Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 4) Capítulo 278 - El Pueblo del Amor Eterno (5)
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Capítulo 278 - El Pueblo del Amor Eterno (5)

L os siete se reunieron en los aposentos de Shen Ruizhe.

Un silencio absoluto reinaba en la habitación; lo único que se oía era el cántico incesante del maestro de pico.

Este permanecía sentado en posición de loto ante una mesa circular, con los ojos cerrados y la mano derecha suspendida sobre un montón de pertenencias personales de Han Yiran.

De vez en cuando, fruncía el ceño y los objetos se agitaban ligeramente, pero ninguno revelaba pista alguna sobre el paradero de Han Yiran.

Finalmente, Shen Ruizhe dejó de cantar y abrió los ojos. Alzó la vista hacia los discípulos que lo rodeaban, expectantes.

—La presencia espiritual de Han Yiran ha desaparecido de este pueblo —explicó—. O lo retienen en algún lugar, oculto tras una barrera poderosa.

Zhang Xukai lo miró con escepticismo.

—Shizun, no pretendo ofender a nadie, pero ¿por qué Shidi Han?

Mo Zhiyuan le clavó una mirada afilada, amenazándolo con despedazarlo si seguía hablando mal de Han Yiran. Zhang Xukai retrocedió y exclamó:

—¡He dicho que no pretendía ofender! ¿Tienes que tomártelo todo a mal?

—Basta —dijo Shen Ruizhe, y los dos discípulos dejaron de fulminarse con la mirada al instante—. Por lo general, quienes están solos se convierten en blancos fáciles. Discípula Shi, dijiste que lo dejaste solo en un callejón, ¿correcto?

Shi Qingqing irguió la espalda y asintió con firmeza.

—Sí, maestro de pico Shen. Debería haberlo obligado a volver conmigo. Fue un descuido mío, lo siento.

Shen Ruizhe negó ligeramente con la cabeza para indicar que no pretendía culparla.

—El hechizo de rastreo no funciona, así que será mejor buscar en el pueblo empezando por el lugar donde lo vieron por última vez.

Los siete se pusieron de pie y abandonaron la posada en silencio en plena noche. Al llegar al callejón, volvieron a intentar el hechizo de rastreo, pero fue en vano.

Entonces, Shen Ruizhe colocó el pañuelo encantado de Han Yiran en la mano de Mo Zhiyuan y le indicó:

—Eres la persona más cercana a Han Yiran. Él te llamará, consciente o inconscientemente. Cierra los ojos, vacía tu mente de todo lo demás y piensa solo en él. Solo tú puedes saber dónde está.

Mo Zhiyuan cerró los ojos y respiró hondo.

Evocó la imagen de Han Yiran en su mente. Su mejor amigo, la persona más preciada para él en todo el mundo. La única persona que lo veía como un igual. La única persona que era genuinamente amable con él sin esperar nada a cambio.

En su mente, veía el rostro sonriente de Han Yiran, pero no por mucho tiempo. La sonrisa se marchitó como una rosa seca, dando paso a lágrimas y una expresión angustiada.

—Mo Shixiong —dijo con la voz temblorosa de pena—, te amo. ¿Por qué no puedes corresponderme...?

Mo Zhiyuan no sabía qué decir. Quería detener las lágrimas de Han Yiran para siempre, borrar todo el dolor de su corazón, pero era incapaz de pronunciar las palabras que Han Yiran anhelaba escuchar.

—Te respeto demasiado como para mentirte a la cara —murmuró el joven—. Yiran... no quise hacerte daño...

La imagen en su mente sollozó sin control, ahogándose en sus propias lágrimas. Poco a poco se difuminó en los bordes, y una ola de pánico invadió a Mo Zhiyuan.

—¡Yiran, no te vayas! —gritó.

Mo Zhiyuan alargó la mano para detener a Han Yiran, pero el joven se desvaneció aún más, hasta que solo quedó una voluta de humo.

—Yiran...

Y entonces, alguien le tomó la mano. Era cálida. El calor lo recorrió, expulsando el frío de su corazón.

La voz de Shen Ruizhe, serena y firme, resonó directamente en su mente.

—No tengas miedo —dijo—. No se ha ido. Todavía puedes encontrarlo. Concéntrate... ¿dónde está?

Mo Zhiyuan apretó la mano de Shen Ruizhe, como un alma perdida aferrándose a un camino de iluminación.

—Yiran —murmuró—. Yiran...

Y entonces, la imagen de un gran templo destelló en su mente.

Era el templo más grande del lado sur del pueblo.

Su imponente presencia quedaba definida por una larga y empinada escalera de piedra, flanqueada por enormes pilares robustos que ascendían desde la base hasta la cima.

La única luz que atravesaba la oscuridad circundante provenía de los faroles que bordeaban el camino.

Desde su posición al pie de las escaleras, alzar la vista era como contemplar un vasto túnel oscuro que parecía extenderse sin fin hacia las tinieblas. ..

Mo Zhiyuan abrió los ojos de par en par y regresó a la realidad.

—Sé dónde está —le dijo a Shen Ruizhe, sin soltar aún su mano—. Está en un templo. El Templo de la Diosa del Amor y la Protección, para ser exactos.