Tres almas y una profecía CAPÍTULO 1
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Tres almas y una profecía

Tres almas y una profecía

Por Eva Vidal Baz

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CAPÍTULO 1

El forastero, un joven de unos veintitantos años, permanecía en pie mirando hacia el valle en el que se extendía una hermosa ciudad rodeada de un frondoso cinturón verde.

Aspiró el aire puro de la montaña y sus labios dibujaron una sonrisa.

Después de mucho tiempo buscando, por fin lo había encontrado.

Su instinto le decía que estaba allí, en ese pequeño remanso de paz.

Ahora solo tenía que saber exactamente dónde.

Cerró los ojos negros y alzó el rostro al cielo, dejando que su cabello oscuro como la noche ondease al viento.

Hacía tiempo que no se sentía tan libre como en ese momento.

Abrió los ojos e inspiró profundamente. Era alto y delgado, aunque tenía unos músculos bien formados y definidos.

Su piel estaba bronceada y tenía una nariz recta, labios finos y mandíbula suave.

Algo en él despedía una extraña atracción.

«Vamos allá», se dijo. «Cuanto antes comience a buscar, antes terminaré mi misión».

Se dirigió hacia un coche negro metalizado y montó haciendo ronronear el motor. Metió la marcha y aceleró hacia la ciudad que se hallaba a sus pies. Llegó al centro y aparcó en un parquin.

«Me muero de ganas de saber a qué te dedicas y cómo eres», pensaba Alex, pues así se llamaba el joven, mientras caminaba por las calles anchas y luminosas. «Espero que hayas despertado ya y estés esperando mi llegada. Así será todo más fácil».