Trauma de amor (City General Series 3) Capítulo 8
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Capítulo 8

CAPÍTULO OCHO

Las amigas de Gabby miraban boquiabiertas mientras ella flirteaba con quienquiera que fuese aquella desconocida con pinta de mujer fatal. Habían suspendido la partida de billar, porque no querían perderse detalle.

—Lleva en la barra como… dos minutos. —Amber negó despacio con la cabeza—. Dos minutos y ya ha encontrado a alguien con quien tontear. ¿Cómo lo hace, eh? Yo estuve hablando con aquella enfermera de la clínica tres meses antes de reunir el valor para pedirle salir a tomar algo.

—Yo diría que no habrías tardado tanto si te hubieras metido tres cervezas y un tequila —señaló Jodie—. ¿Apostamos sobre si se viene a casa con nosotras o se va a casa con ella?

Alex observó cómo Gabby y la mujer de la barra se inclinaban la una hacia la otra, riéndose por lo bajo de algún chiste secreto. Incluso desde el otro lado del bar, la tensión sexual era tan densa que básicamente flotaba en el aire como una nube.

—Yo apuesto por ella, lo cual es un fastidio. Tenía ganas de ganarle algo de dinero en otra partida de dardos.

—Me encantaría saber cómo lo hace. En serio.

—Amber se apoyó en el taco de billar, observándolas—.

Si fuera yo, de repente habría aparecido una novia de tres metros, o habría acabado con una copa encima, pero Gabby…

—Amber se limitó a negar con la cabeza—.

Bueno, ¿cuál fue la mejor frase que te soltó a ti, Alex?

Alex y Gabby eran las dos únicas del grupo que habían llegado a liarse, y todas se metían sin piedad con Alex por ser una más de las conquistas de Gabby. Ella siempre se lo tomaba con humor y les aseguraba que no tenían ni idea de lo que se estaban perdiendo.

—Me preguntó si quería gritar su nombre. En serio, ¿quién puede rechazar a una mujer con tanta clase? —Alex arrancó una oleada de risas del grupo antes de hacer su tirada.

—¡Tenemos movimiento, chicas! ¡Todas las que hayan sido lo bastante sabias como para apostar a que nuestra pandilla acabará esta noche con una menos están a punto de cobrar gracias al poder de seducción de Gabby!

No tardó mucho una de ellas en proponer salir del bar abarrotado e irse a algún sitio más privado. Las amigas de Gabby no sabían decir cuál de las dos lo había iniciado, pero de repente estaban pagando sus copas y dirigiéndose a la puerta, con los brazos rodeándose mutuamente la cintura.

Unos momentos después, les llegaron los mensajes de Gabby, explicando su repentina desaparición.

Os he visto mirando. Se llama Jax, y antes hacía gimnasia.

Le he preguntado si todavía sabe hacer el spagat, y se ha ofrecido a enseñármelo.

Así que… eso.

Gracias por las copas. Nos vemos luego, chicas.

¡Deseadme suerte!

Amber se limitó a negar con la cabeza mientras leía el mensaje.

—¿No había dicho que mañana entraba temprano? —Hubo unos cuantos asentimientos y algunas sonrisas irónicas entre las amigas—. Más le vale guardarse algo de ese encanto por si mañana no llega a tiempo, ¡o la doctora Hunter va a tener motivos de sobra para caerle encima!

El puro volumen al que Gabby oyó gritar su nombre la pilló por sorpresa.

Vale, la mujer había sido bastante generosa con los gemidos y más que un poco alentadora mientras Gabby daba con todos los puntos correctos, pero oír tu nombre gritado en letras enormes de neón parpadeante era tan aterrador como estimulante.

Los vítores de júbilo vinieron acompañados de una enorme descarga de satisfacción que hizo que a Gabby se le dispararan las cejas hacia arriba mientras se le abrían mucho los ojos.

Antes de que Gabby pudiera recuperar el aliento, Jax la había levantado en volandas y la había echado de espaldas, abriéndole del todo las piernas en el proceso.

Todo aquello no habría resultado menos surrealista si Jax hubiera llevado un antifaz de lycra y alguien hubiera gritado «¡Primer asalto! ».

—¡A ver si nos acordamos de que la gimnasta no soy yo!

—Pero sus palabras se cortaron en seco cuando notó que le alzaban el trasero en el aire y una lengua desaparecía bien adentro de ella.

Todas las protestas siguientes quedaron rápidamente olvidadas, y las únicas palabras que le escaparon de los labios fueron—: Fóllame.

Con las piernas izadas sin esfuerzo por encima de los hombros de Jax, Gabby notó a la mujer hundirse más hondo de lo que creía posible.

No se quejaba; de hecho, mientras notaba la lengua de Jax entrar y salir de ella con una facilidad húmeda y repetitiva, su cuerpo respondía empujando más fuerte y más rápido contra la cara de la mujer.

Cada vez que notaba los músculos empezar a tensarse, y se preparaba para la entrega absoluta de la consciencia al orgasmo, Jax, para su frustración, soltaba la lengua, deslizándola hacia arriba y alrededor del clítoris.

Provocando, succionando, dando toques, antes de trazar una serie de círculos bruscos por todo alrededor.

De nuevo llevaron a Gabby al borde mismo del orgasmo y, justo cuando los primeros hormigueos empezaban a recorrerle el cuerpo, el calor de la boca de Jax fue reemplazado por el frescor de la habitación, y Gabby se quedó temblando al filo.

—Pero qué coño… —La frustración de Gabby se vio rápidamente reemplazada por la curiosidad al oír el clic.

Esforzándose por ver con el cuello en un ángulo forzado, no fue hasta que notó el frío hormigueo del lubricante aplicándose sobre sus pliegues cuando empezó a entender lo que venía a continuación.

A medida que le abrían las piernas un poco más, notó el meñique de Jax empezar a explorar mientras la lengua se hundía de nuevo bien adentro.

Gabby acogió el cambio de ritmo y dejó que el placer la inundara.

El meñique de Jax trabajaba tan duro como su lengua, dejando a Gabby con una sensación de decepción y vacío cuando Jax lo retiró.

La decepción quedó rápidamente reemplazada cuando notó lo que solo podía ser un plug anal insertándose con suavidad.

Un tembloroso «Ooh» llenó el aire circundante, y le costó unos segundos darse cuenta de que el sonido había salido de su propia boca.

El siguiente sonido en llenar el aire fue un zumbido sónico.

Gabby tragó saliva con fuerza cuando de nuevo le alzaron las caderas un poco más.

El frescor de la punta se frotó con fuerza contra su humedad, y cerró los ojos, dejando que su necesidad dictara todo lo que estaba a punto de pasar a continuación.

Mientras continuaba la provocación con el vibrador, Gabby notó la sacudida involuntaria de sus caderas hacia delante mientras su centro suplicaba ser satisfecho.

—¿Por favor? —Gabby sabía que su voz temblorosa iba cargada de desesperación, pero su necesidad de que la follaran se había apoderado de todos sus sentidos, y suplicaría si eso era lo que hacía falta. Solo había un desenlace que traería satisfacción.

Jax no la hizo esperar más y, esta vez, cuando las caderas de Gabby se movieron hacia delante, ansiosas por ser llenadas, se vio recompensada cuando la punta se le empujó con suavidad dentro.

Con cada pequeño movimiento adentro y afuera, y afuera y adentro, se hundía un poco más hondo hasta que el falo entero embestía bien adentro.

Mientras el peso de Jax inmovilizaba a Gabby, sus piernas la abrían más.

Lo único que había entre ellas era el movimiento constante e implacable del brazo de Jax, hundiendo el vibrador bien adentro mientras la dureza de su muñeca golpeaba contra el clítoris. Y esta vez, no se detuvo.

El orgasmo llegó con tal explosión que el grito de la propia voz de Gabby llenó la habitación.

Su cuerpo se tensó y se sacudió y tembló en una rotación constante, pero Jax no se detuvo y, cuando parecía que su cuerpo no podía soportar más, notó una segunda oleada de orgasmo arrollarla. Jax sostuvo su cuerpo tembloroso.

—Madre mía. —Gabby soltó una risita—. ¡No ha estado nada mal!

—Si tuviera tarjetas de puntuación, te las estaría pasando ahora mismo. —La sonrisa de Jax era amplia de satisfacción—. ¿Qué me dices? ¿Un diez limpio?

—No te vengas arriba. Yo eso lo pondría en un ocho sólido. Todavía hay margen de mejora. —Gabby arqueó la ceja con severidad, pero su sonrisa estaba llena de sinceridad.

Sacando la almohada de debajo de la cabeza de Gabby, Jax le dio con ella.

—¡Por eso, la parte húmeda es toda tuya!