Capítulo 249 - Contención (4)
É rase una vez un niño llamado Lin Ziwei. Cuando apenas era un bebé, un demonio vil lo maldijo. Estaba destinado a vivir una vida llena de sufrimiento y, al morir, descendería al reino demoníaco para permanecer allí eternamente, sin posibilidad de reingresar en el ciclo del samsara.
A pesar de la maldición, sus padres lo amaban profundamente. Decidieron mantener en secreto el funesto destino del niño y esforzarse por darle una buena vida.
Por desgracia, con el paso del tiempo, las desgracias comenzaron a cernirse sobre Lin Ziwei y su familia.
Todo comenzó cuando su tío paterno, un cazador, murió durante una cacería fallida. Consumidos por el dolor, sus abuelos paternos fallecieron poco después, uno tras otro.
Para apaciguar a los espíritus de los difuntos, el padre de Lin Ziwei invitó a un monje a leer escrituras budistas y bendecir la casa donde vivían. Sin embargo, en el instante en que el monje cruzó el umbral de la casa Lin, un rayo lo fulminó.
Aunque el inesperado suceso los conmocionó, el padre de Lin Ziwei decidió invitar a otro monje.
El monje cruzó el umbral sin problema alguno, pero antes de que pudiera siquiera pronunciar la primera oración, se desplomó y falleció en el acto.
Comenzaron a circular rumores sobre la familia Lin. Ningún monje se atrevía a acudir. Hasta que un día, un monje de gran poder decidió hacerles una visita. No necesitó entrar en la casa para saber que un demonio muy poderoso la vigilaba, no para protegerlos, sino para vigilar al pequeño Lin Ziwei.
—El niño no pertenece al reino mortal —les dijo el monje a los padres de Lin Ziwei—. Traerá desgracia adondequiera que vaya. Lo mejor es llevarlo a un bosque apartado y abandonarlo allí para que muera.
Los padres de Lin Ziwei quedaron sumidos en la angustia. Lo meditaron durante días, pero fueron incapaces de abandonar al niño.
Así pues, decidieron quedarse donde estaban.
Pero entonces, una serie de sucesos misteriosos comenzó a asolar la aldea. Los niños que jugaban con Lin Ziwei sufrían accidentes que les causaban quemaduras terribles, piernas rotas e incluso la muerte. Una vecina bondadosa que le dio al niño un puñado de dulces perdió a su bebé ese mismo día.
Incluso después de que los aldeanos dejaran de tratar con la familia Lin, seguían aterrorizados por el pequeño. Un día, el jefe de la aldea invitó al padre de Lin Ziwei a su casa para hablar. En pocas palabras, quería que toda la familia abandonara la aldea.
—Todos somos aldeanos inocentes. No sabemos cómo lidiar con un niño maldito. Aunque nos compadecemos del pequeño Ziwei, no queremos poner en riesgo la seguridad de nuestras familias. Padre Lin, deberías llevarte al niño y marcharos.
Finalmente, tras largas deliberaciones, los padres de Lin Ziwei decidieron recoger sus pertenencias y marcharse de la aldea.
Instalarse en otra aldea solo significaría atraer desgracias sobre personas inocentes, así que decidieron construir una humilde cabaña en medio del bosque y establecerse allí.
Durante un tiempo, la vida transcurrió en paz, pero entonces el demonio volvió a atormentarlos.
El padre de Lin Ziwei contrajo una grave enfermedad que lo dejó postrado en cama.
La fiebre iba y venía, y cada episodio se prolongaba durante días.
Incapaz de cazar para conseguir alimento, su esposa decidió trabajar como costurera en una aldea cercana.
No se atrevía a llevar a Lin Ziwei consigo, así que el niño permanecía con su padre durante el día.
Tras meses de sufrimiento, el padre de Lin Ziwei finalmente falleció.
A la madre de Lin Ziwei no le quedó más remedio que mudarse a la aldea donde trabajaba. Para evitar que la reconocieran como la desafortunada madre de Lin Ziwei y su hijo, cambió sus apellidos y nombres. Albergaba la esperanza de poder llevar una vida tranquila al fin.
Por desgracia, cuando Lin Ziwei cumplió siete años, su madre también falleció de forma trágica. Así, el niño quedó completamente solo, sin nadie que cuidara de él.
El demonio se regocijó al ver a Lin Ziwei solo ante la tumba sin lápida de su madre.
—Ya no te queda nadie en este mundo —se burló el demonio—. Mátate y ven con nosotros al reino demoníaco.
La mayoría de los seres humanos, consumidos por el dolor, se habrían quitado la vida en ese mismo instante, pero Lin Ziwei no era como los demás. El pequeño alzó la cabeza con calma y le espetó al demonio:
—¡Apártate de mí, ser maligno! ¡Jamás me someteré a ti!
Así, Lin Ziwei logró contener su dolor tras perder a sus seres queridos.
La vida de Lin Ziwei estuvo llena de dificultades, pero con el tiempo se convirtió en un cazador hábil.
Siempre regresaba del bosque con abundante caza, sin importar la estación.
Así, se hizo famoso entre quienes buscaban comprar sus piezas.
Si bien había quienes lo admiraban por sus habilidades, también había quienes lo odiaban por su excelencia.
Uno de ellos era un hombre llamado Wang Gang, un cazador que lo veía como rival.
Tras descubrir el desafortunado pasado de Lin Ziwei, comenzó a difundir el rumor de que el joven era un presagio de desgracia.
Cuando los aldeanos confirmaron la historia, dejaron de comprarle, lo que perjudicó enormemente su sustento.
En cierta ocasión, el emperador quiso adquirir la piel de ciervo más suave de la temporada para obsequiarla al estado enemigo. El cazador que le llevara al soberano la de mejor calidad sería recompensado con generosidad.
Cualquier cazador podía participar. Lin Ziwei, como era de esperar, también estaba interesado.
Ese día, tanto él como Wang Gang habían puesto la mira en el mismo cervatillo. La lluvia de flechas de ambos cazadores no logró abatir al animal, pero una flecha de Lin Ziwei alcanzó accidentalmente a Wang Gang.
Wang Gang se desplomó en el suelo del bosque, respirando con dificultad mientras yacía en un charco de su propia sangre.
Lin Ziwei se alzaba sobre él, con el arco a la espalda y una daga al cinto.
El demonio apareció ante él y dijo:
—Ahí tienes a tu enemigo, el que te ha atormentado de palabra y obra. Una oportunidad dorada como esta no se repetirá. Usa tu daga para acabar con él.