29 Eyra #2
—Me pone enferma solo imaginar que vuelas entre dragones que escupen fuego, Theo.
—Puedo cuidar de mí mismo.
—Por favor, intenta entenderme. Quiero que aquellos que son importantes para mí estén a salvo.
—Yo soy impor… —Vaciló y aclaró su garganta—. Tenemos una relación de servicio, nada más. No debería dejarse guiar por inclinaciones personales inapropiadas, en especial cuando le impiden aceptar mi apoyo.
Ella suspiró.
—Pero tú eres importante para mí, Theo.
—Lleva consigo a sus compañeros y amigos. ¿O los trataría de la misma manera si tuviera la autoridad necesaria para ordenarles?
Por Dios, de verdad estaba ofendido. Al menos su conexión mental estaba intacta, así que aun no perdía del todo su confianza.
Eyra estaba pensando en cómo apaciguarlo, un poco de caramelo no sería suficiente, cuando Noah soltó una maldición en voz baja.
—¿Qué ocurre? —Fayette revoloteó frente a su rostro.
Por el rabillo del ojo, la chica de fuego vio a Theo volando lejos. Maldición.
—He hablado con las hadas.
Eyra frunció el entrecejo.
—¿En pensamientos?
—Ese tipo de comunicación solo funciona a cortas distancias. Y, sin embargo, las percibo a todas, todo el tiempo. Estoy conectado a ellas de una manera que es un misterio incluso para mí. Es… complicado. —Se rascó la cabeza.
Fayette suspiró.
—Desearía que hubiéramos logrado destruir las gemas. —Se posó de nuevo en el hombro de Noah—. Ahora tendré que soportar el resto de mi larga vida con él siendo cortejado por otras hadas.
Eyra envidiaba su optimismo. Ella misma no pensaba más allá de la próxima batalla, en la que tendrían que enfrentarse a Lorelai, al poder combinado de la Guardia Blanca y a todas las sacerdotisas de la Orden.
Y eso con solo diecinueve dragones. Si se le concediera una larga vida después, no desperdiciaría su tiempo preocupándose por tales trivialidades.
—Noah te ama. Eso es lo único que importa.
—Bien dicho, compañera. —Noah colocó su mano sobre su corazón e hizo una ligera reverencia—. Volviendo al mensaje del hada. —Su tono serio no prometía nada bueno.
El estómago de Eyra se contrajo.
—¿Qué dijo?
—Al parecer, el ejército de hadas partió hacia el lago Igas hace tres días.
Reena dio la orden de partir. Las señoritas de allá son más leales a mí que sus compañeras y se sintieron obligadas a informarme de esta noticia.
Habrían estado aquí antes, pero por desgracia nuestras patrullas las retuvieron.
Eyra apretó los dientes. ¿El plan de Noah de no movilizar a las hadas hasta que fuera lo suficientemente tarde, estaba arruinado?
¿Reena se había enterado y estaba contraatacando?
¿Qué estaba pensando la diosa? Sí, había muchas hadas…
pero solo eran hadas. La Guardia Blanca las enterraría bajo su nieve.
—¿Reena vuelve a hablarte? ¿Sabes qué está planeando?
—No. Todo está tranquilo alrededor de la diosa. Una cosa, sin embargo, sugiere que de verdad quiere apoyarnos.
Con un fluido movimiento de mano, su compañero liberó una corriente de magia azul que transportó por el alma de Eyra la sensación de libertad como una suave brisa.
Por un precioso instante, pareció como si todas las cadenas de responsabilidad se disolvieran y sus pesadas cargas se deslizaran de sus hombros.
Pero tan pronto como retiró la magia, estas cargas se asentaron de nuevo sobre ella con el doble de peso.
—Sin embargo, Lazar ha repuesto mis reservas de magia roja y verde. Por si Reena cambia de opinión.
—¿Cuánto tardarán las hadas en llegar al Lago Igas?
Noah y Fayette se encogieron de hombros, mientras que la expresión concentrada de Lazar revelaba que ya estaba calculando distancias y tiempos de vuelo.
—Basándome en el ritmo de Fayette, unos cuatro o cinco días.
Si salimos de inmediato, con un poco de suerte podríamos llegar allí antes que ellas.
No volarán a través de las tormentas severas en las Montañas Tormentosas centrales, sino que tomarán la ruta occidental más tranquila.
Sugiero que Noah y Fayette las sigan e intenten disuadirlas de su plan.
—Pero ¿qué pasa si nosotros mismos llegamos demasiado tarde? —preguntó Noah.
En ese caso, Eyra estaría más que aliviada. No había pedido a Noah y Fayette que se quedaran en las cuevas porque ya conocía su respuesta. Sin embargo, la idea de que se enfrentaran a la batalla sobre un hipogrifo le había disgustado desde el principio.
—Es más significativo eliminar esta distracción.
Noah todavía no parecía feliz, pero asintió de todos modos.
—¿Eso significa que nos vamos de inmediato?
Miró alrededor como si solo ahora se diera cuenta del alboroto que se había desatado en las Llanuras de Hielo en los últimos minutos.
A los dragones se les estaban colocando redes de provisiones, los jinetes corrían de un lado a otro, llevando equipaje y ajustando correas.
Y Merkan estaba en medio de ellos, ladrando órdenes.
—Lo habríamos hecho de todas formas —respondió Eyra y le explicó la situación.
—De acuerdo. —Emitió un fuerte silbido para llamar a Rosalind.
Todos se miraron con inquietud.
Aunque esperaba que Noah y Fayette se perdieran la batalla, eso también significaba que su despedida era ahora inminente. Tal vez incluso una despedida para siempre.