Trono de Hielo y Fuego (Saga entre hielo y fuego 5) 9 Patricia
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9 Patricia

PATRICIA

Un adversario que conoce tus planes tiene ventaja.

Quien conoce tus debilidades tiene poder sobre ti.

Remond Everlight

Aturdida, Patricia contempló la garganta de la Fuente por donde Saul acababa de desaparecer. El vórtice seguía girando implacablemente, como si quisiera devorar cada pensamiento claro y nublar su mente.

Mientras las imágenes desfilaban frente a ella, la desesperación creció en su pecho. El fuego brotó desde su interior y la envolvió en llamas.

Un chirrido y un siseo, cuyo origen no podía determinar, llenaba el aire.

—¿Fayette? —preguntó, con la voz ahogada por las lágrimas—. Dime que esto es una mentira. —Su mente se negaba a comprenderlo. Y su corazón aún menos.

Fayette no respondió. Preocupada, la chica replegó sus llamas y miró a la hermana de Eyra. Los contornos del hada se estaban desvaneciendo, y cuando intentó tocarla, su mano la atravesó.

¿Qué significaba esto?

Nueva bruma se acercó, se espesó y aparecieron ojos que la rodeaban a tal velocidad que llegaron a marearla.

Patricia se tambaleó, pero se obligó a mantenerse erguida, tratando de entender lo que ocurría.

¿Qué hacían estos espíritus aquí otra vez?

Se aferró a esta pregunta con todas sus fuerzas, porque cualquier cosa era mejor que pensar en Saul.

Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras el mundo se disolvía en un único remolino gris de niebla y ojos brillantes.

El aire se volvió pesado: cada respiración era lenta y opresiva.

Sus pensamientos se alejaron y Fayette tomó forma una vez más.

La tristeza en su expresión la devolvió al presente.

Saul estaba muerto. Noah también. Incluso quizás hasta Lazar…

Las llamas volvieron a brotar de ella, mezclándose con el dolor y la rabia en una mezcla explosiva que ya no podía controlar… ni quería hacerlo.

De nuevo escuchó ese chirrido.

Miró a su alrededor, tratando de determinar de dónde provenía el sonido.

Pronto se dio cuenta de que venía de aquellos seres brumosos y fantasmales que la habían atormentado antes de que Noah y Saul cayeran al pozo.

Antes de que… Los recuerdos de su caída se volvieron borrosos, sintiéndose de repente irreales como una pesadilla que la había dominado la noche anterior y que poco a poco se escapaba entre sus dedos.

Cuando estos seres se acercaron otra vez, lanzó otra ola de fuego contra ellos.

Uno tras otro, las criaturas se disolvieron en gotas de agua que salpicaron sobre la nieve que le llegaba a las rodillas.

Liberó todo el calor que se acumuló dentro de ella, y pronto la bruma se despejó lo suficiente para revelar el paisaje nevado circundante.

Su mirada recorrió las colinas y se detuvo en varios puntos donde la masa blanquecina se espesaba. El pozo… parecía haber desaparecido.

Una sospecha tomó forma, pero no se atrevió a darle demasiado espacio. La decepción sería demasiado grande si se equivocaba.

Con pasos apresurados, se abrió camino a través de la profunda nieve, dirigiéndose hacia la acumulación de niebla más cercana y desató su fuego, pero los espíritus huyeron de sus llamas.

Parecía que tendría que entrar en la pared de neblina.

Al adentrarse en el remolino gris, esta reptó fríamente sobre su piel y mordió sus sentidos. El aire parpadeaba con imágenes engañosas y fragmentos de recuerdos sombríos que la rodeaban como un laberinto de mentiras.

Hizo todo lo que pudo para ignorarlos, convocó su fuego y lanzó las llamas que lamían sus manos hacia los espíritus.

Esta vez también las esquivaron, como si hubieran aprendido. Así que avanzó con cuidado hasta que los contornos de Saul emergieron de la pared lechosa.

Lágrimas de alivio brotaron en sus ojos.

Él seguía aquí.

Aquí con ella.

Extendió la mano hacia él, queriendo asegurarse, y suspiró aliviada cuando logró agarrar su brazo.

Su rostro estaba contorsionado de dolor, atrapado en el hechizo de estos seres, que —al parecer— lo estaban atormentando con ilusiones tal como lo hicieron con ella. Su cabeza se movía de un lado tratando de resistirse, pero la ilusión no lo soltaba.

—¡Saul! —Su voz apenas penetraba la espesa niebla.

Cuando él no respondió, intensificó su fuego y desató sus llamas cuidando de no lastimarlo. Los espíritus sisearon, aferrándose a él, pero con cada oleada ardiente lo liberaban cada vez más.

Los ojos del elfo se abrieron de golpe, su mirada permanecía vacía y confusa, antes de enfocarse en ella.

—¿Estás viva?

Otra ola de alivio la inundó. Sus iris eran de color azul plateado.

Antes de que pudiera responder, él la atrajo hacia sí y la apretó con tanta fuerza contra su pecho que le cortó la respiración.

—Vi cómo tú… —Se quedó callado, pero Patricia entendió de todos modos. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal.

—Estos espíritus me hicieron creer que habías muerto. Te pusiste la esmeralda del bosque y te lanzaste a la Fuente. —Le contó sobre su sueño—. Creo que están jugando con nuestros miedos.

La chica tragó saliva al comprender todas las implicaciones de su propia sospecha. Estos seres incluso habían utilizado uno de sus mayores temores: que Saul volviera a recurrir al poder de la esmeralda del bosque y sucumbiera ante ella.

Las imágenes volvieron a abrirse paso en su mente, pero se cerró a dejarlas entrar. Había asuntos más importantes ahora.

—Los demás siguen atrapados por los espíritus de la niebla. Tenemos que ayudarlos. —Dejó vagar su mirada hacia los lugares donde aquella neblina se acumulaba hasta hacía unos momentos y divisó a Lazar.

Por lo que podía ver, él ya se había liberado y estaba ahuyentando a las criaturas que rodeaban a Fayette y a Noah.

Donde Patricia había desatado su fuego, él utilizaba su magia roja, que fluía de sus manos como una corriente pulsante.

Siendo el más poderoso entre ellos, atravesaba la neblina con facilidad, haciéndola prácticamente derretirse.

Fayette emergió de los velos en su forma humana, con la mirada vidriosa y la expresión en blanco, como si estuviera atrapada en otro mundo.

Lazar no se molestó en consolarla, sino que se volvió hacia la última concentración de bruma.

Noah parpadeó aturdido cuando los espíritus lo liberaron y dio un paso tambaleante hacia atrás. Su pecho subía y bajaba errático, y miró alrededor sin rumbo fijo hasta que su mirada cayó sobre Fayette, quien ahora estaba acurrucada en la nieve, temblando.

Sin dudarlo, el elfo salvó la distancia hasta ella.

—Fayette. —Se dejó caer de rodillas frente a la chica, la atrajo hacia sí y apoyó su frente contra la de ella.

Sus delicadas manos se aferraron a él como si fuera lo único que la mantenía unida. Él la meció con suavidad y murmuraba palabras dulces mientras el hada enterraba su rostro en el hueco de su hombro.

Lazar se alejó unos metros y observó con fijeza en otra dirección. Era imposible saber si estaba luchando contra sus propios demonios o dándoles tiempo a los dos. Como tantas veces, su expresión reservada no revelaba emoción alguna.

—¿Crees que las fuerzas malignas nos enviaron estos espíritus? —preguntó Patricia, volviéndose hacia Saul.

—Es posible. —La atrajo hacia sí y posó sus suaves labios sobre los de ella, donde permanecieron durante varios latidos.

—Nunca en mi vida sentí tanto alivio. —Se apoyó contra él, escuchando su respiración tranquila mientras el viento barría las colinas y empujaba cristales de hielo contra sus abrigos.

Después de un rato, caminaron hacia los demás, y finalmente Lazar también se puso en movimiento.

Noah y Fayette estaban allí con las mejillas manchadas de lágrimas, y para sorpresa de Patricia, incluso los ojos de Lazar estaban enrojecidos.

Tal vez también fueron perseguidos por imágenes similares, alimentadas por sus temores hacia aquellos a quienes más amaban.

Saul colocó una mano en la nuca de Lazar y la otra en el hombro de Noah.

Permanecieron inmóviles por unos instantes.

A juzgar por sus respiraciones inestables, se estaban contando sin palabras sobre sus ilusiones.

El agarre de Saul se estrechó, luego atrajo a sus hermanos uno tras otro en un abrazo y les dio palmadas en la espalda.

Debía ser agradable tener un vínculo tan estrecho con sus hermanos. Entre ella y Merkan había confianza, e incluso encontraron la manera de llevarse bien, pero su hermano guardaba sus pensamientos y sentimientos detrás de una fortaleza de acero.

—Necesitamos mantenernos alerta —concluyó Lazar su conversación silenciosa.

—Estos no fueron los únicos obstáculos —coincidió Saul y le dirigió una mirada a Patricia con preocupación. Con un profundo suspiro, tomó su mano y caminó en la dirección donde sentían la Fuente.

—Esperen. Eyra está preocupada. —Noah entrecerró los ojos y escuchó durante un rato. Luego suspiró—. Emberis le hizo creer que estábamos muertos. En su desesperación, liberó a todos los dragones.

A Patricia se le cortó la respiración.

—Santo cielo.

—¿Está herida? —soltó Lazar.

Noah no respondió de inmediato y su hermano fijó su mirada en su boca como si pudiera extraer más información de esta manera. Era obvio lo difícil que le resultaba no presionar y darle tiempo para que conversara con su compañera.

—Prácticamente está ilesa. Ahora que sabe que estamos bien, se ha calmado. Pero tienen que contener de alguna manera el caos. La situación es caótica.

Saul se pasó la mano por el rostro.

Lazar apretó las manos en puños.

—Sigamos moviéndonos y terminemos con esta locura. —Se puso en marcha y todos lo siguieron.

Juntos se dirigieron hacia la colina, en cuya cima había estado el pozo en su ilusión. Aunque no podía ver las piedras en ninguna parte, estaba segura.

Una sensación de inquietud le subió por la espalda y se aferró a su nuca. ¿Era coincidencia o los espíritus de la niebla entretejieron la verdad con la ilusión? No tenía idea, pero no le gustaba ese paralelismo.