Capítulo treinta y uno
Trev
La sorpresa en el rostro de Mina habría sido cómica de no haber sido tan auténtica. Parecía atónita de que hubiera hecho pública nuestra relación. La verdad es que yo también estaba un poco sorprendido, y sin embargo la palabra «relación» había sido fácil de decir.
Sus nudillos se volvieron blancos mientras me apretaba la mano con fuerza aplastante. Su labio inferior iba a sangrar si seguía mordiéndolo tan fuerte. Las cosas habían avanzado rápidamente y mis palabras eran nuevas para ella. Notaba cómo su ansiedad se disparaba.
Quería llevarla aparte y asegurarme de que lo estaba llevando bien, pero Sebastian recibió unos pitidos en su pantalla y pasó a modo combate.
—Necesito que todos preparéis una zona de aterrizaje y aseguréis el perímetro —ordenó, y los demás abandonaron la mesa de inmediato y se equiparon.
Cuando retrocedí con la silla, dispuesto a prepararme, Sebastian negó con la cabeza—.
Tú no. Tú tampoco —su mirada se desplazó hacia Mina—. Necesito hablar con los dos.
—Encontraréis un par de quads quitanieves en el garaje —les dije a los demás—. Las llaves están en el recibidor.
—Entendido —dijo Mac mientras él y Kane salían de la cocina con Karma y Knox pisándoles los talones. Sebastian se quedó, concentrado en su pantalla.
Me incliné hacia el hombro de Mina.
—Lo siento —susurré—. ¿Demasiado, demasiado rápido?
—Es mucho —se frotó la cara—. Dijiste que estábamos en una r-r-r...
Ni siquiera podía decir la palabra.
—Relación —completé—. ¿Me equivoqué?
Soltó un suspiro tembloroso.
—Parece surrealista.
—¿Pero lo es? —le apreté la mano—. Estamos aquí. Ahora. Estamos juntos.
—Es solo que... —inspiró hondo—. Las cosas buenas como esta no me pasan a mí.
—¿Qué quieres decir con «cosas buenas»?
—Tú.
El afecto que brillaba en su mirada me llenó el corazón.
—Hay algunas cosas que debéis saber —anunció Sebastian. Apartó la mirada de la pantalla y nos miró—. Mientras estabas fuera, nuestros servidores han estado repeliendo los ataques de Hellbound día y noche.
—Lo sé —dije—. También sé que nuestros operadores han sido emboscados por Bruckner durante misiones en el extranjero. ¿Nuestra gente está segura?
—Estamos a buen recaudo —la seguridad de Sebastian calmó el nudo en mi estómago—. Pero tenemos que acabar con la amenaza antes de que alguien muera.
—Por eso me fui —me froté la cara e hice una mueca cuando un espasmo me atravesó la zona lumbar—. Para evitar este escenario.
—La guerra interna por el poder en el Kremlin se ha recrudecido —informó Seb—. Laskin camina por la cuerda floja entre demostrar su utilidad a su jefe y conspirar para reemplazarlo.
—Lo hemos estado siguiendo —miré a Mina—. ¿Quieres contárselo tú?
Ella consultó a Seb con la mirada.
—¿Extraoficialmente?
—Extraoficialmente —aceptó él.
—Tenemos acceso a sus correos electrónicos.
Sebastian arqueó las cejas.
—Cuéntame más.
Entre los dos, le contamos a Orion cómo habíamos infiltrado las cuentas de correo de Laskin y la discordia que habíamos sembrado hasta entonces. También le explicamos cómo habíamos alimentado el conflicto con transferencias de dinero y comentarios hirientes.
—Por eso está tan desesperado por abrirse paso en Ucrania —concluyó Sebastian—.
Quiere demostrar que es el indicado. Compite contra sus enemigos en el Kremlin antes de que lo derriben.
No solo está enviando reclutas de Bruckner al matadero en Ucrania, sino que Hellbound ha estado atacando infraestructura estadounidense y más.
—¿Qué más?
—Laskin ha comprado varias armas nucleares a Corea del Norte.
—Mierda —me froté los ojos y Mina se puso rígida a mi lado—. ¿Dónde están las armas ahora?
—En tránsito —informó Seb—. Tenemos varios equipos trabajando en ello. Si conseguimos hacernos con las armas, las sacaremos de circulación. Si no...
—¿Ucrania?
—Sí, o...
—¿O qué? —pregunté.
—Un ataque de falsa bandera contra Rusia, posiblemente contra el propio Kremlin.
—Para forzar al Kremlin a desatar su arsenal nuclear —reflexioné en voz alta—. O...
—Un golpe de estado —añadió Mina.
—¿Un ataque nuclear en suelo ruso para deshacerse del tirano? —especuló Sebastian.
—Le allana el camino a Laskin para ser el nuevo presidente —tenía toda la lógica—. Tenemos que actuar rápido.
—De acuerdo —dijo Sebastian—. ¿Cuánto tardarás en tener listo el troyano para Hellbound?
—Pronto —intercambié una mirada con Mina—. Hemos estado trabajando sin parar.
—Lo necesito para ayer.
—Tengo una idea para acelerar las cosas —intervino Mina—. Se me ocurrió en el camino de vuelta, después de que lucharas contra Kozlov. Podría haberte matado. Es hora de acabar con esto.
La miré con atención.
—¿Qué tienes en mente?
—Simple —inclinó la cabeza y sostuvo mi mirada—. Preparamos una trampa en un campo de batalla en el momento que tú elijas. ¿No es así como os gusta a vosotros?
—¿Una trampa bajo nuestras condiciones? —Sebastian se inclinó hacia delante en la silla—. Explícate.
—Laskin lleva meses persiguiéndome —dijo, y su voz se volvió más segura al adoptar su persona de Specter—. ¿Por qué no darle lo que quiere?
—No. —Maldita mujer. Se estaba ofreciendo como cebo para atraer a Laskin—. Es demasiado peligroso.
—Pero también ideal —me desafió con la mirada—. ¿No crees?
—No es ideal —recalqué—. Es peligroso.
Sebastian nos miró alternativamente.
—¿De verdad crees que Laskin vendrá a por ti?
—¿Con el montaje adecuado? —Mina asintió—. Sí.
—¿Cuál es el montaje adecuado? —preguntó Seb.
—Contacto con Laskin —Mina se inclinó hacia delante.
Ahora que había controlado su HADD, se apoyaba en las fortalezas de Specter—.
Le digo que estoy harta de huir y que quiero negociar.
Me hago la paranoica y todo eso. Solo le daré la puerta trasera si se reúne conmigo en persona.
Tú me dices dónde y cuándo, y lo esperamos allí.
Había conseguido intrigar a Sebastian.
—¿Morderá el anzuelo? —preguntó.
—Está acostumbrado a trabajar con hackers mercenarios —dijo—. Conoce el modus operandi de Specter. El dinero mueve el mundo. La codicia es la única motivación que importa. El beneficio es el rey, o la reina, en mi caso.
—Conoces bien tu negocio, ¿eh? —Sebastian la estudió como si fuera un espécimen bajo el microscopio.
—Oh, cariño, si supieras —esbozó la sonrisa más diabólica de Specter, esa que helaba el alma a los hombres de poca monta—. ¿Quieres a Laskin? Soy tu chica.
Sebastian me miró.
—¿Qué opinas?
Miré a Mina con el ceño fruncido.
—Demasiadas variables fuera de nuestro control.
Sabía lo que estaba haciendo. Volvía a su persona de Specter para intentar que Orion aceptara su plan, poniéndose en la línea de fuego para protegernos: a mis amigos y a mí.
Sebastian frunció el ceño mientras consideraba su propuesta. Incluso yo tenía que admitir que era buena. Mina estaba dispuesta a sacrificar su seguridad, y quizás hasta su vida, por una causa que yo le había planteado.
—¿Quieres soluciones? —Desafié a Sebastian con la mirada—. ¿No he sido tu hombre para resolver problemas desde hace tiempo?
—Lo has sido.
—Pues entonces —sonreí con suficiencia—. Escucha mi plan.
***
Mina
Fulminé a Trev con la mirada. Sabía que mi idea era la mejor. La rechazaba porque estaba siendo un idiota sobreprotector. Estaba tremendamente sexy en modo protector, pero eso también me sacaba de quicio.
—Mi plan también es sencillo —me miró—. Usamos a Kozlov para atraer a Laskin hasta aquí.
Sebastian sopesó la idea.
—¿Kozlov no está muerto?
—Lo está —admitió Trev—. Pero aparte de nosotros, ¿quién lo sabe?
Seb fue directo al grano.
—Explícate.
—Supongo que el transporte de Kozlov despegó sin sus pasajeros antes de que llegara la tormenta —explicó Trev—.
La tormenta puede justificar un corte en las comunicaciones.
El tiempo apenas está empezando a mejorar.
Kozlov vino a Alaska a atraparme. Podemos montar un escenario para hacer creer a Laskin que Kozlov me capturó, y algo más.
—Alaska es un campo de batalla complicado —dijo Seb—. Si entiendo bien tu propuesta, nuestros recursos quedarán muy repartidos.
El rugido de un par de helicópteros hizo vibrar las ventanas.
Trev miró ostensiblemente por encima del hombro.
Dos Black Hawks aterrizaron entre bengalas en una zona despejada cerca de la casa.
Cuando las aspas dejaron de girar, varias personas saltaron de los aparatos.
El resto del equipo de Elite se acercó para ayudar a descargar material y suministros.
—Parece que ya has traído algunos recursos —Trev señaló los helicópteros con la mano.
Seb asintió con la cabeza.
—Lo que propones exigiría movernos rápido. Si no, Laskin sospechará que es una trampa.
—Queremos rapidez, ¿no? —señaló Trev—. Pues esto es lo más rápido posible. El margen de tiempo es muy ajustado. Podemos adaptar elementos de la estrategia de Mina. Plantear que me niego a hablar con nadie que no sea Laskin. Que quiero un trato a cambio de información que su jefe desea.
—Ninguna buena acción queda sin castigo. —Cerré los puños bajo la mesa—. Le enseñas a un hombre a pescar y te roba el maldito cebo, y después también el pez.
—Esto es lo que en Elite llamamos trabajo en equipo —dijo Trev—. Desarrollamos las ideas de los demás.
—Yo lo llamo tendencias suicidas. ¡Las tuyas! —espeté—. Te estás poniendo de diana. Si creías que mi plan era peligroso, el tuyo lo es todavía más, y encima me cabrea.
—Basta ya, vosotros dos —Sebastian nos miró alternativamente—. ¿Qué vamos a necesitar?
—Armas específicas, munición, transporte —dijo Trev—. Y alguien que sepa de idiomas. Tendremos que redactar una invitación de Kozlov a Laskin.
—La mayor parte de eso ya está en marcha —anunció Sebastian con voz grave—. Tienes acceso al correo de Laskin, pero aún necesitamos entrar en el de Kozlov.
—Puedo intentarlo, pero ella conoce el camino mejor que nadie. —Trev me miró fijamente, con un brillo astuto en los ojos.
Sebastian me escrutó el rostro.
—¿Puedes hacerlo?
—¿Que si puedo hackear a Kozlov?, pregunta Sebastian —resoplé—. Por supuesto que puedo. La pregunta es: ¿lo haré?
Trev gruñó a modo de advertencia.
—Mina...
—Si el dinero es un problema, podemos pagarte por tus servicios —ofreció Sebastian.
—No quiero vuestro puto dinero —espeté antes de contenerme.
—Entonces, ¿cuál es el problema? —preguntó.
—Laskin es el hijo de puta más astuto y despiadado que existe —golpeé la mesa con el dedo, severa—. Me estás pidiendo que convierta a Trev en el objetivo principal de Laskin. Estamos hablando de poner en juego la vida de Druid. No me parece bien. No me gusta.
—A mí tampoco me gusta —un ceño fruncido surcó la frente de Seb—.
Por otro lado, estamos hablando de salvar vidas, prevenir una escalada nuclear y proteger nuestro país y el mundo.
Esta es la misión del Equipo Elite y, en última instancia, si Druid elige ser el cebo para atrapar a Laskin, es decisión suya.
—Decisión que ya tomé, incluso antes de conocerte —me recordó Trev—. Mina, esto va a pasar con o sin ti. Nuestras posibilidades de éxito son mayores contigo a bordo.
Solté un gruñido de irritación, pero tenía razón. Conocía los canales de comunicación de Hellbound y Bruckner mejor que nadie. Era la mejor posicionada para hackear las comunicaciones de Kozlov. Ya había jodido a esos cabrones antes y todavía no me habían pillado.
—Necesito garantías.
Sebastian frunció sus gruesas cejas.
—¿Qué tipo de garantías?
—Quiero garantías sobre la vida de Trev. Le gusta hacerse el héroe, y los héroes mueren en el mundo real —entrecerré los ojos mirando a Seb—. ¿Me entiendes, Orion?
—Te entiendo —los ojos azules del hombre brillaron—. Haremos todo lo que esté en nuestra mano para garantizar la seguridad de Druid, pero no voy a prometerte castillos en el aire. Cuando llegue el momento de la verdad, pasan cosas. ¿Me entiendes, Specter?
Sus palabras me arrancaron de mis miedos más primarios. Otro hombre honesto. Por lo visto, todos los miembros del equipo Elite estaban cortados por el mismo patrón que Trev.
—La palabra de Orion me basta —dijo Trev—. Debería bastarte a ti también.
—Hay algo más —tomé aire—. Quiero que consigas la autorización de todas las autoridades pertinentes para esta operación.
Sebastian gruñó.
—¿Por qué te importa que tenga el visto bueno oficial?
—Estoy en la lista de los Más Buscados. He pasado la mayor parte de mi vida huyendo.
Trev y yo hemos hecho algunas cosas levemente ilegales últimamente —vale, eran salvajemente ilegales, pero no pasaba nada por minimizar un delito aquí y allá—.
Estas infracciones van a cabrear mucho a las autoridades si se enteran.
FBI, CIA, DoD y NSC, solo por mencionar algunos.
No quiero que Druid se meta en problemas por ser un noble idiota.
Quiero que esta misión tenga luz verde al más alto nivel.
Quiero que él quede libre de cargos antes de que empecemos.
La mirada de Sebastian se endureció.
—¿Y si consigo la luz verde?
—Entonces estoy dentro —prometí—. Incluso lo haré gratis.