Capítulo 277 - La Ciudad del Amor Eterno (4)
M o Zhiyuan estaba a punto de llevarse a la boca una tortita grasienta rellena de carne cuando se la arrebataron sin piedad. Shi Qingqing, la ladrona de la tortita, tuvo incluso la audacia de fulminarlo con la mirada.
—Mo Zhiyuan, eres increíble —espetó furiosa—. ¿Cómo puedes comer después de todo lo que has hecho?
—...
Mo Zhiyuan miró a Shi Qingqing como si hubiera perdido completamente la cabeza. Chen Yuhuan y Gongyi Xiao la miraron primero a ella, antes de desviar lentamente la mirada hacia Mo Zhiyuan.
Mo Zhiyuan se levantó, quedando así a la misma altura que Shi Qingqing.
—¿Qué he hecho exactamente, Shijie?
Shi Qingqing no respondió. Se dio la vuelta y subió las escaleras llevándose la tortita grasienta como rehén.
Mo Zhiyuan, que no quería acostarse con el estómago vacío, la siguió.
La alcanzó en el pasillo que llevaba a las habitaciones.
Shi Qingqing, al ser la única mujer del grupo, tenía habitación propia, mientras que los otros siete cultivadores se repartían en dos habitaciones más grandes.
—Shijie, si quieres regañarme, regáñame. ¿Por qué te llevas mi comida?
Shi Qingqing, que había logrado alejar a Mo Zhiyuan de los demás discípulos, finalmente le devolvió la tortita. Se cruzó de brazos y volvió a fulminarlo con la mirada, como si fuera su peor enemigo.
—Mo Zhiyuan, no puedes ser tan estúpido como aparentas. Ya te dije que fueras más delicado con Han Yiran. ¿Por qué tienes que hacerle daño así?
Irritado hasta el límite, Mo Zhiyuan dejó escapar un gruñido ronco.
—Shijie, no le hice nada . ¿Cómo demonios lo herí ?
—A ver, ¿le mentiste o no?
—No. Lo. Hice.
Y era verdad, no lo había hecho, lo cual era incluso peor que haberle mentido. Desconocía por completo el dolor que albergaba Han Yiran en su corazón.
Una expresión de lástima asomó al rostro de Shi Qingqing. Mo Zhiyuan no sabía a quién compadecía más: si a él o a Han Yiran.
—Arghhhhh...
Shi Qingqing se llevó las manos a la cabeza con frustración.
—En serio, eres tan insensible como una piedra, Mo Shidi. Espabila de una vez.
Tras lanzarle una última mirada de reproche, Shi Qingqing entró en su habitación y le cerró la puerta en las narices. Mo Zhiyuan se quedó allí plantado, con la cena en la mano, mirando estupefacto la puerta de papel enrejado.
¿Pero qué demonios...? ¿Qué crimen había cometido para merecer semejante trato?
Esa noche, Mo Zhiyuan esperó obstinadamente a Han Yiran en la entrada de la posada. Las pocas jóvenes que pensaron en acercarse a charlar con él se esfumaron en cuanto vieron su rostro aterrador.
Cuanto más esperaba, peor humor tenía. Pero si no aclaraba las cosas con Han Yiran esa noche, seguro que no pegaría ojo.
El cielo fue oscureciéndose poco a poco y las estrellas empezaron a asomar, pero Han Yiran aún no había vuelto. El posadero se acercó a Mo Zhiyuan y le dijo:
—Joven Mo, vamos a cerrar pronto. ¿Va a esperar dentro o fuera?
—Fuera —espetó Mo Zhiyuan. Quería interceptar a Han Yiran cuanto antes, sin darle oportunidad de escapar.
—En ese caso, cerraré la puerta ahora —dijo el posadero con una sonrisa de disculpa.
Mo Zhiyuan salió y la puerta se cerró tras él.
El aire era más fresco que durante el día, pero no lo bastante frío como para hacerlo tiritar.
De hecho, traía consigo la fragancia relajante de las flores de osmanto que florecían en otoño.
Poco a poco, la ira de Mo Zhiyuan se fue disipando.
Cuando el reloj dio la medianoche y las calles seguían vacías, el pánico se apoderó de él.
No estaban en la Montaña Tianhe, y aquí se enfrentaban a fuerzas malignas. No era momento ni lugar para andarse con berrinches, tuviera el corazón roto o no.
Sin más remedio, Mo Zhiyuan volvió a entrar en la posada a toda prisa.
Subió las escaleras de tres en tres. Nada más llegar, aporreó la puerta de Zhou Yamen.
¡Pam! ¡Pam! ¡Pam!
Al cabo de un momento, se oyó la voz somnolienta y amortiguada de Zhou Yamen desde el otro lado.
—Para de aporrear... woahmmmm, espera un momento...
Zhou Yamen abrió la puerta y miró a Mo Zhiyuan con los ojos entrecerrados.
—Mo Shidi... ¿por qué sigues despierto? ¿Y qué haces aquí?
—Necesito ayuda —dijo Mo Zhiyuan atropelladamente—. Han Yiran ha desaparecido.
—¿¡EHHHH!?
El grito de sorpresa de Zhou Yamen bastó para despertar a toda la posada.
La puerta se abrió más y el rostro severo de Shen Ruizhe asomó detrás de Zhou Yamen.
—¿Qué ha pasado exactamente? —le preguntó a Mo Zhiyuan.
Mo Zhiyuan tragó saliva. Shen Ruizhe era la última persona con la que quería hablar de Han Yiran.
Aun así, sabía que era mejor no ocultarle nada a Shen Ruizhe, por muy vergonzoso o privado que fuera. La urgencia de la situación exigía absoluta honestidad. Así que le contó al maestro de pico todo lo que sabía y que podría haber llevado a la desaparición de Han Yiran. Por desgracia, no era mucho.
Además, la explicación de Mo Zhiyuan sonó excesivamente defensiva, lo que no hacía sino subrayar su propia culpa en todo aquello.
—Shijie me dijo que le mentí a Han Yiran, pero no es verdad. Tiene que ser un malentendido. Lo estaba esperando para aclararlo, pero todavía no ha vuelto. Me preocupa que le haya pasado algo. Tenemos que buscarlo. Ya.
Zhou Yamen, que conocía los sentimientos de Han Yiran por Mo Zhiyuan, torció el gesto con empatía y le lanzó una mirada compasiva. Zhang Xukai, que llevaba tiempo sospechando que había algo entre los dos discípulos, puso los ojos en blanco y dijo:
—Es solo una pelea de enamorados. ¿Hace falta movilizar a toda la posada para buscarlo? Seguro que vuelve pronto.
Pero Shen Ruizhe, por una vez, hizo caso a la angustia de Mo Zhiyuan. Sacudió las mangas con un gesto brusco y dijo:
—Yamen, despierta a los demás. Mo Zhiyuan, entra.