Tres deseos Capítulo 10 Peggy #2
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Capítulo 10 Peggy #2

—¿Qué? Oh, no, en realidad es al revés. —Suspiró y se sentó, y luego me miró—. Amo, no está permitido que un humano haga el amor con un Pixie. Oberón está bastante molesto y exige una compensación.

—¿Compensación? —pregunté—. ¿Como daños en una demanda?

—No exactamente —dijo con incomodidad.

—Pues dime qué quiere, yo lo deseo y tú me lo preparas. Con eso debería solucionarse el... —Estaba sacudiendo la cabeza negativamente.

—Ah. —Nos quedamos sentados un momento—. Será mejor que me digas qué entiende él por compensación —dije—. Y quién demonios es Oberón de todas formas. ¿El marido de Melody? ¿O quizás el padre?

—Oberón es el Rey de las Hadas —dijo Genie— Y su noción de compensación es ojo por ojo.

La miré boquiabierto, sin dar crédito a mis oídos. —¿Qué? ¿Quieres decir que él va a... que yo tengo que dejarle...?

—¿Qué?! ¡No! ¡Oh, dioses, no! —jadeó Genie, poniéndose colorada al entender lo que yo estaba pensando—. ¡Dioses, ni siquiera Oberón llegaría tan lejos!

—¡Santo cielo! —murmuré, soltando un aliento que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba aguantando—. Será mejor que me dejes un poco más claro qué es lo que entiende él por compensación —dije.

—Él... eh... él exige tiempo igual con una de tu harén —dijo Genie con incomodidad.

—¡Mi qué! —jadeé.

—Una de tu harén —repitió Genie, poniéndose aún más colorada—. La favorita, es lo que dijo en realidad.

—¡Yo no tengo ningún harén! —dije casi a gritos.

—A sus ojos, sí lo tienes —dijo Genie en voz suave.

—¡No puede ser! —dije débilmente—. ¿Quiere pasar tiempo igual con una de las chicas?

Asintió.

—Con Terri.

—¡Dios bendito! —susurré—. ¡No puedo hacer eso! ¡Dile que no puedo hacer eso! ¡Ella no es mía para dársela a nadie! ¡Y aunque pudiera, no lo haría! ¡Dile que piense en otra cosa!

—No puedo, Amo. La ley es clara. —Me miró con tristeza—. Aunque la culpa es mía, tú cometiste el acto y debes pagar el precio. —Hizo una mueca y parpadeó con fuerza varias veces.

—¡Por todos los santos! —De repente estaba furioso.

De las cuatro mujeres con las que estaba involucrado, Terri era quizás la más frágil de todas.

No había olvidado su timidez cuando hicimos el amor por primera vez, ni que me consideraba una especie de figura paterna además de un amante.

No podía imaginar traicionar la confianza que ella tenía en mí.

—¿Qué coño voy a hacer? —pregunté—. No puedo pedirle que... —Ni siquiera pude terminar la frase. Y entonces me llegó la respuesta. Me erguí y miré a Genie.

—De acuerdo, nena, escucha con atención.

Esto es lo que vamos a hacer. —Me aclaré la garganta con nerviosismo y di un buen trago a mi copa para humedecer la boca, que de repente se me había secado—.

Deseo ser el doble idéntico de Terri en todos los sentidos, y tomar su lugar para servir como compensación de Oberón.

—Amo... —Genie me sonrió con tristeza, y el estómago se me revolvió—. Lo siento, Amo. No puedo hacerlo. TIENE que ser Terri. No se dejará engañar por un doble mágico.

Me incliné hacia delante y me enterré la cara entre las manos, mordiéndome la lengua para no estallar contra la cruda injusticia de la situación. Si hubiera podido echarle las manos encima a Oberón en ese momento, lo habría matado.

—¿Amo? —La ignoré, luchando para que la desesperación no me tragara—. Jerry. —La voz de Genie era suave al pronunciar mi nombre, poniéndome la mano sobre la mía—. Jerry, escúchame. Creo que tengo una respuesta.

Levanté la cabeza y la miré —una pequeña llama de esperanza creciendo en mí—.

—De acuerdo —dije con voz ronca—. Te escucho.

—Oberón no será quien exija su «compensación» a Terri. Lo más probable es que mande a uno de sus sátiros para llevar a cabo esa pequeña tarea por él.

La miré fijamente y la pequeña llama de esperanza parpadeó y murió en mi pecho.

—¡Eso no es una respuesta! —exploté—. ¿Cómo coño es eso una respuesta? ¡Terri va a ser violada igualmente por algún...!

«¡Silencio!» La voz de Genie retronó en mi cabeza, y mis dientes chocaron ruidosamente al cerrar la boca.

—Sé que estás alterado —dijo en voz queda—. Pero déjame terminar.

—Lo siento —dije con miseria—. Esto me está destrozando por dentro. Me siento tan jodidamente impotente...

—Lo sé —dijo, dándome palmaditas en la mano—. Lo sé.

—De acuerdo —dije, armándome de valor para una elección desagradable—. Dime.

—Como dije, mandará a un sátiro a hacer el trabajo por él. Creo que puedo meterte dentro de ese sátiro. Serás tú haciendo el amor con Terri, no un extraño violándola por mandato de su soberano.

—Genie —dije despacio—, ¿qué crees tú que va a hacer Terri cuando vea a un medio hombre, medio cabra abalanzándose sobre ella con una polla enorme?

—De eso me puedo encargar yo —dijo Genie con confianza—.

Puedo hacer que vea a quien yo quiera que vea, y no me costará nada hacerla...

lo suficientemente elástica para aguantar la polla más grande.

—Me miró con seriedad—. Amo, ¡podemos hacerlo!

No va a ser particularmente agradable para ti, habitar el cuerpo de otra persona, pero creo que eres lo bastante resistente para aguantarlo.

Lo reflexioné durante unos minutos y no vi ningún fallo en el plan de Genie.

—De acuerdo —dije de repente—. Acabemos con esto. ¿A dónde hay que ir para hacerlo?

—A donde tú quieras —respondió Genie de inmediato—. No importa.

—De acuerdo. —Pensé un momento—. ¿Dónde está Terri?

—En su casa —respondió Genie. Me dedicó una pequeña sonrisa—. En este momento está preparándose para ir a casa de Henderson para una pijamada. Tienen pensado masturbarse pensando en ti.

Asentí. Eso haría más fácil convencerla de que viniera a verme, pensé.

—Dame el móvil, por favor, con el número de Terri programado.

Apareció en el brazo de mi sillón. Lo cogí y llamé a Terri. Respondió y rápidamente hicimos planes para sacarla de casa de Henderson. Estaba más que contenta de que le pidieran pasar una noche en la cama conmigo, y dijo que llamaría a Henderson para cancelar la pijamada.

Genie dijo que se encargaría de cubrirla ante sus padres y Henderson. Sospeché que todos los que conocía Terri iban a tener una noche de lo más tranquila.

—De acuerdo —dije al colgar—. Acabemos con esto. —Genie hizo lo suyo y la «restitución» se puso en marcha.