Triángulo 24 THIAGO
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24 THIAGO

THIAGO

Odio ir cachondo porque escribes a la primera persona que se te pasa por la cabeza.

Un polvo con Álvaro, sí; pero escuchar sus historias de niñato, no, gracias.

Además, ya me lo he follado, así que a por otro.

No entiendo a la gente que busca desesperadamente pareja.

Al final, son todo problemas y dar explicaciones.

Si estoy mal o estoy bien es cosa mía, nadie a mi lado hará que cambie nada.

Las relaciones son tóxicas por naturaleza, y más entre tíos.

Siempre hay uno de los dos que tiene más pasta, que está más bueno o que cae mejor; siempre hay uno superior al otro.

¿Qué sentido tiene tener en casa a alguien que te supera en todo?

O al revés: ¿para qué estar cada día con alguien peor?

Me daría lástima. Solo entiendo estar con alguien cuando lo necesitas; si me faltara dinero, por ejemplo.

Abro Grindr. Por el barrio hay varias oficinas y la gente tiene más ganas de follar que de trabajar. Dicen que van a hacer un recado, a comer o a reunirse con alguien; y, en realidad, están en casa de alguien con una polla en la boca.

Un día fui al Mercadona y, a la hora de pagar, me cobró un cajero que tenía un culazo espectacular; de los más bonitos que he visto. Estaba solo en la cola y le pregunté si no se podía escapar; me dijo que era imposible.

—Espera, se me ha olvidado comprar algo.

Fui a por unos condones XL, los que uso. Además, compré dos lubricantes, uno más acuoso y el otro de silicona, y los puse encima de la cinta. Pasó los condones y, antes de pasar los lubricantes, los cogí con la mano.

—¿Cuál prefieres? —dije.

El tío miraba a su alrededor con miedo. Señaló uno de ellos.

—¿Vives cerca? —me preguntó.

—Justo enfrente, en el número setenta y dos.

—Tengo quince minutos —añadió mientras me cobraba.

—Te espero en el portal. Seré todo lo rápido que necesites.

Aquel tío estuvo viniendo a casa durante semanas; se escapaba en los descansos, a la hora de comer o, según el turno, venía un rato antes. Siempre encontraba un hueco para pasar por casa. Hasta que un día me dijo:

—¿Te parece si un día tomamos algo?

«No, no quiero tomar nada. Quiero follar contigo o que me hagas un descuento, nada más». Le contesté que no quería y, al poco tiempo, desapareció.

Llaman a la puerta de mi habitación; son los pesados de mis compañeros de piso.

—¿Qué pasa?

Entran. Me dan tan igual que ni disimulo estar con la bragueta abierta, que miren lo que quieran.

—Llevas dos meses sin pagar —me dice el capullo número uno—. Hoy te largas.

—Esta tarde os pago.

—Eso dijiste el mes pasado —dice el capullo número dos—. Esto no es una ONG. Además, mi primo necesita una habitación y se va a quedar en la tuya.

Sabía que tarde o temprano sucedería, pero no esperaba que fuera hoy.

—Me hacéis un favor. Este piso da asco —les digo levantándome y empezando a recoger mis cosas.

Empaqueto toda la ropa que tengo en el armario. No es mucha. Cuando no tienes casa fija, te acostumbras a vivir con una maleta, como si estuvieras siempre de viaje.

Una mierda.

Bajo a la calle a toda prisa. Saco el móvil y busco contactos. No tengo a nadie. No tengo ni para una noche en ningún sitio. Y no puedo pedir más pasta a mi abuela o a Antón.

La gente que tiene dinero vive la vida que quiere. Los que no, acabamos siempre arrastrándonos como ratas. Abro el WhatsApp y mando un audio a Álvaro. Me jode, pero no me queda otra.

THIAGO:

Ey, Álvaro. ¿Qué tal? Verás, no te lo quería explicar para no preocuparte, pero…

Me tengo que inventar algo.

THIAGO:

Hoy tenía que irme del piso y, en teoría, me iba a otra habitación. Pero a última hora me han dicho que no me la dan.

Álvaro responde al momento, con un mensaje de texto.

ÁLVARO:

Joder, vaya putada.

ÁLVARO:

¿Y qué vas a hacer?

ÁLVARO:

¿Necesitas algo?

Le mando otro audio:

THIAGO:

No, tranqui, no te preocupes.

Me escribe.

ÁLVARO:

Joder, lo siento. Si necesitas algo, me lo dices. Y si necesitas quedarte en casa… Aquí hay sitio.

Hay tíos que son más fáciles que la tabla del uno. Si fuera tan listo en la vida como lo soy con los tíos, dominaría el mundo. Tal vez no tanto, pero más dinero sí que tendría. Le respondo con otro audio.

THIAGO:

Hostia, no se me había ocurrido. Se lo iba a pedir a un amigo, pero si te va bien que me quede un par de días, de puta madre. Prefiero contigo que con el otro, nos podemos divertir. ¿Te parece si vengo esta noche?

ÁLVARO:

Claro… Ven cuando quieras

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