Triángulo 31 ÁLVARO
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31 ÁLVARO

ÁLVARO

Sin darme cuenta, la sala se ha ido llenando y cada vez estamos más apretados.

Del calor, me he acabado desabrochando la camisa.

Thiago se ha quitado la suya de tirantes y la lleva colgada a un lado de la cintura.

No conozco a nadie, pero me siento super a gusto.

Thiago ha ido saludando a gente. A algunos, los saluda sutilmente, como si se conocieran poco; otros se le acercan a darle dos besos y se nota que quieren algo más con él.

Con algunos incluso se dan un pico, cosa que me da un poco de rabia.

Suena temazo tras temazo, y estoy eufórico.

Aprovecho cualquier empujón que hace la gente para acercarme a Thiago. No sé si va a significar algo, pero hoy está especialmente cariñoso. Nos vamos dando besos, acercamos nuestro cuerpo, bailamos, arrimamos la cintura… En algún momento no puedo evitar que se me escape la mano a su bragueta.

—Eh, para —me dice, sonriente.

Me cuesta estar quieto. La bebida me ha subido y me siento feliz: estoy en medio de una fiesta gay con uno de los tíos más sexis y hasta parece que seamos novios.

Miro a Thiago, que tiene la frente sudada y algún mechón de pelo pegado; su cuello, el pecho y todo el torso… está empapado. Hace mucho calor.

Le cojo de la mano y lo vuelvo a besar.

La gente no para de pasar por nuestro lado. Algunos se paran, otros siguen, algunos le hablan, otros solamente le

miran. Unos pasan como si buscaran con quién bailar, otros levantan la copa para asegurarse de que no se les cae.

De repente, a lo lejos, distingo una cara que me resulta demasiado familiar.

Es Unai.

¿Qué hace aquí

***