no podía acordarse. Todo había sucedido tan rápido. ¿No había volado hacia la llanura cuando la magia azul de Noah se desbordó por los alrededores?
Se tapó la boca con la mano. Esperaba que no le hubiera ocurrido nada.
Naran y Merkan se posicionaron al otro lado del témpano y también escudriñaron la superficie del lago buscando a Fayette.
—¿Fay? —gritó Noah—. Necesito ir allá. Quizás esté allí.
Señaló hacia la lejana superficie de hielo, que estaba atravesada por innumerables grietas y donde había una intensa actividad. Sacerdotisas heridas se apoyaban unas a otras o ayudaban a sus compañeras a llegar a tierra firme. Los guardias se movían entre ellas, estabilizando el hielo con su magia.
En el tercio exterior del lago, se alzaban varios dragones congelados, aquellos que el calor de Eyra no pudo alcanzar. Patricia también pudo distinguir a Nyraxia entre ellos.
Cuando un punto azul apareció volando hacia ellos, contuvo la respiración.
—¿Ya se acabó todo? —les preguntó una voz familiar.
Un suspiro colectivo de alivio recorrió al grupo.
—¿Dónde estabas? —le espetó Noah a Fayette, atrayéndola hacia sí tan pronto como aterrizó y se transformó en su forma humana.
Una marca azulada se apreciaba en la sien de la chica, sin duda un moretón que comenzaba a tomar forma, pero aparte de eso parecía ilesa.
—Alguna sacerdotisa idiota me agarró y salió corriendo conmigo.
Cuando me defendí, balbuceó algo sobre una misión divina y me golpeó con un trozo de hielo.
Después de eso quedé inconsciente. Una loca, esa mujer.
Desperté allá por la orilla. —señaló antes de tocarse la sien y alejar los dedos un instante después con un siseo—.
Si la atrapo… —Miró a todos a su alrededor—.
¿Me perdí el gran final? ¿Cómo terminó todo?
Todos intercambiaron miradas y estallaron en carcajadas.
Eyra negó con la cabeza.
—Las novicias se enfrentaron a Lorelai y la despojaron de su poder.
—Hizo un gesto hacia las mujeres, de las cuales solo una le devolvió el saludo.
Lorelai no las miró y no reaccionó cuando mencionaron su nombre—.
Luego, las fuerzas malignas transfirieron tanta magia a Saul, Noah y a mí que devastamos todo esto.
La única opción era destruir las gemas, y Madame Moryena nos dio la pista correcta.
Tuve que unir los colores de las gemas dentro de mí.
Pensamos que moriríamos en el proceso, pero al parecer, ella se equivocó en esa parte.
La bruja frunció los labios.
—Nunca he estado más feliz de estar equivocada. —Arrugó el ceño—. Aunque me sorprende, ya que todo lo demás se cumplió a favor de las fuerzas del bien.
—¿Debemos seguir temiendo por nuestras vidas? —preguntó Eyra.
Madame Moryena sonrió.
—No. La profecía de su muerte debió tener una razón que se nos escapa. Pero siempre estuvo ligada a la destrucción de las gemas, así que no debería haber más peligro.
—Entonces por fin podemos dejar de discutir. —Naran se acercó a la bruja, la atrajo a su lado y la besó en la cabeza.
Parecía que Patricia se había perdido de algo. Al igual que Eyra, a juzgar por sus ojos abiertos de par en par.
—¿Habrías sacrificado tu vida? —Fayette golpeó a Noah en el pecho.
—Créeme, de verdad pensamos que no había otra manera.
—¡Aun así!
Él le dio un beso en la punta de la nariz.
—Todo salió bien.
—¿Y ahora qué? —preguntó Fayette.
—Ahora necesitamos contener este caos. —Lazar enderezó su postura y su expresión se volvió concentrada—.
Saul y yo ayudaremos a estabilizar la superficie de hielo lo suficiente para que la Guardia y las sacerdotisas se retiren de manera ordenada.
Noah, por favor ocúpate de Lorelai. Nos la llevaremos con nosotros.
—Luego abrazó a Eyra—. ¿Estás en contacto con Belgor?
—Está inconsolable por habernos abandonado.
—¿Puede venir y llevarnos a la orilla?
—Claro que sí.
Lazar se volvió hacia Merkan.
—Vornyx escapó, ¿verdad? ¿Podrías darme una idea general de los dragones y sus jinetes?
El primer oficial asintió con un movimiento seco.
Eyra se estremeció.
—¡Oh, no! Ya no puedo liberar a los dragones. No había pensado en eso.
—El verano volverá y solucionará ese problema —respondió Lazar, imperturbable.
Eyra levantó las manos al aire.
—Estamos hablando de hielo mágico. Eso podría llevar décadas.
—Estoy bastante seguro de que las primeras actividades volcánicas pronto sacudirán esta región y acelerarán el proceso.
—Espero que tengas razón.
Noah le dio una palmadita en el hombro.
—Deberías empezar a acostumbrarte al hecho de que este tipo siempre tiene razón.
—Bueno, puedo pensar en algunas situaciones… —comenzó Saul.
—Déjalo —lo interrumpió Lazar—. Ahora mismo, realmente tenemos cosas más importantes que hacer que discutir mi margen de error.
—Pospuesto no es cancelado —canturreó Fayette—. ¿Qué puedo hacer yo?
—Diles a las hadas que pueden volar a casa. Ya no hay Rey al cual perseguir.
Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
—Nada me gustaría más.
Mientras surgía una actividad frenética a su alrededor, Patricia miró hacia las novicias. Todas se encontraban agrupadas en uno de los témpanos, preocupadas por lo que les sucedería. No obstante, Saul aprovechó aquel momento y le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—¿Puedo dejarte sola un momento para ordenar el caos que hay por allá?
—Adelante.
Mientras Merkan y Eyra llamaban a sus dragones, Lazar y Saul esperaban su transporte, y Noah se diría hacia Lorelai, Patricia se acercó a las novicias.
Una de ellas se separó del grupo y dio un paso adelante para recibirla.
—Me llamo Patricia. —Extendió su mano.
La sacerdotisa la tomó.
—Soy Elandra.
—Gracias por decidir terminar con esta guerra.
—Nuestra contribución fue la más pequeña.
—Incluso el paso más pequeño en la dirección correcta puede cambiarlo todo.
Elandra bajó la barbilla.
—Ustedes prepararon el camino mucho antes de que nosotras pusiéramos un pie en él.
Patricia no sabía por qué, pero tenía la sensación de que ella y esta mujer llegarían a entenderse bien.