Capítulo 8 Henderson #2
La tomé en mis brazos mientras se recreaba en su orgasmo, y guie su coño hacia mi polla mientras se sentaba sobre mí, tomándome profundamente en el vientre.
Puso en raja despacio en mi polla —la cabeza en forma de corazón presionando la apertura de su matriz mientras mis manos amasaban sus pechos, tentando los pezones de sus tetas mientras ella me montaba—.
Se corrió varias veces, grandes y lentos orgasmos que la sacudían hasta los huesos y la dejaban laxa.
La sostuve en mi polla mientras su apretada funda la trabajaba, los fuertes músculos de su vaina apretándose en torno a mi grosor y ondeándose por la longitud de ella mientras se corría.
Se rio suavemente cuando vio mi cara al bajarse de mi polla y arrodillarse entre mis piernas.
—¡Quiero chupártela! —susurró con ardor—.
¡Quiero tomarte en la boca! ¡Quiero que dispares tu carga garganta abajo, de acuerdo?
—Se inclinó hacia delante y sopló sobre mi polla moviéndose, y luego se lamió los labios lascivamente—.
¡Quiero que se derrame por la cara! ¡Quiero comerme tu gruesa carne y quiero sentirte correrte en mi cara!
¿Te gustaría eso, tío? —Asentí sin aliento mientras ella se inclinaba sobre mi polla pulsante y la tomaba en la mano—.
¡Oh, Dios! —suspiró al acariciarme las manos—.
¡No puedo creer que este bicho enorme quepa en mi pobre coñito!
—Se inclinó y presionó los labios contra mis huevos, lamiéndolos y mirándolos contraerse y recogerse en su arrugado saco.
Ronroneó mientras lamía mis huevos, pintándolas con su saliva.
—¡Oh, sí! —gemí, mirando a la encantadora chica chuparme los huevos.
Se tomó cada uno entre sus rojos y carnosos labios y lo succionó suavemente, azotándolo con la lengua, y gimiendo con abandonado deleite mientras yo gemía.
Fue trabajándose camino arriba por el saco hasta llegar a la base de mi polla erecta, que se alzaba sobre su cara.
Me dedicó una sonrisita pícara y la cabeza se me echó atrás al disfrutar de su lengua en mi vara.
Le revoloteó la lengua arriba y abajo por la parte inferior de mi polla, trazando el gran tubo allí.
Al llegar a la cabeza acampanada de mi polla, besó la punta roma y pegajosa, saboreando mi presemen y la crema de su coño con la lengua pidiéndole más.
—¡Ahhhh, eso es nena! ¡Chúpamela! —gemí mientras ella giraba la lengua alrededor de la cabeza de mi polla y bombeaba la vara con la mano.
Ahuecó mis huevos en la mano mientras su cálida boca absorbente se movía sobre mi cabeza abultada.
Gimió al succionar camino abajo de la larga y gruesa estaca.
Al golpear la cabeza de mi polla el fondo de su garganta, ladeó la cabeza y forzó sus músculos de la garganta a relajarse, tragando fuerte.
Grité al notar su garganta encerrando mi vara turgentemente erecta y ella movió la cabeza alrededor del pivote de mi polla mientras se la tragaba entera.
Gorgoteó, chupando fuerte en mi gruesa carne, manteniéndome profundamente en su garganta y tragando cada centímetro de mi polla.
Salió a tomar aire e inmediatamente chupó camino de vuelta abajo de mi polla rígida hasta tener la nariz en mi vello púbico.
Se quedó así durante más de un minuto, hasta que gruñí:
—¡Voy a correrme nena! ¡Joder, voy a correrme!
—Rápidamente se echó hacia atrás hasta tener solo un par de centímetros de mi polla en la boca, su lengua restregando la parte sensible inferior del glande.
Gemí al dispararse el primer chorro espeso de mi carga dentro de su boca y mientras me sacudía con una mano mientras la otra hundía tres dedos en su coño empapado.
Se pintó la cara con mi carga y luego me sorbió la polla hasta limpiarla, corriéndose en sus dedos mientras mi vara se desinflaba en su boca caliente.
Enganché las manos en sus axilas y la levanté hasta tenerla cara a cara conmigo, besándola y saboreándome en sus labios y su lengua mientras ella saboreaba mi leche, todavía en su boca.
Dormimos hasta bien entrada la tarde, y finalmente tuve que prácticamente echar a Henderson de la casa, después de divertirnos resbaladizamente en la ducha. Si quieres pasarlo bien de verdad, prueba a lavar y que te lave una mujer esbelta, enjabonada y cachonda de diecinueve años.
Comprobé con Genie antes de dejar ir a Henderson. «Está a salvo, Amo. Su destino no es el que te mostré. Tendrá una vida larga y feliz.»
«Gracias, Genie.»
La acompañé a la puerta, y ella se giró y se me pegó al alcanzar yo el pomo. Me echó los brazos al cuello y me besó, la lengua hundiéndose en mi boca mientras frotaba las tetas contra mi pecho.
Los dos jadeábamos cuando rompió el beso, y me dio una sonrisa provocativa mientras sus manos se deslizaban por mi pecho con camiseta hasta el bulto de mi polla en los shorts.
Jadeó y luego puso morros mientras yo le ponía las manos en los pechos, les daba un pequeño apretón y la empujaba hacia atrás.
—Lo siento, nena —sonreí—. Tengo cosas que hacer esta tarde. —Me besé el dedo índice y lo toqué en sus labios—. Gracias por anoche —dije suavemente—. Estuviste maravillosa.
—¡Jerry! —gimió, todavía haciendo pucheros.
Sacudí la cabeza, y señalé hacia la puerta.
—Te veo luego, ¿de acuerdo?
—¡Eres un viejo malvado! —dijo, y salió por la puerta. Pero estaba sonriendo cuando se fue.
Genie apareció frente a mí en cuanto cerré la puerta detrás de Henderson.
—La verdad es que estás hecho un guiñapo —sonrió mientras me examinaba de la cabeza a los pies.
—Insistió en chupármela en la ducha antes de irse —dije con ironía—. Nunca supe que fuera tan... oral.
—Para una chica joven e inexperta, es una sensación de gran poder —respondió Genie—. La idea de que está controlando y complaciendo a un hombre haciendo algo tan simple con la boca es poderosa, y a ella le satisface enormemente. Disfruta chupando casi tanto como follando contigo.
—Recuérdame que les recomiende la píldora a ella y a las otras dos, ¿quieres? Ahora que son sexualmente activas, necesitan estar protegidas.
—No te preocupes, Amo —me dijo Genie—. No se acostarán con nadie más que contigo hasta que estén en la universidad.
—¿De verdad? —Eso, como mínimo, me sorprendió.
—De verdad. —Me miró con calma—. ¿Le apetece comer algo, Amo?