Trono de Hielo y Fuego (Saga entre hielo y fuego 5) 2 Eyra
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EYRA

El poder es como la sangre fresca, atrae a los depredadores que lo ansían.

Remond Everlight

Caminaron durante varios minutos a través del sistema ramificado de cuevas antes de llegar a la Jaula: una caverna alargada separada del corredor por barrotes de hierro.

Mientras Theo revoloteaba y se posaba sobre su hombro, Eyra se quedó en la entrada, escuchando la acalorada discusión que se desarrollaba en la sala.

Se lanzaban cifras sin orden ni concierto, y algún que otro insulto volaba por aquí y por allá.

Las conversaciones se interrumpieron cuando las bisagras de la puerta chirriaron con su entrada.

Merkan se levantó y la presentó. Conocía a Galen y a Rubén, por supuesto. Los nombres de los demás hombres y mujeres de fuego, tres representantes de cada clan que supuestamente ya no importaban, los olvidó casi tan pronto como Merkan los pronunció.

Mientras tanto, varias personas en la mesa miraban al mirlo de nieve con evidente escepticismo.

—No les agrado —dijo Theo con perspicacia—. Y tampoco la quieren a usted.

—Eso no importa por ahora —respondió ella, provocando que su juramento se contrajera. No era irrelevante. Debería estar ganándose a estas personas.

—Solo para estar seguros, bloquearé la entrada de su cámara por la noche.

—No hace falta. Nadie aquí se atreve a desafiarme.

Eyra tomó su lugar en la cabecera de la ancha mesa entre Merkan y Moira, y se inclinó hacia su primer oficial.

—¿Por qué siempre se reúnen aquí en una… jaula? —preguntó en voz baja. Una vez lo sacó de una reunión celebrada en esta sala, cuando Rubén y Ahrin atacaron a sus compañeros.

El inmenso hombre de fuego apenas si se encogió de hombros.

—Esta cueva tiene el tamaño adecuado —respondió en el mismo tono y señaló hacia la salida—.

Esta es la prisión más segura para seres de fuego que jamás haya existido.

Quien tenga la llave puede activar un hechizo protector.

Fue diseñada originalmente para contener los gritos de los prisioneros.

Incluso las transferencias de pensamiento se suprimen.

Hoy la utilizamos cuando discutimos asuntos de entera confidencialidad.

Sin embargo, para la mayoría de las reuniones, dejamos la puerta entreabierta para que cualquiera del Tren Rojo pueda escuchar o plantear sus propias inquietudes.

A Eyra le gustó eso. En general, cada vez tenía más la impresión de que, aunque Merkan era un líder duro, también era bastante justo.

—¿De qué estaban hablando? —preguntó en voz más alta. Estaba lista para participar en esta reunión, ya que cualquier cosa era mejor que atormentarse pensando en su familia.

En el momento en que sus pensamientos rozaron ese tema, su fuego se avivó de nuevo.

Tal como le aconsejó su dragón, dejó escapar el calor, provocando que la temperatura en la cueva subiera de forma súbita. De inmediato, toda la atención se centró en ella, asumiendo que estaba haciendo una demostración de su poder. Que creyeran eso.

—Sobre la distribución de los dragones —respondió Galen.

¿Ni siquiera había comenzado a liberar a los dragones restantes y ya habían comenzado las discusiones? Maravilloso.

—La asignación puede esperar. De todos modos, iré recuperando los dragones del hielo uno por uno.

Como siempre que hablaba sobre este enfoque o incluso solo pensaba en ello, su juramento se hacía notar. Había prometido prepararse para la guerra lo mejor posible, y su estrategia de irse despacio en este asunto contradecía esa promesa. Sin embargo, tenía argumentos…

—La Ceremonia de Invierno se celebrará en un mes. ¿Es una buena idea dado el ajustado calendario? —gruñó Galen.

Rubén se recostó y cruzó los brazos sobre el pecho, como si hubiera decidido dejar que otro librara esta batalla.

De hecho, de un tiempo para acá se comportaba de manera bastante discreta, a veces incluso parecía accesible.

Apenas el día anterior, le preguntó sobre la ubicación exacta de la Fuente, ya que fue allí donde su familia recuperó el rubí de fuego, y le respondió sin reservas.

Su información coincidía con la de su padre, pero era mucho más específica.

Y ella no dudó en transmitírselo a Noah.

—Si no podemos domar a los dragones, tampoco nos servirán de ayuda. —Se mantuvo firme contra Galen y el juramento—. Primero necesitamos aprender a manejarlos.

Un peso aplastante descendió sobre la sala, y la magia ancestral se arremolinó a su alrededor.

Varios de los presentes que aún no la conocían encogieron los hombros o abrieron mucho los ojos: estaban asumiendo que esta magia provenía de ella.

—Tomar tanto tiempo contradice tu juramento —tronó Emberis a través de sus pensamientos.

—Yo lo veo diferente —se defendió de nuevo—. Quedo exhausta cuando libero a un solo dragón. ¿Cómo me las arreglaría con varios?

—Puedo transferirte más magia.

—Oh, eso sin duda mejoraría todo. —Ya estaba luchando con su nivel actual de magia. Ambos lo sabían—. Además, nuestro conocimiento sobre liberar dragones es puramente teórico.

—Tienes a Belgor. Él sabe qué hacer.

Su argumento impactó como una flecha dando justo en el blanco, mientras su juramento surgía una vez más, urgiéndola a estar de acuerdo con él, colocando las palabras «Así es» en la punta de su lengua.

La chica apretó los dientes con fuerza.

—Ni siquiera Belgor podría controlar una horda de dragones si los jinetes fallan por inexperiencia.

—Algunos dragones descontrolados son menos importantes que la pérdida de tiempo valioso. Necesitas cada minuto para preparar al escuadrón para la guerra.

Eyra no podía lidiar con este tipo de interrupción.

—Si se van en una venganza y atacan aldeas de elfos invernales, Lorelai sabrá que liberamos a los dragones. Mientras mantengamos un perfil bajo, tendremos el elemento sorpresa de nuestro lado.

—Sacaste a Belgor del hielo. Lorelai ya estará vigilando a los dragones del norte de todas formas.

—Entonces tomaremos precauciones para atrapar a cualquier espía.

Las Llanuras de Hielo no eran un lugar donde uno pudiera esconderse. Y los elfos invernales no sabían nada sobre la base del Tren Rojo en el norte. Incluso ella, como ser de fuego, solo había aprendido sobre eso a través de Rubén.

—Veinticinco dragones están esperando allá arriba, incluidos cuatro jóvenes que aún no pueden llevar jinetes —intervino Rubén, momento en el cual Emberis se retiró de la habitación.

¿Lo convenció? Claro que no. ¿Tenía los argumentos correctos para evadir el juramento? Parecía que sí, ya que la presión en su pecho estaba disminuyendo.

—Hemos acordado en gran parte el número para cada clan. La asignación de quién recibe qué dragón aún está pendiente —añadió la mujer sentada junto a Rubén.

Merkan entrecerró los ojos.

—Vornyx nos pertenece.

—Ese dragón perteneció por última vez al clan Naris —retumbó Galen.

Eyra golpeó la mesa con la palma de su mano, haciendo que Theo saltara.

—Las estructuras de clan pertenecen al pasado.

Y ninguno de los dragones «pertenece» a nadie.

Todos forman parte de nuestro escuadrón aéreo conjunto.

—Le lanzó una mirada penetrante a Merkan.

Si los demás querían comportarse como niños peleando por un juguete de madera, que lo hicieran. Esperaba más de él.

Impasible, el hombre se reclinó.

—Soy el primer oficial. Vornyx me pertenece.

Su arrogante juego de poder en verdad la irritaba.

Al menos estaba argumentando desde su posición y no con las casillas de mi clan, tu clan. Por esta razón, no lo contradijo, sobre todo porque no quería debilitarlo en su posición. Pero tampoco le prometió este dragón.

Mientras los presentes continuaban su acalorada discusión, ella se comunicó con su dragón.

—¿Belgor?

—Eyra.

—¿No era Vornyx el dragón que no querías asignarle a Merkan?

—Sí, ¿por qué?

—Lo está reclamando de nuevo.

Ante el resoplido de Belgor, casi pudo escuchar las chispas volando.

—Vornyx puede tener la estatura más impresionante después de mí, pero por desgracia, es un tipo muy difícil. —Su tono indicaba que no sentía mucha simpatía por él—. Hay dragones igual de poderosos, pero mucho más fáciles de domar.

Bueno, el tamaño no siempre era todo lo que importaba.

Eyra se dirigió al grupo.

—Liberaré a Vornyx al final y me centraré en los casos más sencillos. Primero deberíamos practicar un poco el manejo de los dragones. —Después del éxito de sus compañeros, tendría todo el tiempo del mundo para ocuparse de aquel dragón—. Siguiente tema.

—Como es uno de los dragones más fuertes, necesitamos todo el tiempo posible para domarlo. —Rubén ignoró su intento de terminar esta discusión.

—Y si no podemos dominarlo, perdemos uno de nuestros dragones más fuertes. ¿Has pensado en eso?

—Merkan se asegurará de que se comporte —dijo el hombre de fuego junto a su primer oficial.

Este tipo en verdad subestimaba el desafío de vincularse con un dragón.

Además, su líder intocable había fallado con Zeros.

Sin embargo, no podía mencionar este argumento frente a los otros líderes de clan sin socavar la autoridad de Merkan.

Más bien, debería fortalecer su posición donde fuera posible, y para eso, sería ventajoso prometerle el dragón más codiciado.

—¿Con qué dragón crees que deberíamos comenzar? —le preguntó a Belgor.

—Rendor. Tiene un temperamento apacible en comparación.

En el mundo de Eyra, las palabras dragón y apacible no encajaban bien juntas, pero dejó su evaluación sin comentarios.

—¿Hay alguna manera de que Merkan pueda tener asignado temporalmente un dragón que luego pase a Patricia? Él en verdad quiere a Vornyx.

No tenía muchas esperanzas de que la respuesta fuera afirmativa. Zeros también estaba unido a Lyra de forma irrevocable. Solo después de su muerte, Merkan habría podido conquistarlo.