Trono Carmesí (Crónicas de la corona oscura 2) Capítulo 65
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Capítulo 65

Kensington Hollow

—Sirve el té, Branwen —ordenó Enora con aire perezoso, recostada en su diván de terciopelo como un césar romano—¿Se puede saber dónde se mete Araminta? ¿Acaso sigue con Seraphine en el sótano?

—Con Seraphine y con la muchachita —puntualizó Fiona con una risa perversa—. Estuvimos a punto de no poder usarla, de haberse cumplido las ocho lunas...

—Cada vez llegan más avanzadas, cada vez más tarde. Malnacidas, puercas, sinvergüenzas. ¿Cómo se las apañan para esconder las barrigas?

—A medida que esta sociedad nuestra se descontrola, son más temerarias, y es cierto, debe de ser que encuentran más ayuda en su entorno para encubrir sus pecados.

Enora mostró su conformidad con un suave gruñido. Estiró el brazo hacia el plato de las pastas y se entretuvo un buen rato escogiendo su sabor preferido.

—Qué lastimosa desdicha haber perdido a la prometida de lord St. Claire —farfulló con el dulce elegido entre los dedos— ¡Cuánto poder no nos habría procurado la sangre de una bruja en ciernes y su hijo no nato!

—No se te ocurra mencionar el asunto frente a Araminta. Está furiosa, creo que hasta tiene pesadillas con el asunto del fracaso.

—Ahora esa mujer se ha convertido en una intocable. Lord St. Claire me provoca pavor.

—Comprensible, hermana. Es un vampiro antiguo y sanguinario. Podría hacernos desaparecer si se le antojara. Mejor lejos, hay otros campos que explorar.

—Ahora que lord Bravery… el antiguo lord Bravery —rectificó— ha desaparecido, dudo mucho que quieran seguir contando con nuestra colaboración.

—Retiraremos los conjuros que someten la voluntad de los trabajadores del puerto —masculló Fiona indignada—. Todo lo relacionado con el comercio del opio, los responsables y supervisores de los fumaderos…

Enora dibujó en el aire un floreo con la mano para indicar a su hermana que no siguiera por ese camino, que no la llevaría a ninguna parte.

—¡Ya no los necesitan! ¿Es que no te has enterado de que firmaron una maldita tregua? Ahora los mercados los comparten. Fiona, ¡abre los ojos! En lugar de pelear y destruirse entre sí, se protegen una facción a la otra.

Fiona arqueó las cejas con exageración. Dejó ir un suspiro que era más bien un lamento y se llevó a los labios su taza de fina porcelana.

—En fin, querida. Toda esta ridiculez de la nueva era no nos está haciendo ningún favor. Menos mal que nos quedan los poderes de la videncia, las desconsoladas viudas, la ignorancia de la gente…

—Y las obras de caridad, hermana. No olvides la importancia de las obras de caridad.

MIL GRACIAS por leerme.