Triángulo 53 THIAGO
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53 THIAGO

THIAGO

He salido corriendo de casa de Unai, no soportaba ni un segundo más estar ahí.

La imagen de Álvaro se me ha quedado grabada en la retina y no me la puedo quitar.

Casi exploto. Me apetecía decirle todo lo que he tenido con él; estaba tan cabreado que le hubiera explicado todo el tiempo que hemos estado juntos, todas las veces que se ha amorrado a mi pantalón para comérmela, la de veces que me ha suplicado que me lo follara y todos los gemidos que pegaba… Pero ¿qué hubiera ganado?

Lo mejor ha sido decirle que no tenía ni idea de quién era; no hubiera soportado escucharle ni un segundo más.

Bajo por la calle sin saber ni siquiera adónde ir. Necesito llamar a alguien. A Antón no puedo, ahora soy incapaz. No quiero hacer el ridículo ni quiero que vea que soy un puto perdedor, porque lo soy. He sido un capullo con él; le tendría que haber dicho que sí al bar.

—¡Me cago en la puta! —grito en la calle, dando una patada a una bolsa.

Siempre me acaban echando y me tengo que ir.

¿En qué momento he pensado que Unai querría algo conmigo? ¿En qué momento pensé que iba a salir algo bien? Lo he dicho siempre, prefiero estar solo.

Encima, ¿Álvaro? ¿Ese niñato?

Me duele el estómago. No recuerdo la última vez que me dolieron las tripas por las ganas de llorar; tal vez de adolescente. Jamás he vuelto a romperme de la manera en que lo estoy

haciendo ahora. Ya lo hacía bien al no comprometerme nunca con nadie.

¿Qué me ha ocurrido estas semanas? Nunca me había pasado nada igual. ¿Por qué ha terminado tan rápido? Tal vez estaba durando demasiado; lo bueno me estaba durando demasiado tiempo.

Unai es el único tío que siento que merece la pena.

¡Joder!

Estar con él… le estaba dando sentido a todo.

No, no, no… No quiero que otro tío dé sentido a nada mío.

Tenía razón Antón, no había conocido al tío indicado, y el único que ha despertado lo mejor de mí… me ha jodido más aún.

Me dirijo a la estación de metro de Stratford. En el Queen Elizabeth Park hay mucha gente; es el mercadillo de antigüedades y venden todo tipo de cosas. Intento esquivar a todo el mundo; ojalá desaparecieran todos.

Me da la sensación de que llevo media vida aquí; los paseos junto a Unai bordeando el canal lo han sido todo para mí. Pero ya está, a otra cosa.

«Thiago, no llores».

Me arrepiento de haber dejado que mis sentimientos mandaran sobre mi cabeza.

¿El amor es esto? Pues vaya mierda.

Me tiembla el cuerpo…

De repente, en una de las paradas, veo un disco de vinilo que me resulta familiar. ¿De qué me suena? La portada en blanco y negro de dos cuerpos abrazados me recuerda algo y no sé qué. Leo el título, Deseo carnal

, y entonces me viene a la cabeza. Voy a la conversación con Álvaro; él me envió ese disco. Le escribo.

THIAGO:

Álvaro… ¿cómo estás?

THIAGO:

Perdona que no te haya respondido antes, he estado liado

.