Capítulo 258 - La novia del Dios Serpiente (3)
A ntes de que las bestias clavaran los colmillos en sus presas, los tres cultivadores tiraron a los escoltas al suelo e invocaron sus armas.
Sometieron a los seis demonios serpiente sin dificultad.
—¡Cultivadores! —rugió la líder. Escamas verdes brotaron en su piel clara y sus pupilas negras se tornaron doradas. Lanzó un grito penetrante y una horda de serpientes se arrastró hacia ellos desde todas direcciones.
—¡Matadlos! —gritó, arrastrando a Shi Qingqing consigo.
—¡Vosotros dos, encargaos de las serpientes! —gritó Shen Ruizhe a Mo Zhiyuan y Zhang Xukai antes de salir tras Shi Qingqing y su captora.
Ya les costaba bastante protegerse a sí mismos, pero ahora también tenían que proteger al maestro del gong y a los tres escoltas. Mo Zhiyuan era el más poderoso en cultivo y fuerza, así que Zhang Xukai tomó la iniciativa de soltar su arma y crear una barrera para proteger a los más vulnerables.
Mo Zhiyuan blandió su arma como un poseso durante un rato, pero el número de serpientes no disminuía. Parecían surgir de la nada. Entonces escuchó el grito de Zhang Xukai desde el interior de la barrera.
—¡Mo Shidi! ¡No despedaces a las serpientes! ¡Cada trozo se convierte en una nueva!
Mo Zhiyuan puso los ojos en blanco, indignado, y se giró expresamente para fulminar al shixiong con la mirada.
—¿No podías haberlo dicho antes? —le espetó a Zhang Xukai, quien le devolvió una mirada incrédula.
—¿Estás ciego? ¿No lo ves tú solo? —le espetó furioso.
—¿Crees que tengo tiempo de observar serpientes muertas? ¡Soy el único que se está dejando la piel aquí!
Zhang Xukai parecía querer descuartizar a Mo Zhiyuan y comérselo vivo, más aún que las serpientes.
—¡¿Qué demonios?! ¿Te crees que estoy aquí echándome la siesta, imbécil?
—¡Bien podrías! ¡Estúpido Zhang Xukai, ugh!
A salvo dentro de la barrera, el maestro del gong y los tres escoltas observaban boquiabiertos y confusos a los cultivadores que discutían.
—¿Quién... quiénes sois vosotros? —preguntó débilmente el maestro del gong, solo para recibir un «Cállate» de Zhang Xukai y un «Tu antepasado» de Mo Zhiyuan.
Mo Zhiyuan maldecía a Shen Ruizhe sin cesar en su fuero interno. ¿Qué clase de maestro dejaría a sus dos discípulos inexpertos atrás para lidiar con una guarida llena de serpientes?
Pero entonces oyó una explosión procedente del palacio distante, acompañada de un destello cegador de luz dorada.
La torre izquierda quedó reducida a escombros en un instante.
El inmenso peso arrancó la estructura conectada del edificio principal y arrastró toda el ala adyacente en una avalancha chirriante y estruendosa.
Mo Zhiyuan y Zhang Xukai contemplaron boquiabiertos la estructura en ruinas, secretamente aliviados de no haber estado allí cuando Shen Ruizhe desató su Tempestad de Exterminio.
Absorto en su asombro, Mo Zhiyuan casi se olvidó de las serpientes.
Cuando estas se deslizaron por sus piernas intentando asfixiarlo, hundió a Yinglong en el suelo de mármol.
La grieta resultante dejó brotar la tierra.
Pilares de tierra se dispararon hacia arriba, atraparon a las serpientes y las arrastraron hacia una fosa.
—Quédate aquí con ellos —le dijo Mo Zhiyuan a Zhang Xukai antes de salir corriendo hacia el palacio derrumbado.
—¿Qué? ¡EH, ESPERA!
Zhang Xukai se levantó para ir tras Mo Zhiyuan, pero el maestro del gong le agarró la pierna y se aferró a ella con fuerza.
—¡Venerable cultivador inmortal, por favor, no se vaya! —gritó con voz desgarrada—. ¡Somos simples mortales! ¿Qué haremos si las serpientes vuelven a comernos?
Zhang Xukai miró al maestro del gong con desprecio.
—¿A qué viene tanta cobardía? Llevas años entregando a mujeres jóvenes inocentes y escoltas desprevenidos a esta guarida de serpientes. ¡A ti nunca te han hecho daño estas bestias!
Los labios del maestro del gong temblaron de angustia. Sentados junto a él, los tres escoltas lo miraban incrédulos.
—Hermano Yang, ¿es cierto eso...?
—Mi her-hermano mayor nunca volvió de escoltar a la novia el año pasado, y el jefe de la aldea nos dijo que había decidido quedarse en otra aldea para empezar una nueva vida —tartamudeó otro.
—Entonces, ¿todo era mentira...?
—¿Se los comieron las serpientes? ¿A todos?
El rostro del maestro del gong enrojeció de vergüenza. Con la cabeza gacha en señal de disculpa, tartamudeó:
—Pero yo... yo... yo no tenía elección, yo...
El escolta que había perdido a su hermano mayor el año anterior se levantó de un salto y le asestó un puñetazo en la cara al maestro del gong a la velocidad del rayo.
—¡Maldito desgraciado...!
—¡Eh! ¡Eh! ¡EH! —Zhang Xukai también se levantó de un salto y se interpuso entre los hombres que peleaban.
Mientras tanto, Mo Zhiyuan tuvo que trepar por una enorme pila de escombros para llegar al centro del palacio, que ahora quedaba al descubierto, sin techo.
De pie en medio del salón destrozado, con una nube de fino polvo plateado arremolinándose en el aire, estaba Shen Ruizhe. A sus pies yacía una figura inconsciente vestida de rojo. Solo podía ser Shi Qingqing.
Mo Zhiyuan se llevó la mano a la boca a modo de bocina y le gritó al maestro de pico, que parecía estar en trance:
—¡Eh, Shen Ruizhe! ¿Está todo bien...?
—Sí.
Shen Ruizhe avanzó unos pasos y se detuvo frente al cadáver de una serpiente gigantesca enrollada en el suelo. Era el infame Dios Serpiente, el poderoso demonio que había sido doblegado por el aún más poderoso Maestro de Pico Shen.
Y pensar que se había preocupado por él, pensó Mo Zhiyuan. Debería haberse preocupado por el demonio serpiente.
Y cuando Shen Ruizhe extendió la palma e invocó su tercera arma, Jiuye, el corazón de Mo Zhiyuan se desbocó en su pecho.
El maestro de pico pasó la hoja carmesí ligeramente sobre el cadáver, como si cortara un hilo invisible suspendido en el aire, y el cadáver del Dios Serpiente volvió a la vida.
—Tú... ¡Arghhhhh!
El Dios Serpiente soltó un rugido ensordecedor cuando Shen Ruizhe le clavó a Jiuye en la base del cuello y rebuscó en su carne. Al final, logró extraer una Semilla del Mal. Sostuvo el objeto maldito entre dos dedos y preguntó:
—¿Dónde puedo encontrar a quien te dio esto?